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 Death Eater takes a Holiday. Capítulo 33. Levantando protecciones

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alisevv

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MensajeTema: Death Eater takes a Holiday. Capítulo 33. Levantando protecciones   Miér Ene 13, 2010 11:18 pm


Death eater takes a holiday
Capítulo 33

Levantando protecciones



—¿Él me curó? —preguntó Severus con incredulidad, mientras miraba embobado la herida ya curada sobre su corazón. Albus sonrió cálidamente.

—Eso parece.

—Pero, posiblemente, él no podía… —la voz de Severus se apagó, mientras consideraba las implicaciones de que Harry le sanara.

—Sí, posiblemente podía, y lo hizo, dado que estás recuperado. ¿Explicaste a Harry los detalles del hechizo, o el elemento indispensable? —indagó el anciano. El mago más joven negó con la cabeza.

—No. Sólo le dije que tú eras el único que podía curarme.

—Es agradable saber que no soy el único. ¿Te confesó Harry cuáles son sus sentimientos por ti?

—Sólo que desea que nos conozcamos mejor para que nuestra relación tenga una oportunidad. Si me hubiera dicho que me amaba, no le hubiera creído.

—Pero te ama, o el hechizo de sanación nunca hubiera funcionado.

Severus reflexionó sobre cómo Harry le había mirado al despertar. Había esperado que el chico arrojara mil excusas por haberse quedado dormido. Lo que más le había molestado era que no se había mostrado avergonzado en absoluto. Por supuesto, ahora sabía el porqué. Harry ya le había sanado y sabía que iba a estar seguro cuando se quedó dormido. Severus se sintió como un tonto. De hecho, se había sentido como tonto toda la mañana. Temprano, por confiar en Harry y quedarse dormido. Ahora, por no haber confiado en él. Demonios. No le entusiasmaba la idea de hablar con Harry; no estaba acostumbrado a tener que disculparse y agradecer en la misma conversación. El dolor de cabeza continuó aumentando.

—¿Me ama? —pensó, y entonces se dio cuenta que lo había expresado en voz alta. Sintió una reconfortante mano en el hombro. Albus todavía estaba sonriendo.

—Ve, quítate esta horrenda túnica y aséate. El desayuno empezará pronto —le guió hacia la chimenea, empujándole hacia la red flu—. Oh, Severus, y confirma una cita para que Harry comience su entrenamiento, para que yo pueda hacer los arreglos necesarios.

Severus asintió y entró en la chimenea. Tenía mucho en qué pensar, pero decidió no hacerlo en ese momento. Realmente, necesitaba sacarse esa maldita túnica ensangrentada. Al entrar a su habitación, inmediatamente sintió el aire frío. Luego de lanzar un hechizo para calentarla, recordó la petición de Albus. Encendió el fuego, y tomando un pequeño puñado de polvos flu del recipiente que estaba sobre la repisa de la chimenea, lo lanzó al fuego.

—Keran Donnelly —llamó. Un momento más tarde, apareció la cabeza de un hombre de hirsuto cabello marrón y lo que parecía una barba de tres días.

—Luces como una mierda, Snape —comentó el hombre, y Severus dio un gruñido por respuesta—. ¿Me llamas de parte de Albus?

—Sí. Quiere saber qué día te viene bien para empezar el entrenamiento.

—Hablé con nuestro amigo, dijo que tuviste una muy mala noche. Yo diría que tuvo razón.

Severus gruñó de nuevo, frotando sus sienes.

>>Pensé que hablaríamos anoche, pero parece que estabas muy ocupado.

—Al punto, Kieran; tengo que tomar una ducha. Deberías intentarlo alguna vez —dijo Severus sarcasmo.

—Quizás —contestó su amigo, oliendo sus axilas—. Pero tú eres al que llaman ‘Cretino Grasiento’.

—¿Qué demonios quieres? —bufó Severus.

—Tú me llamaste, ¿recuerdas? El puto humo de las pociones está volviéndote chiflado.

Severus sacudió la cabeza. Estaba cansado.

—Te llamaré después para definir los días de entrenamiento —replicó, girándose para ir al baño.

—Hazlo; déjame saber los días que elijas. No me importa cuáles, excepto los jueves. Y también puedes decirme quién es el lindo chico que vi aquí esta mañana.

Severus giró la cabeza para ver que Kieran le mostraba una sonrisa malvada.

—¿Discúlpame? —de pronto, el Slytherin se sentía muy espabilado.

—Sólo pude verle la espalda, largo cabello, no muy alto. No estás pagando por eso, ¿verdad, Snape? —siseó Kieran, sabiendo que el otro no acostumbraba a hablar sobre su vida sexual. Deseaba descubrir quién era el muchacho, aunque sólo fuera para hostigarle con la información.

—Vete a la mierda, Donnelly —caminó hacia la ducha, intentando olvidar el comentario de su amigo—. De hecho, pago por eso —se quejó para si mismo.

Así que Kieran vio a Harry. No le reconoció, pero vio a un hombre en mi habitación

Estaba molesto porque Harry hubiera sido tan descuidado como para encender la chimenea, aunque su mente todavía daba vueltas alrededor del hecho de que él le amara. ¿Él estaría consciente? Aunque deseaba importarle, Sev no estaba acostumbrado a obtener lo que quería. Había disfrutado esta etapa, pero era completamente previsible que, cuando Harry le conociera completamente, se apartara tan lejos como le fuera posible. No querría seguir con él cuando conociera a su yo verdadero, y más sobre su pasado. El amor cambiaba todo. Si Harry le amaba, resultaría herido cuando le conociera. Lo ultimo que deseaba era que el joven saliera herido. ¡Muchacho tonto!



Harry temía haberle causado serios problemas a Severus al abrir su red flu privada. Dándose cuenta que lo mejor era contárselo lo antes posible, pidió su lechuza a Hermione para enviarle un mensaje antes del desayuno. Ahora, se sentaban en un extremo casi vacío de la mesa Gryffindor, en el Gran Comedor. Neville y Ginny estaban a pocos puestos de distancia, dejando un espacio para poder conversar en privado. Hermione continuaba pinchándole por estar tan tranquilo. Todo lo que podía pensar era en el hombre de la chimenea de Sev. Eventualmente, intentó conversar, y se sentó alegre por la distracción.

—Entonces, ¿qué hay tan interesante en mi trasero, y por qué la gente hace apuestas sobre eso? —le preguntó a Hermione. Ella rió entre dientes, y el sonido hizo eco en el interior de su copa con jugo de calabaza.

—¿Recuerdas cuando intentaste llevar la túnica de gala utilizando pantalones cortos? Le pregunté a Ron qué ibas a llevar para el baile y él se puso rojo y no me quiso decir. Y pensar que ellos acostumbran a llamarme mojigata —puso los ojos en blanco y Harry se echó a reír—. Bien, Seamus me escuchó y dijo que apostaba a que irías en cueros, y entonces Dean dijo: ¡acepto la apuesta! Lo siguiente que supe fue que los demás estaban haciendo lo mismo. No le presté demasiada atención al asunto hasta que te inclinaste y Patty hizo una escena. Bien, cualquiera diría que ella no se había dado cuenta antes de que tenías un lindo trasero.

Harry fingió sorprenderse, y giró la cabeza para mirar hacia su trasero, como si no pudiera imaginar que todos se fijaran en él.

—Vamos, Harry, esa mirada no va a funcionar conmigo —dijo Hermione. El chico sonrió—. Quizás puedas usar esa expresión inocente y despistada con algunas personas, pero yo te conozco. Sabes que muchos ojos estuvieron sobre ti toda la noche y te encanta.

—Sí, pero, ¿estaban los ojos de Severus sobre mí? —preguntó, alzando la vista hacia la mesa principal. Sólo la profesora Sprout y el profesor Flitwick habían llegado temprano. Revisó su reloj, anticipando la hora en que la poción de Severus dejaría de hacer efecto.

Hermione se inclinó más cerca de su amigo.

—Entonces, ¿qué sucedió? Obviamente, no dormiste mucho anoche. No vas a hacerme esperar hasta nuestra ‘cita’ de la noche, ¿verdad? Vamos a seguir teniendo nuestras reuniones aunque dejemos la escuela, ¿cierto? —preguntó con entusiasmo. Harry le aseguró que lo harían—. Oh, eso me recuerda algo. Como Premio Anual hice un anuncio a los de séptimo anoche. McGonagall se reunirá con nosotros en la sala común después del almuerzo, para hablar sobre la ceremonia y esas cosas. Supongo que nos dirá cómo y dónde caminar, y qué hacer al tomar nuestro diploma, y de las fotografías y todo eso. Es sobre eso. Pensé que era mejor hacer el enuncio mientras la mayoría de los de la clase todavía estaban sobrios. Juraría que la mitad de ellos no lo recuerdan.

—¿Por qué estás tan animada esta mañana? Te vi beber unas cuantas anoche —indagó Harry, al darse cuenta que ella estaba en muy buena forma, considerando las resacas que le había visto en el pasado.

—Cierto profesor de Pociones me envió un pequeño obsequio por ayudarle con unas pocas cosas —explicó, recordando el vial anónimo que había recibido con poción contra la resaca, y con una nota que decía: Gracias por su ayuda. Disfrute su celebración. No tenía firma, pero ella había reconocido la letra, y le gustaba que él ni siquiera le hubiera dicho qué contenía el recipiente, confiando en que ella fuera lo bastante inteligente como para averiguarlo—. ¿Severus descubrió que fuiste tú quien sugirió al profesor Flitwick que él mirara tu proyecto de pensadero para que viera lo equivocado que estaba? —le preguntó, alzando una ceja.

Harry esbozó una sonrisa traviesa, negando con la cabeza. Había funcionado perfectamente. Fue una manera brillante de mostrarle que él no había sido criado como Severus podía suponer, sin tener que soltarlo todo frente al hombre.

>>Ten cuidado, Harry; estás mostrando tu lado Slytherin.

Rápidamente, el joven llevó una mano a su pecho como si estuviera expuesto. Le contó a Hermione sobre el baile y el beso, quejándose de que ambos habían sido muy cortos. No le habló sobre el festín de besuqueos que había tenido con un Severos insensible, y ella supo que se estaba guardando algo.

—En realidad, no sucedió mucho más, pero siento que… No sé, es como si, de cierta forma, fuera algo demasiado privado.

Hermione sonrió.

—Te estás enamorando de él. Era fácil contarme cada jugoso detalle cuando los chicos no te importaban, pero ahora te importa. Estoy muy feliz por ti —le abrazó—. Simplemente sé que, de algún modo, esto va a funcionar.

—¿Tú amas a Ron? —le preguntó serenamente.

Ella asintió lentamente, una cálida sonrisa en su rostro.

—Sí.

—¿No será difícil cuando estés en la escuela y él en su entrenamiento de auror?

—Sí, pero lo manejaremos. Ser capaces de asumir los desafíos y superarlos es parte del trabajo que tienes que hacer con tu pareja en función de la relación.

—¿Cómo consigues ser tan lista? —bromeó.

—En realidad, lo aprendí de la señora Weasley. Si alguien sabe de cambios es esa mujer —replicó, pensando en la última explosión que los gemelos habían provocado. Harry sonrió, pero en todo lo que podía pensar era en Severus. ¿Él descubriría el amor? ¿Lo sabría cuando lo hiciera? “¿Cómo sabemos si es realmente amor?”, reflexionó para si mismo.


En ese momento, el hombre en quien Harry estaba pensando salía de la ducha. Alcanzó la toalla que estaba colgada en un gancho tras la puerta, sólo que estaba húmeda. Al darse cuenta que Harry debía haberla usado, la subió hasta su pecho, inhalando el aroma que allí permanecía. De repente, se sintió agradecido a la poción que estaba evitando que se excitara, mientras acariciaba la idea del joven en su propia ducha. ¿Qué era esto de Harry y las duchas?

Vestido y listo para dejar sus aposentos rumbo al Gran Comedor, salió de su habitación para encontrarse con una lechuza desconocida, con una carta a remolque. Leyó la disculpa que Harry le había enviado.


Severus

Esta mañana, mientras aguardaba el regreso de Dobby, encendí el fuego.
Apareció la cabeza de un hombre, llamándote. Lamento haber hecho algo
tan descuidado, pero estaba seguro que habías dicho que la red flu de tu
habitación era privada.
Por favor, discúlpame; estoy realmente preocupado por haber puesto en
peligro tu confianza en mí, pero aún más ante la idea de haber hecho
peligrar tu seguridad. No tengo idea de quién era el hombre que estaba
en la chimenea, pero estoy muy seguro que no me reconoció. Espero
no haberte ocasionado demasiados problemas

H



Le había dicho a Harry que la red flu de su dormitorio era privada. Fue insensato por parte del Gryffindor pensar que Albus sería la única persona a quien permitiría el acceso. Kieran iba a ser despiadado con esa información. Y ahora que lo pensaba, también Albus. No había planeado que el anciano averiguara que Harry había estado en sus aposentos, pero alguien le había sanado mientras dormía, y no muchos cualificaban para el trabajo. Reflexionó por un momento sobre Kieran. A pesar del hecho de que todavía le llamaba Snape, se conocían desde hacía tiempo. Esto era irrelevante, pensó, ya que Kieran había estado en una misión la noche anterior y no pudo cambiar las locaciones con seguridad. Cuando lo mencionó, Kieran ganó información sobre la reunión donde Severus fuera castigado, pero también supo que Albus estaba en Hogwarts para curarle.

Antes de darse cuenta, ya había llegado al Gran Comedor. Apenas unos estudiantes dispersos estaban desayunando luego de las actividades de la noche anterior. Harry y Hermione eran fáciles de divisar en la mesa Gryffindor. El chico mantenía un rostro impasible, pero jugueteaba con su copa. Hermione se veía particularmente animada, confirmándole a Severus que había recibido su regalo de agradecimiento, y lo había identificado como poción contra la resaca.

Harry miraba hacia la mesa principal con frecuencia, para verificar si Severus lucía especialmente irritado. Estaba preocupado de que su error con el extraño de la chimenea hubiera puesto de mal humor al Profesor. Chequeando nuevamente su reloj, tomó algo de fruta del recipiente. Habló con Hermione acerca de nada en particular, mientras mordía un melocotón maduro, limpiando el jugo que cayó por su barbilla con el dorso de su mano, y lamiéndose los labios. Tenía la esperanza de que Sev le estuviera mirando, pero rehusaba mirar nuevamente hacia la mesa principal para no delatarse.

—Mione, observa a Severus por mí, y dime que está haciendo —pidió, mirando nuevamente su reloj—. Cualquier movimiento que haga.

—¿No será demasiado obvio si me ve observándole?

—No si mido el tiempo correctamente —contestó, verificando nuevamente su reloj y eligiendo una nueva fruta.

Ella observó, esperando ver algo más que un Severus luciendo enojado, pero no estaba segura de qué buscar, dado que Harry no había sido específico. Había declarado que no era seguro hablar de ello en el Gran Comedor, pero Hermione sabía que eso era una cortina de humo. Pensó que él estaba siendo cortés y no presionó para obtener más información.

—Umm, ¿estar moviéndose en la silla cuenta? —preguntó. Harry reprimió una sonrisa y luchó contra la urgencia de mirar al hombre.

—Espera —dijo enigmáticamente—. Dime cuando creas que va a mirar hacia aquí —se inclinó ligeramente hacia atrás, permitiendo una buena vista, aunque había muy pocos estudiantes alrededor para que le impidieran a Severus observarle.

—Un minuto, parece como si estuviera mirando de una mesa a la siguiente. Se está moviendo de nuevo en su silla —Hermione bajó la cabeza; pese a lo que Harry había dicho, no quería seguir mirando fijamente al Profesor—. Probablemente, él está mirando ahora, al menos hacia nuestra mesa.

Harry terminó de pelar lentamente una banana, justo antes de metérsela hasta el fondo de su garganta.

La cabeza de Hermione de alzó ante el estruendo de la porcelana de china producido cuando Severus, al buscar a tientas su copa, volcó su plato y varios utensilios más, provocando una completa conmoción.

Harry alzó la cabeza a tiempo de ver un vaso de agua cayendo en el regazo del hombre, preguntándose si habría sido accidental o para ayudar a aliviar la actual condición de profesor de Pociones.

Severus había estado tan ensimismado en sus pensamientos, que había olvidado que la poción dejaría de funcionar alrededor de esa hora. Eso fue hasta que observó a Harry chequeando su reloj por cuarta vez durante el desayuno. Su plan era permanecer irritado pensando en Harry y en cual sería su reacción cuando descubriera que su profesor de Pociones tenía un terrible pasado que él no podría ignorar. Esto funcionó por un rato. Al sentir un ligero cosquilleo, Severus supo que la poción había abandonado su sistema, pero él era un hombre controlado y podía manejarlo. Luego, Harry se lamió los labios. Sev quería ser el melocotón, escuchar los gemidos de pasión que estaba seguro el joven estaba emitiendo, a juzgar por la expresión de su rostro en ese momento. Se maldijo a si mismo por tomar la poción en primer lugar, mientras sentía cómo la sangre fluía hacia el sur. Observar a las chicas de la mesa Slytherin alivió su problema ligeramente, la mayoría eran muy poco atractivas, y del sexo equivocado para su gusto. Hizo todo lo posible por evitarlo, pero sus traicioneros ojos viajaron hasta la mesa Gryffindor… ¡Oh, Merlín, él no estaba haciendo eso con una banana! Tomó una copa en un intento por ocultar su expresión impactada, pero la base estaba bajo el canto de su plato y lo volcó, con el cuchillo y el tenedor repiqueteando ruidosamente.

Severus miró furioso a los estudiantes. Se escucharon unas cuantas risas, la mayoría de los alumnos de séptimo, que se sentían seguros ahora que las clases habían terminado para ellos. Albus sonrió en su dirección. El maestro de Pociones giró el rostro para no tener que ver el maldito brillo en los ojos del anciano. Desafortunadamente, en lugar del Director, su mirada fue atrapada por la instructora de Vuelo. Sus labios se apretaron al verla.

—¿Ésa es tu manera de llamar la atención? —preguntó Hooch, sonriéndole mientras él recuperaba la compostura.

—Quería ver si la distracción era suficiente como para verter una poción en tu jugo de calabaza sin que lo notaras —replicó secamente.

Ella supo que estaba blufeando para cubrir su vergüenza. Seguramente el jugo era una bebida segura. Sólo que ella ya no estaba particularmente sedienta.



A medida que el día avanzaba, Ron despertó eventualmente y se reunió con sus amigos. Harry tenía la misión de comprar comida para llevarla a su nueva casa, para tener algo preparado para ofrecer a sus invitados cuando lanzaran las protecciones el fin de semana. Hermione reviso su libro Tradiciones y Cultura de la Comunidad Mágica, explicándole lo que se esperaba en la ceremonia. Un orgulloso Ron, que estaba emocionado ante el hecho de que su padre hubiera sido invitado a participar en el levantamiento de protecciones para el nuevo hogar de Harry, estaba escuchando atentamente los detalles del evento.

Los tres estaban acomodando algunas cosas alrededor de casa de Harry. En realidad, dos estaban acomodando cosas mientras Ron estaba sentado en la cocina, con las piernas estiradas sobre una pequeña mesa, mientras Harry y Hermione organizaban los alimentos. La chica dejó escapar un grito de frustración cuando se tropezó con los pies de su novio por tercera vez.

—Ya que no ayudas, ¿no podrías quedarte fuera del camino al menos? —gritó, con los ojos relampagueando y las manos cerradas en puños. De inmediato, Ron encogió las rodillas para sacar sus pies de en medio. Hermione había estado muy temperamental las últimas semanas, con la graduación acercándose rápidamente. Muchas de las chicas en los pasillos habían estado abrazándose y llorando porque su tiempo en Hogwarts llegaba a su fin. Generalmente, Harry y Ron se encogían de hombros y esquivaban la masa emocional cuando se cruzaban con ella.

—Oh, déjame en paz. Yo no conseguí una cura esta mañana. Si hubiera sabido que Snape iba a ser agradable y dar un regalo de agradecimiento, le hubiera dicho todas esas cosas sobre Harry yo mismo —gimió Ron, todavía sufriendo con la resaca.

—Bueno, pues debiste ofrecerte como lo hice yo —replicó, y continuo antes que él pudiera interponer el comentario que ella vio se estaba formando en sus labios—. Yo no lo hice por lo que podía ganar de ello, sino porque me sentía feliz de ayudar.

Harry sonrió ante el intercambió de sus amigos, y continuó lavando los productos que habían traído. Levantó la vista hacia la ventana al notar un destello blanco, abajo en el césped. Era el gato del casero, persiguiendo algo en los jardines. Esos jardines apenas tenían mantenimiento. Las veredas no estaban despejadas, y parecía como si las plantas crecieran en todas direcciones. Las malas hierbas habían crecido entre las matas y estaban ahogando a algunos vegetales. Parecía como si alguien hubiera hecho un montón de cosas para empezar un jardín y luego lo hubiera abandonado. Tendría que ver qué sucedía, esperando conseguir algo de información sin insultar la técnica del jardinero.

El resto del día y la mitad del siguiente pasaron rápidamente. Antes de darse cuenta, Harry estaba de regreso en su nuevo hogar, con los hombres que había invitado para su primera Ceremonia de Protección. Filius Flitwick y Albus fueron los primeros en llegar; Harry se sorprendió al ver que ambos portaban regalos. Había estado tan preocupado por los detalles de la ceremonia y la comida que iba a ofrecer, que no había revisado la sección del libro donde se explicaba lo que se hacía típicamente, o lo que se esperaba de las personas a quienes se pedía participar. Albus notó la expresión de sorpresa en su rostro, y le explicó que cuando una persona era invitada a añadir su toque personal a unas protecciones, se acostumbraba que llevara un regalo que también le representara personalmente; aprendió después que los obsequios no estaban envueltos porque se consideraba descortés entrar algo oculto a un hogar sin protecciones. Filius le presentó un nuevo juego de ajedrez, completado con un libro titulado Cómo Encantar a tus Hombres, y Otros Consejos Útiles para el Ajedrez. Harry rió entre dientes ante el título, y agradeció a Filius.

Antes que el joven pudiera ver lo que Albus traía, un sonido distintivo anunció la llegada de Severus Snape y Arthur Weasley. Habiendo arribado virtualmente al mismo tiempo que Arthur, Severus fue tomado por sorpresa al verse inundado por una gran cantidad de tela que casi le golpeó.

—Oh, hola, Severus, perdona —se disculpó Arthur cuando el Slytherin encontró su cara llena de mantas, sábanas, o lo que fuera esa cosa enorme que estaba transportando—. Hola, Harry; que bueno verte tan bien. Molly insistió en que trajera esto hoy. Quería que te sintieras cálido y seguro en tu nuevo hogar. Me atrevería a decir que ella está trabajando en esta cosa desde… bien, desde que aceptó que no te podría convencer para que vivieras con nosotros —explicó con una sonrisa radiante.

De hecho, Molly había empezado la cobija cuando supo que Harry tendría que vivir con sus graves heridas, que fue por el tiempo en que Dumbledore se convirtió en su guardián legal.

>>Hola, Albus. Lindo día para lanzar protecciones, ¿verdad?

—Un día encantador —contestó el anciano, alegre.

Severus murmuró algo pero nadie pareció entenderle.

—¿Quién es el cuarto elegido para tu ceremonia, Harry? —preguntó el señor Weasley, pensando que tendrían que esperar a alguien más. El joven, avergonzado por sus malos modales como anfitrión, comenzó las presentaciones.

—Lo lamento, pensé que usted y el profesor Flitwick ya se conocían —se disculpó.

Filius y Arthur rieron. Albus rió entre dientes. El más joven de los presentes miró alrededor para averiguar la causa de la repentina diversión. Sev, tan impasible como siempre, no ayudó.

—No te vi ahí abajo, Fil —rió Arthur, mientras alzaba la cobija lo suficiente como para ver al diminuto mago parado frente a él.

Harry se encaminó a su habitación para colocar la cobija en la cama. Cuando regresó, el señor Weasley le entregó una pequeña caja adornada. Era para la repisa de la chimenea, y estaba llena de polvos flu.

—Esto es de mi parte, Harry. Es mi manera de decirte que siempre serás bienvenido en nuestro hogar —declaró, esperando que su regalo fuera satisfactorio.

Harry le agradeció efusivamente, colocando la cajita sobre la repisa. Pensó que era la primera vez que recibía un regalo del hombre. En los pasados siete años, todos los regalos de la familia eran hechos o cocinados por la señora Weasley. Sonrió, trazando con un dedo el relieve, agradeciendo en silencio a la familia que casi le había adoptado. Severus le observó atentamente, y su enfado disminuyó ligeramente.

El maestro de Pociones colocó un juego nuevo de pesas sobre una mesa, junto al obsequio de Albus, sin decir ni una palabra. Ahora, Harry estaba diciéndole a Dumbledore que había empezado a tomar medidas para mostrar los cinco puntos de la habitación que necesitaban protecciones.

Albus movió su mano ante él, interrumpiéndole. Sacó una gran piedra redonda de una bolsa que nadie había visto llevar al anciano. Parecía una especie de reloj de sol, pero en lugar de la esfera tenía un prisma sobresaliendo del centro. Filius convocó una pequeña mesa para que Albus colocara la piedra.

—Si gustas, Arthur —ofreció el Director.

Harry observó con interés mientras el amigo de su padre lanzaba un hechizo, haciendo que el techo pareciera tener un enorme agujero, permitiendo que la luz del sol saturara la habitación. Mientras el sol brillaba en el recinto, en prisma reflejó varios colores en las paredes que les rodeaban. Dumbledore prestó poca atención a los pequeños puntos de color en la pared, pero sí tomó nota de los cinco haces de luz que salían desde el centro. Filius agitó su varita, y parecía que nada había sucedido, hasta que Albus cubrió la piedra con ropa, haciendo que los pequeños reflejos de luz desaparecieran y dejando solamente los cinco grandes haces de luz extendiéndose a través de las habitaciones. El hechizo que había lanzado Filius no sólo mantenía los cinco haces brillando, sino que el brillo atravesaba las paredes, de forma que si se entraba en la siguiente habitación, la luz todavía podría ser vista golpeando hasta la pared del fondo.

>>Necesitaremos algo de espacio aquí. Arthur, puedes empujar el sofá un poco hacia atrás, mientras Severus y Harry llevan esta mesa a la otra habitación —dirigió el anciano. Le explicó a Harry que era preferible que no utilizaran magia para mover la mesa una vez que el proceso había comenzado, reservando toda su fuerza mágica para la Ceremonia de Protección. El joven comprendió, aunque aún se preguntaba si el Director no les estaría dando oportunidad de estar un momento a solas. En silencio, Severus tomó un extremo de la mesa, mientras Harry aferraba el otro. El muchacho asintió para indicar que estaba listo, y ambos alzaron la mesa. El Gryffindor no tuvo problemas ya que estaba bastante en forma, y notó que Severus elevaba su extremo rápidamente y sin esfuerzo aparente. Su mente vagó hacia los tiempos en que el Profesor, siendo un adolescente, podía levantarle con facilidad para llevarle a la cama. Eso le había sucedido cada vez que veía la evidencia del poderío de Severus. Estuvo tentado a hacer un comentario sobre la rapidez con que había conseguido tenerle en su dormitorio, pero recordó que el hombre había estado bastante malhumorado el último día, y que no había hablado con él para disculparse por el incidente de la chimenea.

—Severus, lamento haber hecho algo tan estúpido como encender la chimenea. Pensé que habías dicho que era privada —se disculpó Harry, apresurando las palabras para conseguir exponer todo antes que pasara demasiado tiempo—. Has estado muy enojado desde entonces, e imagino que es porque yo te ocasioné un montón de problemas —declaró, abatido.

—Yo dije que la red flu era privada. ¿Asumiste que Albus era la única persona lo bastante cercana a mí como para permitirle el acceso? —Severus sonrió mientras observaba las diferentes emociones que cruzaban el rostro del muchacho.

Harry se paró en silencio, procesando lo que el hombre acababa de decir. Sí, había pensado que Albus sería el único. ¿Quién era ese hombre? ¿Era un amigo? ¿Un amante? No se le había ocurrido que era posible que Severus tuviera un amante antes de las vacaciones en que estuvieron juntos. No, no podía ser, se dijo. Severus nunca le hubiera besado en el almacén, ni le hubiera permitido tantas libertades la noche que había sido herido. Por tranquilizadores que fueran dichos recuerdos, no podía evitar pensar en que había una posibilidad real de que el hombre de la chimenea hubiera sido una vez su amante. ¿Alguien más querría a Severus? Le asustaba que pudieran evitar que tuviera a Sev si alguien más conocía sus deseos. Nunca dejes que vean que te estás divirtiendo.

Severus había estado muy entretenido al ver las emociones que se mostraban tan claramente en el rostro juvenil, pero lo único que quería era que fuera más cuidadoso en el futuro; le perturbó cuando la expresión del rostro se tornó en culpa y aflicción.

—Soporté una situación ridículamente embarazosa por tus acciones, pero te aseguró que no se hizo gran daño —no había pensado dejarle en paz tan rápido, pero no le gustaba la expresión del rostro del muchacho. ¿Qué había estado pensando?

—¿Estás enojado por algo más entonces?

Negó con la cabeza. Había estado enojado, pero no podía decir que fuera con Harry, sino principalmente consigo mismo por no ser una mejor persona ahora que el joven se había enamorado de él. Él merecía algo mejor. Con un suspiro, se resignó al hecho de que su enojo, sin explicación para Harry, no tenía sentido; no servía a ningún propósito. Eventualmente, el Gryffindor le conocería mejor, y él tendría que lidiar con las consecuencias cuando eso sucediera.

—No, no estoy enojado contigo —replicó hoscamente.

Harry sonrió ampliamente; era lo único que podía hacer para evitar lanzarse en los brazos del hombre. Dejó un casto beso el los labios de Sev antes de caminar confiado de regreso al salón.

Albus le observó emerger de la habitación con una amplia sonrisa.









“No es el árbol, ni la chimenea.
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MensajeTema: Re: Death Eater takes a Holiday. Capítulo 33. Levantando protecciones   Lun Dic 05, 2016 10:24 pm

hay este Sev ta taciturno porque no explicas de una vez lo que ocurre así te evitarías unos cuantos problemas.

Pero mira que puntada salio Harry una banana bien pensado Potter mira como pusiste en apuros a Sev jajajaja esa escena fue muy divertida y la cara de la maestra con jugo genial mira que Sev sabe como callar a la gente jajjajaja
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Death Eater takes a Holiday. Capítulo 33. Levantando protecciones
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