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 Death Eater takes a Holiday. Capítulo 39. Una Apuesta & estilo de Vida Weasley

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alisevv

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MensajeTema: Death Eater takes a Holiday. Capítulo 39. Una Apuesta & estilo de Vida Weasley   Jue Ene 14, 2010 7:22 am


Death eater takes a holiday
Capítulo 39

Una Apuesta & Estilo de Vida Weasley



Al escuchar el ruido de cristales rotos, Severus se giró para mirar en dirección de Harry. Incluso a la distancia, pudo ver que los ojos del chico se abrían con miedo, justo antes de caer al suelo, inconsciente. Estuvo a su lado en un tiempo record, sabiendo exactamente lo que sucedía.

—No es uno mío; ¿qué utilizaste? —le gritó a Kieran.

—Utilicé tres al menos; ¿de qué color tiene la lengua? —replicó el otro, mostrando su preocupación—. Es más pequeño que tú. Debe haberlo golpeado con fuerza.

—Rojo —contestó Severus, observando la garganta de Harry.

—Es la maldición Angoris. Se está asfixiando.

En efecto, los labios del joven se estaban poniendo azulosos. Después de hacer un movimiento de varita para contrarrestar la maldición, Severus colocó una mano en la frente del chico y la otra a un lado de su mandíbula, inclinando su cabeza hacia atrás para comenzar el proceso de resucitación boca a boca. Luego de siete nerviosos intentos, Harry tosió y comenzó a respirar por si solo. Severus le hizo girar hacia un lado, y el joven empezó a vomitar.

Cuando comenzó a abrir los ojos, sintió la presión de un vial sobre sus labios. Torció la cara, alejándose para dejar escapar un gemido. De repente, unas fuertes manos aferraron su mandíbula con firmeza.

—Bebe esto, Harry —escuchó la orden de Sev. Al momento, abrió la boca y tragó el contenido. Ante el líquido con sabor a menta y jengibre, sintió que tanto la náusea como el dolor de garganta disminuían.

—Lo siento, compañero —dijo Kieran—. Habitualmente, no maldecimos los alimentos hasta la quinta sesión.

Harry pensó que estaba bromeando, pero luego observó cómo el hombre tomaba el libro de entrenamiento y hacía unas anotaciones, varias páginas delante de las notas de ese día.

—¿Hiciste esto a propósito? ¿Es alguna clase de prueba que obviamente fallé? —preguntó Harry, sintiéndose miserable.

—No, la maldición era para Snape. Tú dijiste que no querías más emparedados, y Snape habitualmente come más de lo que había comido. ¿Qué pasa? ¿Acaso estamos aquí para ser corteses o algo así? ¿Qué es esto, una reunión con Albus para tomar el té?

Severus alargó la mano, para ayudar a Harry a levantarse.

—Nos hemos maldecido la comida uno al otro durante años. Se ha convertido en una segunda naturaleza para nosotros usar un contra hechizo antes de comer el primer bocado. Lo hago de manera inconsciente, incluso en Hogwarts. Nos mantiene en guardia.

—¿Cómo es que nunca antes te he visto hacerlo? —preguntó Harry, todavía procesando lo que había sucedido.

—Yo mantengo una mano sobre mi varita mientras como, pero Snape, aquí presente, lo hace sin varita —informó Kieran.

—Y yo que pensaba que los gemelos eran malos —bromeó Harry.

—¿Cómo crees que se me ocurrió la idea en primer lugar? —replicó Severus—. Nunca se sabe cuando alguien va a colocar algo en tu comida. Podría pasar en cualquier sitio, incluso en la Ceremonia de Séptimo Año —dijo con una sonrisa.

—Viste eso, ¿cierto? —preguntó Harry, recordando que había tenido que escupir algo asqueroso que los gemelos había puesto en su postre. El Profesor rió, divertido por el embarazo de Harry.

La siguiente parte de la sesión era el aspecto físico, para ver cuán bien podía manejar el defenderse sin magia contra un ataque. Harry no se decepcionó excesivamente cuando sus entrenadores decidieron saltar el resto de la sesión programada para ese día.

—Harry, dado que no queda mucho por hoy, en lugar perder el tiempo, podríamos mirar el ataque de los falsos Mortífagos a ti y tu amigo —propuso Kieran, amablemente—. Conozco un buen hechizo de proyección, para que podamos observarlo.

El chico dio vuelta a la cabeza con tanta rapidez que su cuello dolió.

—¿C… cómo sabes acerca de eso? Nunca presenté cargos —le aterraba la idea de que el ataque de Nott apareciera en primera plana. La única razón de que no le acusara legalmente había sido evitar que la gente supiera de ello.

—Me mantengo pendiente de los posibles seguidores. Reditúa saber la dirección que están siguiendo los hijos de los Mortífagos —contestó Kieran, mostrando una lista y leyendo algunas líneas como si se tratara de una lista de compras—. Draco Malfoy maldijo a un hijo de muggles la semana pasada. Alex Nott, haciéndose pasar por Mortífago, atacó a estudiantes desarmados en mayo de este año —miró a Harry patéticamente—. Este libro está repleto de ofensas hechas por estudiantes que están en línea como posibles Mortífagos. A decir verdad, no es de los estudiantes del libro de quienes tenemos que cuidarnos, pero debemos empezar por alguna parte.

Harry esperaba que esa línea de información fuera todo lo que Kieran supiera sobre el ataque. Estaba a punto de protestar por el hecho de que quisiera ver el ataque cuando Severus intervino.

—¿A quién maldijo Draco? —Severus sabía la respuesta a su pregunta, pero deseaba acallar el temor de Harry, pues vio el pánico embargar al joven.

Kieran se encogió de hombros.

—No lo sé. Si tuviera detalles de cada ofensa suya, el libro necesitaría un capítulo sólo para él. Sólo tengo la ofensa y el nombre del implicado. ¿Qué dices, Harry?; prometo no comer palomitas de maíz mientras lo vemos.

—¿Por qué, exactamente, estaban desarmados? —Severus también sabía la respuesta a esta pregunta.

—Me estaba duchando.

—¿Con el señor Weasley?

Snape ignoró el repentino interés de Kieran.

—Siempre nos duchamos al terminar la práctica de quidditch —Harry se preguntaba hacía dónde se dirigían esas preguntas.

—Aunque estoy muy seguro de que te gustaría ostentar tus habilidades físicas, me temo que no podré permitirlo.

Harry le miró, aturdido. Era la primera vez desde que había llegado allí, en que Severus hacía un comentario sarcástico, como si él estuviera deseando mostrar esa escena. Cuando fue claro que Harry no iba a protestar, Kieran cuestionó al maestro de Pociones.

>>Va contra el reglamento de Hogwarts, y creo que contra el Consejo de Quidditch también, mostrar a propósito recuerdos de cualquier estudiante desnudo, sin importar la edad. Weasley también se estaba duchando en los vestuarios. No puedes proyectar el recuerdo, sabiendo cuán implacable puede ser el Ministerio —explicó Severus.

—¿Entonces, terminamos? —preguntó Kieran—. Hay una multitud esperándome en el Cabeza de Cerdo esta noche. Podría ser provechoso.

Severus le despidió con un movimiento de mano; ya habían hecho todo por ese día.

—Ve a hacer tus galeones con esa escoria de la sociedad. Encajas perfectamente allí.

Con un chasquido, Kieran desapareció.

Harry vio como Severus reía entre dientes mientras despachaba a su amigo.

—¿Él dijo que se gana la vida como sanador? Quién podría… Supongo que no trabaja en un lugar como San Mungo.

—¿Quién podría contratarle? Hay muchos magos que necesitan curación. Los pacientes de Kieran requieren un sanador discreto, alguien que no haga preguntas sobre las causas de sus heridas, o que lance maleficios oscuros sobre ellos.

—Así que él cura a la ’escoria de la sociedad’, como tú les llamaste. ¿Por qué? ¿Pasó algo que impida que trabaje en un lugar como San Mungo?

—Tú eres muy joven, Harry —Severus recibió una mirada indignada por su observación—. ¿Por qué asumes que debe haber algo que le impida trabajar en un lugar ‘respetable’? —movió sus dedos en el aire mientras pronunciaba ‘respetable’, haciendo la señal de entre comillas—. No sería tu asunto si algo hubiera sucedido, y yo no te lo contaría. Pero, sinceramente, ¿puedes ver a ese hombre vestido con una bata blanca, pulcramente afeitado, guardando un horario, y tolerando las corteses gilipolleces de la gente que va a un lugar como San Mungo?

—Ni siquiera me lo puedo imaginar con las uñas limpias.

—Exacto. Kieran tiene conexiones en muchas áreas. Consigue entrar en lugares en los que otros no pueden, recolectando información importante a lo largo del camino —comentó mientras revisaba las protecciones del edificio. Harry le preguntó en dónde se encontraban, pero el hombre cambió de tema—. ¿Necesitas ayuda para Aparecerte de regreso a casa?

—No, estaré bien.

—No tendría problema —ofreció Severus, pero el joven declinó—. Hasta mañana, entonces, no llegues tarde.




Harry se deshizo de su ropa y se metió en la ducha en cuanto llegó a su casa. Severus le había ofrecido ayudarle a regresar, y ahora se regañaba a sí mismo por no haber aceptado la oferta. No era como si Sev pudiera invitarle a salir a comer o a bailar en público. Pero de momento, se alegraba de ponerse ropas limpias y lavarse los dientes.

Después de una rápida llamada a Ron por red flu, se encontró no sólo con que Hermione estaba pasando el día con su mamá, sino que el pelirrojo estaba loco de aburrimiento y se emocionó al tener una excusa para salir con él.

Harry arrastró a Ron hasta la tienda de pociones para conseguir suministros, y escuchó mientras éste le contaba toda la información que había conseguido sobre lo que necesitaba para convertirse en Auror.

—Que lástima que no vayas a asistir conmigo al entrenamiento para Auror, sería estupendo si pudiéramos hacerlo juntos —comentó mientras Harry elegía varios viales, un libro de fórmulas de pociones, y otros artículos, y los colocaba dentro de un caldero nuevo. Rechazó la ayuda del dependiente que parecía estar siempre allí, listo para echar una mano. El hombre era molesto, en el mejor de los casos.

—Lo sé. Extraño cuando pasábamos todo el tiempo juntos, pero no creo que pudiera trabajar para el Ministerio después de todo lo que ha pasado. Cuando fui atacado por los Dementores hace dos años, ellos estuvieron listos para romper mi varita primero y hacer las preguntas después —tomó algunos viales de pociones listas para llevar, que le ayudarían por un tiempo, ya que la poción contra el dolor le llevaría algún tiempo de preparación y tendría que haberla hecho el día anterior. Levantó la botella de poción contra el dolor de cabeza para verla a la luz, observando cuán extraño era ver esa botella etiquetada con tinta azul con una letra diferente a la de Severus Snape. Ron continuó contándole lo que había oído a un joven Auror que su padre había invitado a cenar, pero Harry no prestó atención a su amigo, mientras cancelaba sus compras. Había intentado estar pendiente de todo lo que le rodeaba, pero era difícil si trataba de enfocarse también en Ron.

El hombre tras el mostrador le sonrió tal como hacía con cada cliente. La sonrisa no alcanzaba sus ojos. No estaba seguro de porqué no confiaba en el hombre, pero tenía una sensación de intranquilidad. Había tomado más tiempo del que Harry consideraba necesario en embalar sus compras. El molesto vendedor estaba ahora entregándole el caldero con su paquete embalado en el interior.

Después de detenerse en la librería, donde compró al menos cinco libros sobre hechizos, maldiciones y defensa mágica, se encaminaron hacia la casa del moreno.

—¿Qué te parece si nos deshacemos de esto y vamos a Las Tres Escobas para cenar?

—Estaba planeando ir a cenar a casa, mamá estaba cocinando algo rico, y dijo que papá había estado muy ocupado con su trabajo y haciendo cosas para La Orden; probablemente va a necesitar conseguir ayuda para llevar todo eso a casa. Yo estaba esperando que fuera el señor Morgan, el mismo que estuvo el otro día. Es gracioso, papá me obliga a llamarle señor Morgan, pero es apenas un poco mayor que nosotros. ¿Por qué no me acompañas a comer a casa? Sabes que a mamá le encanta alimentarte.

Harry pudo ver que Ron estaba excitado, así que aceptó acompañarle a la Madriguera a cenar. Desenvolvió su paquete, colocando los viales en el fregadero, para recordar lavarlos antes de usarlos. Su amigo rió por sus acciones, como si aún estuvieran en clase con Snape observándoles. Por último, acomodó la poción contra el dolor de cabeza. Estaba deslizando el espejo para cerrar el gabinete de medicinas cuando se detuvo. Algo no estaba bien, pero no estaba seguro de qué. Levantó nuevamente el vial. Parecía estar bien, excepto porque no había sido elaborado por Severus. Eso, y que el maestro de Pociones siempre etiquetaba las pociones medicinales en negro, no en rojo.

—¡Joder, es roja! —el vial que tenía en la mano no era el mismo que él había llevado al mostrador. Había sido cambiado.

—¿Qué? No te escuché —preguntó Ron desde la cocina.

—Nada. ¿Listo para irnos? —inquirió, tomando uno de sus nuevos libros. Le pediría a Severus que revisara la poción. No tenía sentido disgustar a Ron hasta estar seguro.

En segundos, estuvieron en la Madriguera. Molly se sintió, como era de esperarse, emocionada al ver a Harry, y se aseguró de que se quedara a cenar. La casa estaba saturada con el olor de diferentes alimentos, y el chico casi odió tener que salir cuando los gemelos le arrastraron al patio trasero para un partido rápido de quidditch antes de cenar. George levitó un viejo neumático, y jugaron Harry y Ron contra los gemelos.

—¿Todo sigue igual para el jueves? —preguntó Fred, refiriéndose a que Harry les permitiera trabajar en su casa sobre algunos inventos nuevos.

Harry voló tan rápido como le permitía la vieja escoba de George y le quitó la quaffle a Fred.

—Tengo clase el jueves, así que vayan en la tarde.

Intentó pasársela a Ron, pero George le bloqueó exitosamente.

—¡Gracias, compañero! —gritó Fred, mientras volaba hacia Harry, golpeándole con fuerza y retomando la quaffle. Los gemelos jugaban rudo, pero Harry y Ron eran tan buenos como ellos—. Mamá está al límite. La R&D la dejó lista para echarnos a puntapiés.

—Investigación y Desarrollo —explicó Ron.

El improvisado partido de quidditch continuó por otros diez minutos sin notaciones, hasta que pasó un relámpago quitándole la pelota a uno de los gemelos. Harry miró, aturdido, cuando Ginny lanzó la quaffle a través del neumático.

—Mamá dice que se laven para cenar —dijo la chica, antes de alejarse volando.

—¡¿Qué demonios?!

—¿Muy buena, eh, Harry? —preguntó Ron.

El aludido miró a su amigo con asombro.

—¿Por qué yo no sabía que ella podía hacer eso? El último año necesitamos un buen cazador.

Ron sacudió la cabeza, negando. Aterrizaron en el césped, asustando a unos cuantos gnomos de jardín.

—Después de que Ya Sabes Quién la poseyera en su primer año, Ginny no quería nada de atención adicional, y mamá pensó que el quidditch la haría un blanco fácil para cualquiera que quisiera herirla.

—Eso fue hace seis años —dijo Harry con incredulidad—. ¿Ella quiere jugar?

—No estoy seguro, pero jugó unas cuantas veces con nosotros, como cazadora de reserva, cuando estuviste en la enfermería después del ataque.

Se encogió de hombros mientras se dirigían a cenar. Harry se sorprendió al ver a Charlie en la cocina, trayendo unas cuantas sillas extra. Se había quedado toda la semana, aprovechando que había regresado para la Ceremonia de Ron.

Disfrutó la cena, el compañerismo de hablar con todos. Había un asiento vacío en la cabecera de la mesa, ya que el señor Weasley había tenido que ir a encontrarse con Albus después del trabajo y se reuniría con ellos más tarde. Fred anunció que tenían un nuevo comprador, sumando seis el número de almacenes que distribuirían al detal, en sus áreas de artículos de broma, los productos de Sortilegios Weasley. Esperaban aumentar su producción lo suficiente como para abrir su propia tienda en el otoño. Charlie les había sorprendido con un buen suministro de productos frescos, tales como escamas de dragón y otras partes del animal. A Harry no le gustaba pensar en cómo los habría obtenido. Al tiempo que la mesa de la cena comenzaba a recogerse, la manecilla del reloj donde se leía Arthur se movió al punto que indicaba ‘casa’. El tirador de la puerta vibro un poco y, finalmente, el señor Weasley abrió la puerta, sosteniendo un enorme montón de libros y pergaminos, y una caja blanca atada con un cordel rojo, balanceándose en sus brazos. Ron miró ansiosamente para verificar si el hombre tras su padre era el señor Morgan, el Auror que había traído a casa la vez anterior.

—Justo aquí está bien —dijo el patriarca de la familia, colocando el paquete sobre una mesa cercana a la puerta y saludando a su familia—. Hola a todos.

Charlie casi se echo a reír en voz alta al ver varias caras alargarse, con excepción de la de Harry. El hombre había dejado un enorme montón de pergaminos junto a los otros, dando la vuelta mientras Arthur hablaba.

>>¿Todos conocen al profesor Snape?

En ese momento, Charlie ya no pudo seguir conteniendo la risa, cuando Ginny dejó caer el tenedor, que repiqueteó hasta llegar al piso. Estrechó la mano del Profesor, mientras el resto sólo saludaban con cortesía. Molly comenzó a retirar los platos de la cena, cuando su esposo le informó que ya habían comido con Albus.

>>Eso me recuerda que les manda saludos, junto con su agradecimiento por todo el trabajo adicional —continuó el jefe de casa, levantando la caja blanca. Molly desató el cordel para mostrar un surtido de pastas y chocolates.

Severus estaba empezando a buscar una excusa para partir cuando Molly insistió en que se quedara para el té. El hombre miró a su alrededor para encontrar un montón de adolescentes que lucían realmente incómodos, y a Harry, quien no se veía para nada incómodo. Ni tampoco Charlie, aunque él no era un adolescente. Severus no había tenido intención de quedarse, pero Kieran y él estaban tratando de conseguir la respuesta a una pregunta, razón por la que se había ofrecido a ayudar a Arthur en primer lugar. Bueno, no se había ofrecido ‘exactamente’, pero había mostrado estar disponible, dando a Albus la oportunidad de pedir sus servicios como voluntario, lo que él hizo servicialmente.

—Me agradaría un poco de té —elogió internamente a Molly por su habilidad para ocultar su asombro cuando él aceptó. También disfrutó las expresiones de los gemelos mientras lo decía. Por no mencionar la risa de Charlie al ver a su hermana menor dejar caer el tenedor, sin ocultar su aturdimiento. Sí, esto podría ser divertido.

—Maravilloso —dijo Molly, colocando una taza en la mesa frente al Slytherin—. Habitualmente estás muy ocupado. ¿Cómo te gusta tu té?

Severus estuvo tentado a replicar ‘oscuro y dulce, como mi Harry’, pero pensó que en ese caso Ginny también dejaría caer los platos que estaba llevando y él tendría que mandar un obliviate a toda la habitación.

—Negro.

Observó cómo Harry se levantaba y ayudaba a Ginny a poner las pastas en una bandeja, mientras susurraba al oído de la chica y le lanzaba una mirada suplicante. Severus se preguntaba cuántas veces su chico habría conseguido lo que quería con esa mirada, y estuvo bastante seguro de la respuesta cuando la joven miró hacia él, confundida, antes de asentir con la cabeza.

—Dime, Severus, ¿qué tal fue el primer día de entrenamiento con nuestro Harry? —preguntó Arthur, dando vueltas al azúcar de su té. Molly se animó; no se había dado cuenta que ya había pasado su primer día de entrenamiento.

—Bastante bien, en realidad —contestó. Varios Weasley estuvieron cerca de sufrir una conmoción por el cumplido—. Hoy sólo nos dedicamos a ver cuán competente es Harry en defensa mágica. Mañana analizaremos el aspecto físico, y prepararemos un programa riguroso a partir de ahí —Severus no podía creer cuán impactados estaban todavía algunos de ellos. ¿Era tan difícil creer que su profesor era humano? Quizás. Mientras Severus hablaba sin mostrarse despectivo, Charlie reía, observando las aturdidas expresiones de los gemelos.

—Supongo que es como hubiéramos lucido nosotros unos años atrás, si nuestra profesora de Pociones se hubiera presentado a tomar el té —comentó el pelirrojo con una carcajada. Molly estaba ruborizada y avergonzada por la falta de educación de sus chicos, pero se calmó al ver que Snape sonreía, aunque fuera de medio lado.

—Ella era una bestia, ¿cierto? —admitió Severus, recordando a su antigua profesora.

—¿Ustedes asistieron juntos a Hogwarts? —preguntó Harry, dudoso. Por alguna razón, nunca pensó que Charlie fuera tan viejo.

—Quizás en mi primer año en Hogwarts, Severus estaba en su último, pero ella siguió enseñando Pociones algunos años después que yo entré en la escuela —explicó Charlie.

Era asombroso cuán joven se veía el pelirrojo en comparación con Severus. No era sorprendente, si comparabas sus estilos de vida. Harry pensó con humor que su primer buen beso, y su primer amor, había sido un hombre mayor. No estaba seguro si su primera follada contaba. Sev tenía dieciocho por ese tiempo, pero Harry sabía cuán mayor era en realidad. Continuó reflexionando sobre su primera vez, preguntándose si volverían a tener sexo. Severus iba a conducirle a la locura si seguía haciéndole esperar. Charlie, luego de responder la pregunta de Harry, siguió observándole; el chico parecía estar en otro mundo.

>>¿Todavía sigues con nosotros, Harry? —le preguntó, con una sonrisa y un guiño. Harry se sobresaltó, saliendo de sus pensamientos de sexo con Sev.

—¿Qué? —un tinte rosa subió a sus mejillas. Recuperando su compostura, se giró hacia Severus—. ¿No fue extraño, enseñar a estudiantes que estuvieron en Hogwarts al mismo tiempo que usted? Debió ser el profesor más joven allí.

—No tan extraño como enseñar a sus hijos —replicó el Maestro secamente, divertido al haber callado a Harry. Al parecer, al chico le gustaba que le recordaran su diferencia de edades tan poco como a él, pero era gracioso verle tan ruborizado. Severus sonrió.

Ginny se acercó con una tetera, volviendo a llenar su taza de té. Mientras bebía un sorbo, se dio cuenta que ella había dejado un chocolate sobre su platito. Era uno de sus favoritos. Parecía que cierta criatura de ojos verdes había vuelto a hablar con los duendes de la casa. Ojos verdes que estaban observando al oscuro hombre desde el otro lado de la mesa. Tan pronto como todos terminaron, Molly sugirió que podían retirarse, no estaba dispuesta a tenerles ahí sentados por cortesía, mortalmente aburridos mientras los mayores hablaban. Harry estaba irritado por haber sido incluido en el comentario sobre los ‘niños’, pensando que también pertenecía al grupo de adultos en esa mesa. Por instancias de Ron, que jalaba insistentemente su manga, comenzó a levantarse. Charlie se inclinó hacia delante, susurrando:

—No te ofendas, Har; para cuando ellos te consideren adulto, desearás haber podido escapar con los niños.

Harry frunció el ceño ante esas palabras. No le gustaba ser despachado. Encontrando los ojos de Severus, pidió:

—Quizás más tarde, antes que se vaya, ¿podríamos hablar? Tengo una pregunta sobre el entrenamiento

El hombre asintió brevemente; había estado observando la interacción entre Charlie y Harry, pero no había visto nada que le indicara que el hombre era gay. Maldito Kieran por haberle atrapado en esa apuesta. Sólo porque alguien había escuchado a Arthur Weasley comentar que uno de sus hijos le había sorprendido con su estilo de vida, Kieran, que estaba tomado, había discutido cuál de los chicos Weasley sería. Severus había apostado por Bill, pero Kieran estaba indeciso entre Percy y Charlie.

Había visto a Kieran iluminarse cuando había escuchado que Harry era muy cercano a la familia Weasley, y quería preguntarle, para dilucidarlo de una vez por todas. Pero Severus se rehusaba a que el chico supiera que no sólo había estado remotamente interesado en la benigna conversación, sino que también había participado en una apuesta sobre la vida sexual de los Weasley. Había estado molesto consigo mismo, y no permitiría que Harry supiera sobre su lapsus infantil del decoro. Al menos eso era lo que continuaba diciéndose. Pero, por mucho que odiara admitirlo, no estaba realmente molesto. Había pasado una divertida noche de copas con Kieran, discutiendo alegremente sobre las posibles preferencias sexuales de uno de sus viejos alumnos, en lugar de estar atormentándose con todos los graves temas que llenaban su vida.

Durante el baile, Severus había tratado desesperadamente de no quedarse mirando embobado a Harry, que lucía sexy como el demonio. Así que, en vez de eso, había prestado atención a la familia en cuestión, para ver que Bill era, de hecho, la mejor apuesta. Ahora, no estaba seguro. El pelirrojo era en realidad un Casanova, pero podía haber sido una fachada. Interrogar a Arthur durante la Ceremonia de Protección de Harry probó ser inefectivo. Demonios. Dejando esa línea de pensamiento, mordió el chocolate, que sabía a pecado, por decir lo menos. Siendo el controlado hombre que era, contuvo el gemido de deleite provocado por las capas de chocolate oscuro con leche que se derretían en su boca.

Maldición. Lo había hecho. Cuando abrió nuevamente los ojos, encontró unos ojos imposiblemente verdes, mirándole con lascivia. Sólo el joven de ojos verdes, quien le estaba mirando tan atentamente, había notado el ligero cambio en él. Y fue Charlie quien captó la inconfundible expresión del rostro de Harry.

Momentos más tarde, Ron había tenido éxito en arrastrar a su mejor amigo lejos de la mesa, y estaban escuchando a los gemelos parlotear sobre los mejunjes que iban a preparar en casa de su amigo el jueves. Harry miró la lista y se alarmó ante lo que pensaban preparar. Tenían una larga experiencia de éxitos y fracasos, pero lo que más le preocupaba era que algunos de los experimentos que iban a intentar no parecían muy estables que digamos. Tendría que conseguir una forma de que Severus examinara el listado, con la esperanza de que evitara una posible explosión en su nuevo hogar.

—¿Cuántos incendios han provocado desde que están trabajando en esto?

—¡Sólo un…Ouch! —exclamó George, mientras Fred le daba un codazo.

—Simplemente, estamos un poco apretados en nuestra habitación —Fred intentó parecer sincero.

—Sí, y mamá dijo que si escuchaba otra explosión, les echaría.

—Cállate, Ronniekins —dijeron los gemelos al unísono.

A partir de ahí todo fue borroso. Ron le hizo un guiño a Harry e hizo un placaje a uno de los gemelos. Al parecer, al estar en casa desde que había terminado la escuela, había sido un conejillo de indias poco dispuesto para los productos de sus hermanos. Le había brotado más pelo y plumas en los últimos días que en todo el año transcurrido.

—No puedo creer que le dieras dinero a estos idiotas —gritó Ron, mientras mudaba una capa nueva de plumas rojas y azules.

Se había convertido en un todos contra todos, Harry y los tres pelirrojos luchando y siendo forzados de vez en cuando a probar las invenciones más recientes. La falsa reyerta terminó abruptamente cuando Ron se desmayó.

—¿Qué le dieron? —preguntó Harry, observando a su amigo tranquilamente dormido sobre una capa de plumas.

—Sueño de Jengibre —contestó Fred con orgullo.

—¿La galleta muggle?

—No, no, sólo es un pequeño juego de palabras. Tenemos que ajustarlo. Para hacer una buena broma, debería dormir unos pocos minutos apenas, pero él estará fuera de combate por horas. No hemos conseguido la mezcla correcta —explicó George, reflexionando sobre los ingredientes por un minuto.

Harry observó a los hermanos. Uno de ellos revisaba la lista de pociones mientras el otro quitaba con parsimonia las plumas del cabello de su gemelo. Eso fue algo sorprendentemente íntimo, y Harry se preguntó si sería simplemente un gesto fraternal o habría algo más ahí.

—¿Harry? —llamó Fred con timidez, como si no estuviera seguro de cómo llevar sus pensamientos a palabras—. Sobre el dinero que nos diste…

—¿Si? ¿Ya lo gastaron todo? —bromeó, pero se dio cuenta que ellos estaban serios—. ¿Lo hicieron? ¿Necesitan más?

—No, no, no es eso. De hecho, Bill nos ayudó con algunas personas que conoce en Gringotts. Hemos estado invirtiendo algo del dinero que teníamos ahorrado para la tienda y conservado una parte para investigación —George rasguñó un punto de su túnica—. Dado que lo estamos haciendo bien y todo eso, queremos empezar a retribuir todo lo que has hecho por nosotros. Estuvimos pensando que quizás algunos galeones a la semana, o si lo prefieres, una entrega mensual —terminó Fred algo nervioso, inseguro de la reacción de su amigo.

—¿Qué? ¡No quiero que me regresen dinero! Yo se los di para que comenzaran su tienda de bromas, van a necesitarlo —replicó, confundido por la oferta. Eso no era propio de ellos.

—Harry, con todo ese asunto del entrenamiento, y el hecho de que no vas a trabajar… bien, vas a necesitar algo para vivir —declaró George enfáticamente.

—Gracias por pensar en mí, pero realmente no lo necesito. De verdad —aseguró.

—Ron nos comentó que la última vez que fue contigo a Gringotts, tu bóveda estaba casi vacía. Sé que piensas en Cedric, pero, en serio, hemos invertido un buen puñado, y tú tendrías de vuelta el dinero, no las ganancias —trató de razonar Fred.

Internamente, Harry se sintió muy orgulloso de sí mismo por no llorar ante la mención de Cedric. Realmente estaba logrando dejar eso en el pasado.

—Chicos —comenzó lentamente—. No se lo he dicho a mucha gente, porque es algo privado de lo que no me gusta hablar, pero ustedes necesitan saberlo —respiró profundamente—. En mi primer viaje a Gringotts, Hagrid me dijo que yo no podía comprar un caldero de oro, malgastando el dinero que debería durarme durante mi estadía en la escuela. Nunca supe su significado literal, sólo que debería durarme mientras estuviera en Hogwarts. Ésa era la bóveda que mis padres me habían abierto cuando nací.

Observó a Ron, todavía dormido, mientras los gemelos le prestaban una embelesada atención.

>>En mi último cumpleaños, Albus me dio la llave de la bóveda de mis padres. La verdadera herencia Potter, incluyendo las escrituras de su casa de Godric’s Hollow —miró las bocas y ojos abiertos de los gemelos—. Hay más —musitó, mirando sus zapatos.

—¿Más? —replicaron los pelirrojos a coro.

—Junto con la Orden de Merlín de Sirius, llegó la llave de la bóveda de su familia. Sólo la he abierto una vez, pero, bien… él estaba forrado.

Miró una vez más al dormido Ron. El dinero siempre había sido un motivo de tensión para el pelirrojo, y también para su relación con él. Ron lo había manejado mucho mejor con el paso de los años, pero Harry trataba de evitar conversar de dinero con él. Odiaba que ahora su mejor amigo estuviera preocupado por él, pensando que se había quedado casi sin dinero. Ron sabía que había recibido la llave de Sirius, pero nunca le había mencionado cuán grande era el contenido de la bóveda. Esa única vez que la había abierto, había sido para sacar el oro suficiente como para comprar una escoba, tal como Sirius y él habían dicho que harían cuando estuviera a salvo en Hogwarts. No había sido una buena época en su vida.

—Conserven su dinero. Probablemente lo necesitarán para las reparaciones en mi apartamento, si tratan de preparar las pociones escritas aquí —dijo alegremente. Recibió como respuesta dos sonrisas idénticas. La mirada de alivio en los rostros de los gemelos no tenía precio—. Mejor aún, consíganse algunos conejillos de indias y dejen a Ron en paz.

—¿Qué? ¿Y malgastar nuestro dinero cuando tenemos participantes fácilmente disponibles? —comentó Fred con una sonrisa. George comprendió el mensaje no dicho en las palabras de su hermano y saltó sobre el moreno. Harry se encontró acostado cuan largo era sobre el sofá, con los brazos elevados sobre su cabeza. Su camisa fue alzada ligeramente, exponiendo su plano abdomen. George se había montado a horcajadas sobre él, haciendo cosquillas en la tentadora carne, con la esperanza de que Harry abriera la boca, pero éste rió entre dientes y continuó sacudiendo la cabeza con violencia, manteniendo los dientes y labios fuertemente apretados. Estaba a punto de echarse a reír a carcajadas por el impacto de las cosquillas, pero fue salvado por una muy irritada Molly Weasley.

—¿Qué han hecho? —bramó—. ¡Miren este lugar! —señaló las plumas y los montones de pelo desperdigados por la habitación, y a Ron durmiendo en medio de todo eso—. ¿Y qué, les ruego me digan, le hicieron a su hermano? Ven, Harry —dijo, ofreciéndole la mano. El chico se sorprendió de ver a los gemelos saltar en cuanto su madre habló, limpiando la habitación a toda prisa, pero luego notó a Severus parado detrás de la matriarca, luciendo extremadamente amenazador. Tenía que admitir que se sentía un poco avergonzado delante del hombre, por haber actuado como un chiquillo junto a sus amigos. Demonios.

—¿Tenía una pregunta con respecto a su entrenamiento? —su tono era plano, sin emoción. Notó una gota de sudor bajar por un lado de la cara de Harry. Estaba rojo y despeinado.

—¿Podríamos discutirlo en privado? —pidió, haciendo un gesto de contrariedad, pues Molly estaba gritando nuevamente.

Después de agradecer con cortesía a los Weasley por su hospitalidad, Severus se Apareció con rumbo a la casa de Harry, sabiendo que estaría allí en un momento. Llegó con un chasquido. Consciente de que el Gryffindor tardaría unos minutos todavía, se sentó en el sofá y se puso cómodo. Sobre la mesita de centro se encontraba una caja de zapatos llena de fotografías. Al lado de la caja, había otro montón de fotos, bocabajo. Harry había estado clasificándolas. En el dorso de la foto que estaba arriba de la pila, escrito en la inconfundible letra de Harry, el hombre leyó: Severus y yo. Se dijo a sí mismo que no estaba ni remotamente interesado en eso, pero su traicionera mano alcanzó la foto, sabiendo muy bien de cuál se trataba. No deseaba ver la foto de Harry y él mismo luciendo más joven, bronceados y tomados del brazo. Él no era esa cosa joven. Demonios, nunca lo había sido. No se había roto la nariz después, como había supuesto Harry; era un hechizo de glamour. Había nacido con el pico, y durante sus años escolares había soportado la burla por ello. Ver a Harry divirtiéndose con los gemelos le había hecho sentir muy viejo. Harry debía enamorarse de un hombre joven, no de él.

A pesar de su batalla interna, dio vuelta a la foto para verse junto a Harry. Se impactó al ver que no era la foto que Ron les había sacado en el cobertizo de las escobas, sino una tomada a inicios de ese año. Harry estaba parado en la plataforma de duelo, el brazo extendido y varita en mano. En la foto, él estaba parado detrás del Gryffindor, ajustando el agarre del joven sobre la varita. De no haber visto esa fotografía, probablemente ni hubiera recordado haber hecho eso. Lo que más le afectó fue que el joven de ojos verdes en la foto no estaba mirando su indicación; su cabeza estaba inclinada y girada ligeramente. Harry estaba mirándole a él.

Cuando el dueño de casa arribó, encontró a Severus con una sonrisa en la cara. El hombre intentó bajar la foto tan rápido como pudo, pero Harry ya lo había visto.

—Recuerdo ésa —comentó, mirando hacia el vacío mientras recordaba ese día—. Acababa de patear el trasero de Goyle con un hechizo perfecto, pero tú aún así consideraste necesario corregir mi agarre. Yo estaba muy enojado, pero entonces hablaste —dejó salir un suspiro divertido—. No escuché lo que decías, pero sentí en mi nuca el aliento de tus palabras, y tu voz hizo que se me doblaran las rodillas.

—Entonces, ¿ésa es tu excusa para no escucharme antes? —bromeó Sev.

—No necesité escuchar lo que decías, me bastó ver el reloj de la Casa para saberlo —fue la divertida respuesta de Harry.








“No es el árbol, ni la chimenea.
La Navidad es el calor que vuelve al corazón de las personas,
la generosidad de compartirla con otros
y la esperanza de seguir adelante”
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Última edición por alisevv el Mar Sep 14, 2010 12:37 am, editado 4 veces
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MensajeTema: Re: Death Eater takes a Holiday. Capítulo 39. Una Apuesta & estilo de Vida Weasley   Lun Ene 18, 2010 1:17 pm

los ame!!!

Dios ya me hacia falta una dosis de buen snarry!!!

Eres lo maximo!!!

Bye!

Amo la fick!!!

Buen dia!!!
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elamordesnarry
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MensajeTema: Re: Death Eater takes a Holiday. Capítulo 39. Una Apuesta & estilo de Vida Weasley   Miér Dic 07, 2016 4:56 pm

Pero que susto se llevaron, pero eso le psa a Harry por hacerse de la boca chiquita jjajajaja, pero si que se pasaron estos dos por envenenar la comida jajjajaja.
Mira que buena situacion se presento en la casa de los Wesley, Sev se la paso en grande y creo que Charlie también jajjajajaja,
No pueden culpar a Harry por no poner atención a las palabras de Sev con esa voz tan sexy que tiene jajajja, ademas no creo que sea una excusa si no un hecho.

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MensajeTema: Re: Death Eater takes a Holiday. Capítulo 39. Una Apuesta & estilo de Vida Weasley   

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Death Eater takes a Holiday. Capítulo 39. Una Apuesta & estilo de Vida Weasley
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