La Mazmorra del Snarry


 
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 Death Eater takes a Holiday. Capítulo 32. Revelaciones inesperadas

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alisevv

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MensajeTema: Death Eater takes a Holiday. Capítulo 32. Revelaciones inesperadas   Dom Dic 06, 2009 3:32 pm


Death eater takes a holiday
Capítulo 32

Revelaciones inesperadas



Se acomodó en el asiento, atrayendo a Harry con él. La mano que había estado trazando la cicatriz ahora se enredaba perezosa en el cabello. Mientras el joven remoloneaba, sintió un beso sobre su cabeza, y escuchó a Severus hablar.

—Hermoso.

Severus siguió acostado por una hora, todavía abrazando a su hermoso joven mientras dormía, escuchando el sonido de los latidos de su corazón y su respiración. Eran alrededor de las cuatro de la madrugada, y el Profesor sabía que no debía dormir hasta que Albus le sanara. Si se quedaba dormido, el hechizo de presión no se mantendría y podría desangrarse hasta morir. Se mantuvo despierto, acostado, abrazando a Harry, pensando en todo lo que había descubierto esa madrugada.

Harry había sido franco y le había contado muchas cosas que debían haber sido muy difíciles de divulgar. Obviamente, la había pasado realmente mal luego del Torneo de los Tres Magos. ¿Habían abandonado al muchacho con sus parientes después de esa prueba tan dura? Se tensó al recordar lo que Harry le había dicho durante las vacaciones. La señora Weasley había insistido en que fuera a terapia luego que su padrino hubiera sido asesinado después del ataque a su casa. Había transcurrido un año desde la quemadura. ¿Su familia lo habría tratado igual de mal todo ese tiempo? Sí, la imagen del pensadero, ciertamente mostraba que había estado sujeto a un comportamiento abusivo incluso desde antes que cumpliera los diez años. Un bombillo como regalo de cumpleaños, de hecho. Harry nunca admitió abiertamente que había sido abusado o golpeado, pero le había dicho que había enviado una carta a Sirius cuando las cosas se pusieron mal. ¿Cuánto? ¿Un metal rodeando su cuello hasta quemarlo no era suficientemente malo? Eso había sucedido en año anterior. Salió de sus reflexiones cuando Harry habló.

—¿Siempre frunces el ceño cuando abrazas?

—No.

—¿No frunces el ceño o no abrazas? Sé que puedes verte contento, te he visto cuando cabalgas. Te ves muy bien vestido con cuero, por cierto. Y sé que puedes abrazar —comentó, deslizando una mano alrededor de la del hombre—. Ahora, la pregunta es, ¿puedes hacer ambas cosas a la vez? —Harry estaba bastante seguro de que Severus había estado pensando sobre lo sucedido en Privet Drive.

El hombre levantó la vista hasta la grandiosa criatura que prácticamente estaba trepada sobre su regazo.

“¿Le gusto vestido de cuero?”

Su respiración se hizo más difícil mientras sentía como Harry frotaba la nariz contra su cuello, sus manos subiendo hasta su nuca y enredándose en su pelo.

—¿Recuerdas que dije que esta noche nada pasaría entre nosotros? ¿Qué crees que estás haciendo? —preguntó con calma.

—Sí, lo recuerdo —musitó, sus palabras lanzando aire caliente sobre su nuca—. Sólo te estoy abrazando.

Sonaba inocente, pero se retorcía sobre el regazo de Sev, quien no hizo movimiento alguno para detenerle pero tampoco correspondía. Se relajó en el sofá, permitiendo que Harry le acariciara con la nariz, dejando pequeños besos que cubrían cada pulgada de su cuello. El joven deseaba excitarle, pero no quería ir demasiado rápido. Si lograba conseguir que se calentara y se fastidiara, el hombre le atacaría. Bueno, tal vez no, pero al menos le besaría nuevamente. O así esperaba.

Continuó besando y lamiendo el cuello de Severus. Ocasionalmente, se atrevería un poquito más, tomando en su boca el lóbulo de su oreja, preocupándose del dulce bocado por algún tiempo antes de regresar al largo y elegante cuello, que suplicaba por ser succionado. No pasó mucho tiempo antes que estuviera montado a horcajadas sobre el hombre, impactado de que Severus no se hubiera unido ni una vez a su festín unilateral de besuqueos. Había sido muy cuidadoso de no dejar marcas en el esbelto cuello que estaba devastando, y se detuvo sólo cuando el Maestro le sobresaltó con una sacudida. Harry se enderezó rápidamente.

—¿Qué sucede? —indagó, preocupado. El hombre parpadeó varias veces.

—Nada. Sólo me atrapé dormitando.

“¿Dormitando?”, pensó el muchacho con incredulidad. ¿Había estado atacando su cuello por lo que parecía una eternidad y el hombre estaba dormitando? De repente, se avergonzó de estar sentado a horcajadas sobre su regazo, y por primera vez se dio cuenta que no sentía absolutamente nada debajo de él. Severus no estaba ni ligeramente duro.

—Supongo que debería irme para que puedas dormir un poco.

Severus notó su expresión herida mientras saltaba de su regazo. Alargando la mano, alcanzó la manga de la túnica de Harry y le jaló de vuelta al sofá, hasta que lo tuvo sentado a su lado. Mirando su reloj, comentó:

—Alrededor de cuarenta y cinco minutos; eres persistente —dijo, riendo, mientras era obvio que Harry no entendía—. Me preguntaba cuanto tiempo te tomaría darte por vencido, o arrancarme la túnica. Aprecio que te hayas contenido en eso último.

La expresión herida de Harry ahora se había perdido en algún punto entre la frustración y la furia.

—Para lo que sirvió —murmuró Harry.

El hombre pasó un brazo a su alrededor y apretó sus hombros.

—Harry, tomo una poción antes de cada reunión de Mortífagos para asegurar mi impotencia. No hubieras podido conseguir que esto se levantara ni bailando desnudo, coreando Wingardium Leviosa —declaró, apuntando hacia su regazo. El joven se mordió el labio, pero se echo a reír a pesar de sí mismo—. Si te hace sentir mejor, alrededor de las ocho y media, en mitad del desayuno, el efecto de la poción desaparecerá y sufriré una dureza agonizante por todo el esfuerzo que le has estado poniendo.

Harry le miró, avergonzado.

—No iba a presionar, pues dijiste que no querías que tonteara, pero tenía la esperanza de tentarte.

—De no haber sido por la poción que tomé, nunca hubiera sido tan tonto como para traerte solo a mis habitaciones. Puedo ser un hombre de palabra, pero sigo siendo un hombre, después de todo —sonrió al ver que el joven se estremecía ante sus palabras.

—Odio decirlo, pero de todas formas te ves demasiado cansado para ‘levantarte’ —bromeó Harry.

—Después de unas cuantas tandas de cruciatus y una sonora paliza, estoy en los límites de la fatiga. Eso y que he estado sosteniendo un hechizo de presión contra mi pecho por horas. Puede que tenga que recurrir a contener la maldita cosa a mano cuando esté demasiado cansado para sostener el hechizo.

—¿No hay un encantamiento que te permite mantenerte despierto? ¿No lo mencionaste cuando yo estaba en la enfermería?

—Sí, pero no puede ser hecho dos veces en un periodo de diez horas, y lo más probable es que lo necesite para la hora del almuerzo. No tiene sentido tomarlo ahora, cuando puedo mantenerme despierto —para entonces Severus había quitado el hechizo de presión y puesto su mano sobre el vendaje para mantener presión manual sobre la herida.

—¿Necesitas mantenerte despierto, o sólo mantener el corte cerrado? ¿No podría yo mantener la presión para que tú lograras dormir un rato?

—No lo creo —contestó, rotundo.

Harry ignoró el tono, achacándolo al agotamiento y a Severus siendo Severus.

—¿Por qué no? Puedo mantenerme despierto, confía en mí. Pasé la mayor parte de mi quinto año evitando dormir. No permitas que toda esa práctica se desperdicie —suplicó.

Severus suspiró

—Harry, no es que no confíe en ti, pero incluso aurores bien entrenados se han quedado dormidos mientras vigilaban —argumentó con seriedad, para luego agregar—: ¿Si me desangrara, quién quitaría puntos a Gryffindor?

Lentamente, Harry levantó la túnica de Severus e inspeccionó la herida. El hombre también tenía curiosidad por ver si seguía igual después de todo ese tiempo, así que le permitió que retirara la gasa durante un breve momento. Harry mantuvo el rostro impasible mientras examinaba el área como había visto hacer a Poppy tantas veces en los pasados siete años. La sangre empezó a fluir de nuevo lentamente, así que volvió a cubrir la zona herida.

—Por la longitud y profundidad de la incisión, diría que tomaría una hora para que te desmayaras por la pérdida de sangre. Por qué no pones la alarma para dentro de treinta minutos, así, si me quedo dormido, vivirás para quitarme un montón de puntos.

Severus sopesó sus opciones. Estaba cansado. Harry parecía bastante despierto, y su idea tenía un mérito. Le perturbaba que Harry estuviera tan confiado y hablara con tanta autoridad acerca de cuánto tiempo tardaría en desmayarse. Pero en ese momento estaba demasiado cansado para pensar en lo que eso significaba. No creía que pudiera dormir en compañía de alguien más, pero casi lo había hecho mientras estaban recostados juntos un rato antes. Al final, ganó la fatiga, y Harry se sentó tranquilamente a su lado para mantener una firme presión sobre el vendaje.

En realidad, Harry era un profesional en mantenerse despierto. Después de abordar los asuntos que plagaban sus sueños en la terapia, raramente sentía la necesidad de mantenerse despierto durante la noche, pero aún podía hacerlo y muy bien. Después de reajustar la alarma por tercera vez, Severus había conseguido noventa minutos largos de sueño, y Harry se sentía feliz de poder hacer eso por él.

El aburrimiento y la curiosidad pronto se adueñaron de él, y decidió revisar la herida de nuevo. ¿Qué era lo que Albus tenía? ¿Podía sanar a Severus pero Poppy no? Sev había mencionado que no era un hechizo complicado, pero que Dumbledore tenía capacidades interiores para ejecutarlo sobre él. ¿Estaría relacionado con su linaje? Se había preguntado qué le hacía a él mismo tan especial como para ser el único que podía deshacerse de Voldemort. Y Dumbledore era la única persona a quien el Señor Oscuro temía. Entonces, ¿Dumbledore y él tendrían alguna cosa en común? ¿Sería él alguna pequeña rama del árbol familiar del anciano?

—¿Una ramita? —musitó.

Se concentró en recordar los diferentes hechizos del capitulo correspondiente a sanación en su libro de texto. Recordaba un encantamiento bastante bueno para curar este tipo de cortes, pero no estaba seguro de que fuera suficiente. Quizás debería ejecutar el hechizo de limpieza y sanación, así prevendría una infección. Pensó que lo más seguro era que Severus se hubiera lavado antes, pero no era cuestión de arriesgarse. Recitó el hechizo en su cabeza varias veces antes de lanzarlo. Era perturbador ver la cantidad de sangre que había goteado durante ese breve tiempo. Tanto la túnica de Sev como la de él mismo estaban pegajosas, pero no permitió que eso le distrajera mientras lanzaba el hechizo. Fue bastante satisfactorio observar como la herida se cerraba, completamente sanada. Quedó una cicatriz visible, y la vieja cicatriz justo detrás de la nueva sobre el pecho masculino. La herida había sido hecha con una navaja combinada con magia; la intención era dejar la cicatriz como recordatorio.

Harry nunca había sido del tipo resistente a la curiosidad. Siempre había ganado su sentido común, pero no pudo resistir el deseo de mirar. Apartando la túnica para poder contemplar todo el pecho, fijó la mirada en Sev. No pareció notar las diversas cicatrices diversas a lo largo del torso, pero notó cada cambio que su cuerpo había sufrido desde su figura de dieciocho años. Todavía era bastante lampiño, pero ahora tenía un pecho más amplio. Sus pectorales estaban bien definidos. No pudo resistir la urgencia de correr sus manos por ellos; casi rió al darse cuenta que los pezones no se endurecieron ni siquiera cuando los apretó.

“Debe ser una buena poción esa que toma Severus para evitar excitarse.”

Notó que ya no poseía ese cuello escuálido de adolescente que él mismo todavía conservaba. Se estremeció al pensar en la posibilidad de verle completamente desnudo. Ahora era un hombre adulto. Apenas podía esperar hasta poder verle por completo, sentirle contra su propia piel. En ese momento hubiera estado duro de no ser por la perturbadora cantidad de sangre que había sobre ellos.

Deseaba ir a lavarse, pero no estaba listo para dejar a Severus todavía. Mantuvo una mano sobre su corazón, en el sitio donde había estado la herida, asegurándose que había desaparecido por completo y nunca regresaría. Sus pensamientos se desviaron hacia Dumbledore, tomando nota mental de que la próxima vez que le viera, tendría que preguntarle si eran parientes. ¿Le contaría Albus qué era lo que le había permitido salvar a Severus? Mientras Harry había necesitado mantener al hombre con vida, no había tenido problema en mantenerse despierto, pero ahora la tensión había desaparecido. Habían pasado horas. Si hubiera habido ventanas en las mazmorras, seguramente en ese momento podría haber observado el sol elevándose. Ni siquiera notó cuando sus párpados comenzaron a caer.

Severus se despertó sobresaltado. Se sentía más descansado de lo que había pensado que fuera posible; no había manera de que sólo hubiera dormido treinta minutos. Al recordar cómo Harry había reajustado el reloj cuando Ron estaba durmiendo en la enfermería, supo exactamente porqué se sentía tan descansado, pero dado que todavía estaba vivo, supo que no debía haber pasado demasiado tiempo. Hubiera disfrutado el ver a Harry durmiendo tan pacíficamente sobre su pecho si no hubiera tanta sangre entre ellos. El joven gimió y se movió ligeramente, volviendo la cabeza. Tuvo el desagradable recuerdo de que Harry lucía igual que la noche que le sacó de su casa de Privet Drive, la noche que Sirius había sido asesinado. A sus sentimientos de esa noche, ahora se mezclaba la decepción. Había contado con que Harry permanecería despierto.

“¿Cómo pude haber sido tan tonto?”, pensaba.

Harry despertó con un sobresalto, gruñendo cuando casi fue lanzado al piso mientras Severus se levantaba.

—Oh, lamento haber perturbado su sueño, señor Potter, pero debo ir a ver a Albus mientras todavía me queda algo de sangre —su voz destilaba sarcasmo.

—No amaneces de buen humor, ¿verdad, Sev? —Harry no estaba particularmente preocupado por el tono del otro. Estaba seguro que cuando se diera cuenta de que ya no estaba sangrando, se tranquilizaría. Quizás debería prepararle el desayuno.


“Con suerte, a Sev no le molestará que utilice su cocina”

Harry escuchó que la puerta de la habitación de Severus se cerraba de un portazo, recordando que le había dicho antes que la chimenea de su salita de estar estaba conectaba a la red flu, y la había mantenido cerrada para no ser molestados. No hubiera sido grato que la cabeza de Lucius Malfoy apareciera en el fuego para hablar con Severus y se encontrara a Harry Potter sentado en el sofá. La chimenea de la habitación era separada, y la utilizaba para hablar con Albus. Harry se echó a reír pensando que era como tener un número de teléfono privado, pero para los magos. Giró la cabeza al escuchar un chasquido distintivo, pera ver a Dobby detrás del sofá.

—¡Buenos días, Harry Potter! El profesor Snape dijo que necesitaba limpiarse. Está hecho un desastre.

—Buenos días, Dobby.

—El profesor Snape ordenó a Dobby que le dijera que se bañara, y me mandó que le trajera la capa de su padre, para que pudiera partir con seguridad.

Harry se sentía decepcionado; eso significaba que no podría prepararle el desayuno a Sev. Dobby desapareció con un chasquido, prometiendo regresar en un rato con la capa de invisibilidad, para darle tiempo a que se aseara. Además, le recordó que Snape había dicho que no tocara nada. Harry se preguntó si se suponía que debía tomar la ducha con los poderes de su mente o se le permitía utilizar las manos. Riendo de su propio chiste, entró en la habitación de Severus para ir al baño. El cuarto era sencillo pero decorado con muy buen gusto. Una suntuosa alfombra blanca que hacía que quisiera descalzarse y meter los dedos entre su tejido combinaba con los muebles de madera de color claro.

Ahora que no estaba acostado al lado de Sev, se dio cuenta de cuan frías estaban las habitaciones. Severus había bajado la temperatura más de lo habitual para no quedarse dormido. No creía que el hombre apreciara que cambiara nada, así que trato de ignorar el frío. Dejó caer su túnica sucia en la alfombra, para limpiarla más tarde. Sólo deseaba relajarse bajo una agradable ducha caliente. Era un lujo poder tomar una ducha sin gente alrededor; realmente, apenas podía esperar a tener su propio lugar. Impactado por su reflejo, se dio cuenta que se había acurrucado contra Severus durante el sueño, pues tenía sangre en un lado de su cabeza.

“Debe ser por eso que Severus se veía tan molesto cuando se levantó”, se dijo Harry, malinterpretando la reacción del hombre.

Salió de la vaporosa ducha y se cubrió con una enorme toalla que encontró colgada de un gancho tras la puerta. Había planeado lanzar un hechizo a su ropa para limpiarla, pero cuando entró nuevamente en la habitación, el aire frío le golpeó y se rodeó más con la toalla. Se sentó unos minutos en la cama, frente al baño, esperando para acostumbrarse a la temperatura antes de hacer movimiento alguno.

—Al demonio —musitó, antes de sacar su varita y encender un fuego. Con un giro de muñeca, el fuego estaba centelleando, caldeando la habitación muy agradablemente. No tenía que preocuparse porque Albus se mostrara para hablar con Severus, ya que estaban juntos. No que le preocupara realmente si lo hacía. Vivió con Albus el verano que había sido sacado de Privet Drive; todavía tenía algunas cosas en la habitación de la torre cerca de su oficina. Su chimenea en esa habitación también era privada; sólo Albus podía hablar con él vía flu. Empezó a vestirse y se detuvo, dejando la maldita túnica en el piso. No se sentía bien tocándola en ese momento, y de todas formas no se podía ir hasta que Dobby regresara.

Con la habitación calida y acogedora, no pudo dejar pasar la oportunidad de acostarse un ratito. Apenas había dormido unas pocas horas, y el edredón se veía tan invitador; parecía que sería suave y terso contra su piel. Dobby le despertaría cuando regresara. Sobre su estómago, relajado, disfruto del aroma de Severus en la almohada. Su cabello seguía largo del hechizo de la noche anterior y se extendió sobre la almohada. “Muy agradable”, pensó.

—¡¿A qué jodida hora encendiste la chimenea, Snape?!

Harry se congeló. La cabeza de alguien estaba en el hogar, pero no podía ver quién, y no se atrevía a girarse. Con su cabello largo, era muy posible que no fuera reconocido.

“¿Qué demonios hago ahora?”

Se le ocurrió que esa persona podría entrar a través del fuego si lo deseaba, y él no tenía modo de saber si estaría del lado de la Luz o sería un Mortífago. Fingir que estaba dormido no era la mejor opción, así que tomó su varita y se zambulló en el baño, lanzando un hechizo de cerradura.

El hombre de la chimenea se dio cuenta que el de la cama era demasiado pequeño para ser Severus Snape. Al ver que desaparecía de la vista, sonrió de oreja a oreja.

“Esto va a ser divertido”, pensó. No había pillado a Snape en un enredo desde hacía un buen tiempo.


En la alta torre donde residía el Director, Severus Snape le estaba explicando que nuevamente necesitaba ser sanado, como tantos años atrás. Los ojos azules lucieron cansados mientras Albus regañaba a su niño por no venir antes, determinado a convencer a Severus de su propia valía. El mago más joven ya estaba haciendo un buen trabajo reprendiéndose a sí mismo, murmurando algo sobre quedarse dormido y ser un tonto. Miraba al frente para evitar el contacto visual con el anciano. Albus apartó la venda del corazón de Severus para revelar la herida sanada. Observando la túnica manchada, notó que la sangre estaba casi seca. El brillo regresó a sus cansados ojos. Presionó la venda y le pidió que se sentara. El maestro de Pociones suspiró; era una audiencia cautiva y tendría que escuchar un discurso si deseaba ser sanado. Continuó presionando el vendaje y se sentó en la silla ofrecida.

—Dime por qué estás tan molesto, Severus —pidió con voz suave.

El hombre bajó la vista con incredulidad hacia su túnica manchada de sangre y luego la regresó hasta el anciano.

—Simplemente, estoy enojado conmigo mismo por ponerme en esta situación.

—¿La situación en la que necesitas pedir ayuda, o la situación que involucra a Harry?

Severus abrió los ojos ligeramente.

—Harry no tiene nada que ver con esto —contestó agriamente.

—¿No?

—Albus, no estoy de humor para juegos —advirtió, frotando sus sienes, un fuerte dolor de cabeza estaba comenzando.

—No son juegos, Severus —replicó el Director tranquilamente—. Tal como declaraste, estás molesto contigo mismo por colocarte en esta situación y, aparentemente, por haberte quedado dormido. Lo primero estaba fuera de tu control, así que no vale la pena preocuparse por eso. Lo otro, sin embargo, es un asunto distinto. ¿No tomaste precauciones para no quedarte dormido, tomando en cuenta las consecuencias?

—Pensé que lo había hecho —replicó, cortante.

—Muchos años atrás, te disgustaste al descubrir que Vincent no era capaz de curarte. Te sentiste herido, pero después admitiste que estar libre de esa relación era lo mejor, y nunca te arrepentiste.

—¿Y tu punto es? —replicó con rudeza. Le impresionaba que después de todos esos años Albus todavía recordara el nombre de Vincent, aunque difícilmente lo admitiría. Su propio padre no podía recordarlo ni cuando Severus todavía estaba saliendo con él.

—Mi punto —repitió el anciano, ni un poco molesto por el irrespeto del hombre—. ¿Quizás necesites dormir más? Algunas cosas pasan para bien —recibió un ceño fruncido como respuesta—. ¿Sientes dolor?

El ceño de Severus disminuyó ligeramente mientras pensaba en eso por un momento. Había estado tan apurado por buscar a Albus, y alejarse de la decepción provocada por Harry, que ni siquiera había notado que el dolor se había ido. Capturando la cálida sonrisa de Albus y el brillo de travesura en sus ojos, Sev bajó la vista y apartó el vendaje. No podía creer lo que sus ojos estaban viendo. La herida había desaparecido, dejando una cicatriz en su lugar, igual que la otra cicatriz de años atrás.

—¿Tú… cómo…? —preguntó, tomando aire.

—Yo no. Ya estabas curado cuando llegaste a mí —afirmó Albus.



Harry estaba parado en el cuarto de baño de Severus, una mano en el picaporte y la otra en su varita. Se relajó ligeramente al escuchar un chasquido familiar. En efecto, Dobby estaba tocando la puerta, anunciando que había regresado con su capa de invisibilidad. Después de convencerse que el fuego estaba vacío de cabezas extrañas que buscaran a Severus, se aventuró a salir. Al menos parte de él estaba fuera. Dobby observó con impaciencia mientras el brazo derecho de Harry se deslizaba a través de la pequeña abertura. Con un giro de muñeca, la red flu quedó cerrada. Suspirando, el resto de Harry entró a la habitación, aliviado al ver que Dobby estaba sosteniendo su túnica limpia. Estuvo tentado de aceptar la oferta del elfo de ir a servirle.

—¡Ey! —chilló la criatura, y le miró como disculpándose por su reacción—. No esperaba que usted llevara tan poca ropa mientras está en los aposentos personales del Profesor.

—Oh, sí, bien —murmuró Harry, cuando se dio cuenta que no estaba muy vestido—. Es que no había planeado quitarme la túnica hasta estar en mi habitación —mintió.

Dobby confirmó que la costa estaba despejada. Harry pronto estuvo de regreso en la torre Gryffindor. Hermione y Ginny eran las únicas despiertas tan temprano. La mayoría estaba recuperándose de las festividades de la noche anterior. Harry se deslizó dentro al tiempo que se quitaba la capa de invisibilidad.

—¡Perro! —exclamó Ginny al darse cuenta que todavía vestía la túnica de gala—. ¡Ni siquiera te duchaste! ¿Dónde dormiste anoche?

Sobre él, estuvo tentado de contestar.

—¿Quién durmió? —replicó con una sonrisa. Ginny prácticamente chilló.

—¿Qué? ¡Dime con quién estuviste! —exigió.

—¿Parezco el tipo de individuo que besa y cuenta?

—Es mejor que no seas esa clase de individuo —interrumpió Hermione—. ¿Vas a ir a desayunar?

—Sí, no me lo perdería por nada del mundo —contestó, pensando lo que sucedería cuando el efecto de la poción sobre Sev terminara en mitad del desayuno. Apenas podía aguardar a ver cómo se retorcía—. Voy a subir a cambiarme.

Dio la vuelta y subió escaleras arriba. Las chicas le observaron partir.

—¿Qué crees, tanga o boxers? —preguntó Ginny, revisando el trasero de Harry mientras trepaba las escaleras.

—Podría ser una tanga —comentó Hermione, insegura.



Harry abrió la puerta con cuidado para evitar despertar a sus compañeros de dormitorio. Se sorprendió de que todas las cortinas estuvieran cerradas; incluso las de la cama de Neville. Habitualmente, Nev era el primero en levantarse. Ignoró el hecho, probablemente era consecuencia de mucha fiesta, y se quitó la túnica, permitiendo que se deslizara hasta el piso.

—Y el ganador es: Bikinis de Satín Negro. ¡Paga, Seamus! —gritó Dean desde su cama.

Harry bajó la cabeza, sacudiéndola con incredulidad. No pudo evitar reír ante las payasadas de sus compañeros. Seamus abrió sus cortinas, mirando a Harry con un ceño fingido.

—Me acabas de costar diez sickles, Harry —se quejó—. Yo había apostado que estarías en cueros. Deberías haber visto a Parvati Patil escupiendo su refresco cuando te inclinaste a recoger el pañuelo de Mione. Una adecuada cantidad de ojos estaban sobre tu trasero la pasada noche, Harry.

—No creo que me guste la idea de que mis compañeros de cuarto apuesten sobre mi ropa interior, o la falta de ella —se sacudió el trasero antes de ponerse los pantalones.

Dean explicó que las chicas habían comenzado, y él no había podido resistir a la oportunidad de conseguir algo de dinero fácil. Luego les hizo creer que se estaba desmayando, y Ron les gritó que se callaran la boca para poder seguir durmiendo.

—¿Y tú, Neville? —indagó Harry.

El aludido miró alrededor con vergüenza.

—Aposté ocho a que eran boxer tipo short. Ya sabes, esas cosas largas que llevas cuando juegas quidditch.

Harry se pavoneo hacia la cama de su amigo.

—Nev, no sabía que notabas esos detalles —bromeó. Neville se puso escarlata—. Ahora sé porqué apretaste mi trasero en la pista de baile —agregó.

Los ojos del otro chico se abrieron de par en par.

—¡Yo no hice eso!

—Relájate, Nev, sólo estaba bromeando —el aludido dejó escapar un suspiro de alivio y se entretuvo en rehuir el contacto visual. Dean y Seamus se echaron a reír y, aparentemente, pensaron que Ron había tenido una buena idea; ambos cerraron sus cortinas una vez más, decidiendo saltarse del desayuno de esa mañana. Harry detuvo a Neville a mitad de las escaleras.

—¿Eres hetero, Nev? —preguntó con seriedad.

—Supongo —se encogió de hombros—. Es sólo que a veces noto cosas.

—¿Cómo mi trasero? —sugirió con tono ligero.

—Sí, eso, y que Ginny también tiene uno lindo.

—No te preocupes por eso, ya lo comprenderás —puso un brazo sobre sus hombros—. Y no dejes que Ron escuche que le estás mirando el trasero a Ginny —advirtió. Neville sacudió la cabeza, mostrándose de acuerdo.

—¿Tú y Neville? —interrogó Ginny cuando los vio caminando juntos. Neville se puso escarlata.

—No, a pesar del hecho de que Nev luce bastante sexy estos días, yo tengo mis miras en otra parte —contestó Harry tranquilamente. Su amigo, todavía con ocho tonos de rojo por el cumplido, decidió tomar la oportunidad para abrirse.

—¿Te gustaría desayunar conmigo, Ginny? —la chica tomó el brazo ofrecido y ambos se encaminaron hacia el Gran Comedor. Harry levantó su brazo en un gesto similar.

Hermione lo tomó y descansó la cabeza sobre su hombro.

—Tú eres mejor que el tipo de individuo que besa y cuenta —susurró mientras caminaban detrás de los otros dos.















“No es el árbol, ni la chimenea.
La Navidad es el calor que vuelve al corazón de las personas,
la generosidad de compartirla con otros
y la esperanza de seguir adelante”
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Última edición por alisevv el Lun Sep 13, 2010 9:45 am, editado 5 veces
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milisnape
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MensajeTema: Re: Death Eater takes a Holiday. Capítulo 32. Revelaciones inesperadas   Jue Dic 10, 2009 1:45 pm

Ohhh!! dioss hace tiempo que esperaba una actualizacion.

Pense que la tierra te habia comido (no t creas xDDD)

Very Happy Solo comento...aun no leo...sera ya que salga de vacaciones Very Happy

Y todas las q leemos la fick qeremos (si es k puedes) q subas en vacaciones xDD

Jjajaja nadie te obliga!!!

De verdad amo la fick...todas tus ficks...y hasta las que traduces!!!

Sale me voy

Buen dia y feliz navidad
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elamordesnarry
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MensajeTema: Re: Death Eater takes a Holiday. Capítulo 32. Revelaciones inesperadas   Lun Dic 05, 2016 9:50 pm

Siempre he querido que Harry le dijere en ese momento que ya estaba curado y ver la expresion de Severus al percatarse de que Harry lo curo y enfrentar en ese momento los sentimientos de Harry, sin embargo lo único que hizo fue irse a refugiar a los brazos de Dumby jajaja y me encanta como este le rebate todos sus argumentos lógicos jajajaja genial Dumby
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MensajeTema: Re: Death Eater takes a Holiday. Capítulo 32. Revelaciones inesperadas   

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Death Eater takes a Holiday. Capítulo 32. Revelaciones inesperadas
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