La Mazmorra del Snarry


 
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 Death Eater takes a Holiday. Capítulo 29. Formalidades, por los pelos, y un secreto

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alisevv

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MensajeTema: Death Eater takes a Holiday. Capítulo 29. Formalidades, por los pelos, y un secreto   Dom Dic 06, 2009 3:19 pm


Death eater takes a holiday
Capítulo 29

Formalidades, por los pelos, y un secreto



Los pasillos de Hogwarts bullían hablando de la ceremonia de los alumnos de séptimo año y el verano por venir. Harry notó que las chicas conversaban sobre vestidos, y sobre cómo deseaban peinar sus cabellos. Algunos chicos trabajaban en conseguir una cita de último minuto. Él, por su parte, ansiaba que llegara una cita anterior, su clase particular con el profesor Snape. Cómo suele suceder cuando quieres que el tiempo avance rápido, esta vez, transcurrió a una velocidad agonizantemente lenta. Apenas podía aguardar a ver a Severus en su laboratorio fuera de horas de clase. Apenas podía esperar a salir de la escuela y vivir en su propio hogar. Libre para perseguir a Sev con fervor.

—Sirope de caramelo —dijo Harry cuando llegó a la entrada de la oficina de Albus.

—Adelante —concedió el anciano con una sonrisa—. Veo que ya estás recuperado —comentó feliz, presionando las puntas de sus dedos en un gesto de alegría. Harry se sentó frente a él. Apareció un servicio de té y el joven llenó las tazas. Se sentía más cómo familia que cómo invitado cuando le sirvió a Albus. El Director inhaló profundamente, aspirando la esencia de la bebida caliente—. Justo como me gusta —murmuró luego de dar un sorbo.

—El señor Jennins, mi nuevo casero, dice que puedo mudarme cuando quiera, así que todo estará listo para mí cuando termine la escuela.

—Maravilloso. Ya tengo listas las invitaciones para colocar tus protecciones. ¿Te gustaría verlas ahora?

—¿Invitaciones? —preguntó Harry, no muy seguro de lo que eso involucraba.

—Tradicionalmente, se les pide a tres o cuatro de los magos más poderosos de la familia, que coloquen las protecciones de un nuevo hogar. El mes pasado, recibí la invitación de una sobrina para que lo hiciera con la nueva casa de ella y su esposo. Habitualmente, una pareja elige a dos personas de cada lado, generalmente para conservar la paz entre las familias —explicó con el perpetuo brillo en sus ojos azules—. Puedes elegir a quien desees, pero si necesitas alguna indicación…

—¿Por qué no lo hacemos más fácil y me dices a quién debo invitar? —preguntó el chico con una sonrisa—. Espera, déjame adivinar. Tú y los profesores Snape y McGonagall.

Albus rió entre dientes y algunas migajas de la galleta que estaba comiendo cayeron sobre el escritorio.

—Cerca —dijo, levantando tres invitaciones—. Además de a mí mismo, sugeriría que invitaras a Filius Flitwick y Severus Snape.

—¿Por qué no a la profesora McGonagall? Dado que es mi Jefa de Casa, pensé que parecía más de la familia. ¿El profesor Flitwick es un mago más poderoso?

—No diría que es ni más ni menos poderoso que Minerva. Él es excelente lanzando encantamientos, y siempre me ha asistido al lanzar las protecciones de la escuela. La profesora McGonagall es la Subdirectora de Hogwarts. Ella y yo casi nunca dejamos el castillo al mismo tiempo. Dejaría a Hogwarts muy vulnerable.

—Oh —Harry se sintió como un tonto por no haberse dado cuenta de eso—. ¿Para quién es la tercera invitación?

—Para quien tú desees. No todos son invitados por su habilidad mágica. Un balance de energías son las mejores protecciones de un hogar. El profesor Flitwick puede crear la más intrincada red de magia para proteger tu casa, no por nada es el profesor de Encantamientos. El profesor Snape ofrece no sólo su muy poderosa magia, sino también su profundo conocimiento de la magia oscura, combinado con el deseo de protegerte. Puedes invitar a alguien sólo por lo que dicha persona represente para ti.

Harry pensó el asunto un buen rato, bebiendo té con Albus en un cómodo silencio. Cuando posó sobre el escritorio su taza vacía, expresó su decisión.

—Voy a invitar al señor Weasley —recibió una complacida sonrisa de Albus—. Mi primer pensamiento fue que él representa lo que debería ser una familia, pero, al vivir solo, no voy a necesitar preocuparme por valores familiares. Siempre me he sentido bienvenido en La Madriguera, y así es cómo quiero que mis amigos se sientan, bienvenidos a mi hogar.

Harry esperaba que fuera eso a lo que Albus se había referido al hablar de ‘una persona que representara algo para él’. A juzgar por su sonrisa y el brillo de sus ojos, había acertado; o al menos, estado cerca. Albus hechizó la última invitación con el nombre de Arthur Weasley. Las palabras fueron trazadas con una lujosa escritura en tinta púrpura.

Harry escuchó que alguien subía por la escalera de espiral con bastante rapidez, y segundos después un fuerte toque en la puerta.

—Adelante, profesora McGonagall —invitó el Director ante la puerta cerrada.

“¿Cómo hará eso?”, se preguntó Harry.

La puerta se abrió de golpe; efectivamente, se trataba de la profesora McGonagall.

—Albus, debes venir ahora. Oh, discúlpeme, señor Potter; no lo había visto. Al menos usted tiene una coartada sólida para esto.

—¿Qué sucedió, Minerva? Harry debe saber porqué debe estar agradecido de tener una coartada.

Por el momento, McGonagall no estaba complacida por las bromas del Director.

—Alguien ha colgado al señor Nott del aro más alto del campo de quidditch, y no viste nada excepto una cuerda alrededor de los tobillos. Hay varios objetos que parecen ser bludgers invisibles, hechizados para volar hacia cualquiera que se acerca lo suficiente como para intentar rescatarle.

Harry tosió para ocultar su risa, perdiéndose el tic en el rostro de Albus. Los mayores le instruyeron para que fuera a almorzar, mientras ellos se dirigían hacia el campo de quidditch para controlar a la muchedumbre y bajar al desgraciado muchacho.

En el Gran Comedor, la mesa Gryffindor estaba casi vacía, al igual que la mesa Slytherin, y las de las otras dos Casas se encontraban a medio llenar. Harry sólo podía imaginar el pandemónium que debía estar armado en el campo de juego justo en ese momento. Dos chicos se destacaban especialmente. Seamus y Dean eran los otros dos únicos chicos de séptimo en la mesa. Harry captó algo de su conversación a medida que se acercaba.

—Pasó ahí arriba su buen par de horas antes que alguien le extrañara. Apuesto que ahora está encantadoramente bronceado —comentó Seamus con una carcajada. Dean casi escupió el jugo de calabaza.

—¿Cómo saben ustedes dos cuanto tiempo ha estado allí arriba? —preguntó Harry, haciéndoles saltar—. Nadie le vió cuando subió.

Los ojos de Dean se abrieron como platos, pero Seamus, como siempre, encontró una rápida respuesta.

—Dean y yo no quisimos terminar la escuela sin gastar al menos una gran broma. Después de todo, nadie puede atacar a dos de nuestros compañeros de dormitorio sin sufrir las apropiadas consecuencias, ¿verdad? —terminó, haciendo un guiño.

Harry se inclinó y agradeció por la amable cortesía de esa venganza por lo que les habían hecho a Ron y a él. Dean rió; era divertido ver a Harry actuando juguetón, estaba de buen humor.

—Recuerda esto más adelante, cuando te ponga como referencia al aplicar para un trabajo este verano —comentó Dean.

Harry sonrió y arremetió contra su almuerzo.


La última clase del día era Encantamientos. Ron todavía tenía unos cuantos moretones de la lucha que había estallado es el campo de quidditch durante el rescate de Nott. Harry tenía la sensación de que las invitaciones salieron después del almuerzo, porque Flitwick anunció que ese día trabajarían en colocar protecciones. Fue una buena clase, y casi todos fueron capaces de colocar una buena protección en sus escritorios y bolsos escolares. Hermione confesó que había llevado una protección sobre su mochila escolar desde hacía año y medio aproximadamente. Nadie iba a copiar sus apuntes; bueno, nadie excepto Ron y Harry. Mientras la clase terminaba y los estudiantes comenzaban a moverse, Filius pidió a Harry que se quedara un momento. El chico vio la conocida tienta púrpura en una hoja de pergamino colocada sobre el escritorio del pequeño mago. Se sorprendió cuando Filius se inclinó ante él.

—Es un gran honor el que me ha otorgado. Humildemente ofrezco mis servicios en la Ceremonia de Protección de su nuevo hogar —expresó Filius con formalidad.

—Gracias, señor, significa mucho para mí —contestó, inclinándose a su vez.

—Puedes llamarme Filius —dijo el mayor, antes de enviarle a que alcanzara a sus amigos.

Ron y Hermione estaban sentados en la salita común cuando llegó Harry. Aparentaban estar teniendo una conversación agradable, pero sus labios rojos e hinchados -sencillamente, recién besados- les delataban. Harry les contó sobre la invitación a Filius, y trató de recordar lo que el Profesor le había dicho.

—Creo que fue ’me siento honrado de ofrecer mis servicios en la Ceremonia de Protección de su nuevo hogar’, o algo parecido.

—Dijo —corrigió Hermione —: Es un gran honor el que me ha otorgado. Humildemente ofrezco mis servicios en la Ceremonia de Protección de su nuevo hogar —sonrió ante la boca abierta de Harry. Le explicó que si había enviado invitaciones para su Ceremonia de Protección, Filius había seguido las tradiciones mágicas al dar su respuesta. La chica fue a su habitación, regresando minutos más tarde con un libro que le prestó a su amigo—. Este es el libro que dan al empezar las clases de verano sobre Tradiciones y Costumbres Mágicas. Tiene todo un capítulo sobre Protecciones, e incluye todo, desde las posiciones que los magos asumen durante el lanzamiento hasta la clase de alimentos más comúnmente ofrecidos por el anfitrión —una vez más, a Harry le colgó la mandíbula—. ¿El profesor Dumbledore no te lo explicó?

—Creo que lo iba a hacer, pero cuando estábamos hablando sobre eso, McGonagall interrumpió —bufó de risa—. Dijo que Nott sólo estaba vistiendo las cuerdas con las que estaba atado.

Ron dejó escapar una risa franca.

>>Fue buena idea de Seamus y Dean quitarle la ropa, pero me sorprende que pudieran lanzar un encantamiento que lograra que las bludger hicieran eso —comentó Harry, sin notar que Hermione se ruborizaba.

Su amiga procedió a señalarle unas cuantas cosas del capitulo, cosa que le alegró. Ahora conocía el ritual para contestar si alguien más le respondía formalmente en persona.

Apenas pudo esperar a terminar de comer antes de cambiarse y bajar al laboratorio para sus clases particulares con Severus. Sabía que la rubia Ravenclaw iba a estar haciendo una poción especial que necesitaba para conseguir el puesto de Aprendiz que deseaba.

—No sé qué va a estar Colin haciendo allí —dijo Harry a nadie en particular.

—No sé para qué Snape toma aprendices —comentó Ron, hablando con la boca llena.

—Eres un cerdo —le regañó Hermione, ante los ofensivos modales de Ron en la mesa—. Él no va a hacer eso, Gwen está esperando conseguir un puesto como Aprendiz con un maestro de Pociones de Francia.

—¿Quién es Gwen? —corearon ambos chicos. Hermione puso los ojos en blanco.

—¿No crees que hubiera sido inteligente averiguar algo sobre la estudiante con la que Severus pasa tanto tiempo? Quieres conocerlo, ¿cierto?

—¿Cómo se supone que sepa lo que él hace en su tiempo libre? No es cómo si le hubiera preguntado antes de ahora. ¿Cómo lo supiste? —preguntó Harry, girando hacia la mesa contigua para echar un vistazo a la rubia.

—Es prefecta; como Premio Anual, debo conocer a todos los prefectos. Creo que es un movimiento sabio para alguien conocer a los prefectos. Han sido elegidos por una razón. La mayoría son inteligentes y responsables. No es un mal grupo con el que relacionarse —terminó, con una sonrisa demasiado displicente para el gusto de Harry.

—¿Sabes que Tom Riddle era prefecto?

—No afirmé que todos fuera amistosos; pero, ciertamente, es bueno conocerles. Ya sabes lo que dicen: Mantén a tus amigos cerca, y a tus enemigos, más cerca.

—Suenas como Ojo Loco Moody —bromeó Harry—. No es que crea que no sea buena idea, Mione, pero dado que el curso está a punto de terminar, ¿por qué no me iluminas sobre quién es quién en el sistema mágico de Hogwarts?

—¿Acaso piensas que porque eres guapísimo puedes ser así de odioso? —se burló ella.

—Ey —protestó Ron, ante el hecho de que su novia llamara ‘guapísimo’ a Harry.

—Sí puedo, funciona todo el tiempo —replicó Harry.

—Vale, puedes seguir arreglándote. Yo voy a tener que pasar la próxima media hora convenciendo a Ron de que tú no eres ni la mitad de lindo que él —dijo la chica con un guiño.

—¡Ey! —se quejó Ron de nuevo. En realidad, no le importaba que ella hablara de ese modo, pero cuando se quejaba, usualmente le compensaba de una manera muy agradable.

Harry les dejó disputar. Mientras más rápido empezaran a discutir, más pronto se dedicarían al sexo. Se preguntó si sería de esa forma con Sev y él. Entonces, se le ocurrió que su primera vez pareció empezar de este modo. La caminata hasta su habitación para cambiarse y luego hasta las mazmorras fue una nebulosa. Pensó en Severus todo el tiempo. Sabía que no iba a estar solo con el hombre, pero al menos le vería fuera de clases, o fuera de la enfermería. Por un tiempo, aquellos eran los únicos lugares donde Severus parecía existir. No contaba las comidas, en las que el Profesor todavía debía guardar las apariencias y no le daría ni la hora en el Gran Comedor.

Lo primero que Harry notó al entrar al laboratorio de Pociones fue que Colin Creevey estaba sentado en un puesto de trabajo cerca de la puerta. Se puso tenso mientras aguardaba el inevitable ‘Hola, Harry’, que llegó casi al segundo de que lo pensara. La voz de Colin finalmente había cambiado en el último año, pero seguía siendo un sonido desagradable que Harry pensaba que un día taladraría un agujero a través de sus tímpanos. Afortunadamente, el chico estaba ocupado con la mochila de sus libros y Harry se alejó.

—Creevey, ¿necesito recordarle que no puede hacer fotografías en mi laboratorio? Aparte esa cámara, y por el amor de Dios, baje la llama antes que eso hierva —ordenó Severus, con una mirada de furia. Colin saltó, aferrando su varita para bajar la llama, consiguiendo que sólo una pequeña porción de poción se derramara fuera de su caldero.

Harry notó que la chica Ravenclaw -¿era Gwen?- también estaba en su puesto de trabajo. Estaba muy cerca del frente del aula. Por lo que parecía, llevaba trabajando un buen rato. Harry se acercó a Severus.

—¿Estoy retrasado, profesor? —preguntando, rezando por no haberse equivocado de hora, sería un comienzo terrible.

—Llegó… —Severus hizo una pausa y miró el reloj de la pared —justo a tiempo. Ubíquese allí, frente a la señorita Jennings. Su hora de inicio ha sido intercalada conforme a mis necesidades. La poción de la señorita Jennings tomará horas. Además, fue elegido para que no necesitaran mi ayuda al mismo tiempo. Creevey comenzó temprano, así puedo deshacerme antes de él.

Harry asintió, intentando no reír ante el comentario sobre Colin. Revisó la mesa que Severus había instalado para él. Las balanzas se veían como nuevas. El mortero y su mano estaban inmaculados. Giró para ver la poción que se elaboraba detrás de él; tenía un color que nunca antes había visto en una poción.

—¿Podrías alejarte un poco, por favor?

—Oh, sí, claro —dijo Harry, retrocediendo unos pasos.

—Disculpa por ser tan ruda, pero mi futuro cómo profesora de Pociones se encuentra en este caldero —dijo la rubia, sin alzar la cabeza hasta que agitó la mezcla tres veces más y dejó el cucharón—. Me llamo Gwen. Encantada de conocerte —saludó con una cálida sonrisa.

—Yo soy Harry —rodó los ojos y rió suavemente mientras ella decía ‘lo sé’. Él odiaba declarar lo obvio.

—Hermione habla muy bien de ti —dijo la chica, y Harry se sintió mejor.

—¿Tu apellido es Jennings? ¿Alguna relación con un señor Jennings que tiene un apartamento en renta en el pueblo?

—Es mi tío —contestó, abriendo ampliamente los ojos—. No habrás alquilado allí, ¿verdad?

—Sí —contestó, vacilante—. ¿Por qué? ¿Debería sentirme nervioso? —su tono era ligero, pero había un matiz de inseguridad sobre lo que ella estaba insinuando.

—Oh, no, sólo que le fue solicitado no decir de quién se trataba hasta la Ceremonia de Protección. Me apostó un galeón a que no podría ni imaginar de quién se trataba. Yo iba a intentar diciendo que se trataba de algún huésped del Ministerio que se encontraba de visita, pero ahora, esto lo cambia todo. Gracias por el galeón, Harry.

—Si ya terminaron de compartir su riqueza, tiene una poción que comenzar, señor Potter. Acompáñeme para buscar los ingredientes.

Harry no había escuchado demasiadas palabras provenientes de la boca del hombre durante la última semana, y la voz de tenor hizo que se derritiera. Tuvo el suficiente sentido como para no terminar en un charco en el piso, pero mientras se encaminaba hacia el almacén de suministros, el Profesor ya regresaba, caminando en dirección contraria. Apresuró el paso para alcanzarle, esperando que Severus no lo notara.

—Díctamo —Sev dijo la contraseña y se abrió un gabinete en la pared. Quedaron parcialmente ocultos ante la gran puerta que se abrió. Cualquier cosa que Harry pensara que Severus iba a decir, nunca esperó escuchar lo que siguió.

Es un gran honor el que me ha otorgado. Humildemente ofrezco mis servicios en la Ceremonia de Protección de su nuevo hogar —Severus levantó la cabeza. Sus ojos se reunieron, y el joven mago dudó un segundo antes de inclinarse a su vez.

El honor es mío. Estoy agradecido por la magia que es únicamente suya, y siempre será bienvenido en mi hogar.

Harry estaba tan complacido consigo mismo por haber recordado la respuesta correcta que se perdió completamente la expresión del rostro de Sev. Era una mezcla de sorpresa e impresión. Para el momento en que el joven levantó la cabeza luego de la profunda inclinación, ya esa expresión había desaparecido.

Severus recogió todos los ingredientes necesarios para la poción contra el dolor de Harry, mientras le explicaba la importancia de la buena calidad y frescura de los ingredientes. Le dijo que la mayoría de los Maestros compartían la receta, pero no necesariamente decían cuándo se requería un cambio en las medidas para compensar las diferencias entre el peso de los ingredientes secos y el de los frescos, que siempre eran más pesados. Era una manera de asegurarse que nadie hiciera la poción tan bien como el Maestro original.

Una vez que Sev le dejó por su cuenta, regresó al puesto de trabajo de Gwen. Harry hubiera deseado poder quedarse a solas con el hombre, pero ahora tenía oportunidad de ver algo que no había esperado. Mientras Sev le había estado hablando sobre la poción y los ingredientes, más o menos había estado dando instrucciones. A Harry le había gustado ver su entusiasmo por su oficio, pero con Gwen era diferente. Él hablaba y ella comprendía. Parecía más una relación de un Maestro con su joven protegida que de un Maestro con una alumna. Harry pensaba que, de ser los tiempos distintos, Severus hubiera disfrutado tener un Aprendiz. Podía decirle a él cosas que no captaba, pero Gwen comprendía y actuaba en consecuencia, ya fuera un cambio en la forma de cortar la raíz, o en el ángulo en que tenía que agitar.

Harry no se había dado cuenta que Sev se había girado para enfrentarle hasta que escuchó esa voz sobre su hombro.

—Si rebana la raíz en ese ángulo, cambia la proporción entre la pulpa y la cáscara —Severus colocó sus delgadas manos sobre las de Harry y ajustó el ángulo de la cuchilla. No le pasó desapercibido el estremecimiento que recorrió el cuerpo del joven. Se alejó del calor que irradiaba el cuerpo de Harry. Ambos deseaban estar juntos, pero Sev se mantenía firme en que el Gryffindor debería conocer en lo que se estaba metiendo. Iba a mantener su distancia. Quizás esa noche tendría algún Dulce sueño.

Colin Creevey había terminado su poción de película, que hacía que las fotografías tuvieran movimiento. Severus estaba revisando su poción antes que se fuera. Harry le preguntó a Gwen porqué Colin estaba allí, ya que parecía hacer bien la poción sin la ayuda de Snape.

—La había estado haciendo en su dormitorio, pero después del segundo incendio el Director le obligó a hacerlo aquí. Lo hace con frecuencia. Debe tomar una tonelada de fotografías —comentó la chica.

Harry hizo una mueca de disgusto al pensar que él era el objetivo de muchas de esas fotos. Había notado que, varias veces es en transcurso de esa noche, Colin había deseado sacar su cámara; había sido muy evidente. Hubiera sido la primera vez que obtendría una fotografía de Harry Potter sentado en un salón de clase. Se preguntaba si, cuando el chico creciera, sería un gran fotógrafo o un acosador.

La poción de Harry se estaba enfriando; se había sentido decepcionado de tener que dejarla tan pronto. Era divertido, sobre todo después que Colin se marchara. En un momento en la noche, tanto él como Gwen habían tenido que dejar que sus pociones hirvieran durante veinte minutos y habían estado charlando. Mayormente, la chica hablaba sobre sus planes de estudiar el Francia, dónde esperaba estar el mes siguiente. Severus les habló sobre su propia etapa como Aprendiz. No sonaba tan divertido como lo que Gwen había planeado, pero fue interesante escuchar algo de su pasado. Sev no lo mencionó, por supuesto, pero Harry pensaba que el Maestro que le había enseñado en esa etapa debió haber sido un Mortífagfo, o al menos un partidario.

Empezaba a limpiar su lugar de trabajo cuando sintió una punzada de dolor en su cicatriz. Se apoyó en la mesa por un segundo antes de levantar la vista hacia Sev. El hombre no se acobardó a pesar del profundo dolor que manaba de su marca, pero los ojos oscuros se clavaron en los de Harry, llenos de intención. Rápidamente, Severus verificó el estado en que se encontraba la poción de Gwen. Casi había terminado, y fácilmente podría terminar sin él. Caminó con paso vivo hasta su escritorio, recuperando algo que el chico no pudo ver, y luego se dirigió directamente hacia el armario de suministros. Llamó a Harry para que le llevara un ingrediente del armario ubicado en la pared del fondo, y continuó llenando un montón enorme de viales. Tan pronto como Harry entró con lo solicitado, Severus pidió una pequeña lista de otros ingredientes que quería que encontrara y le dijo que permaneciera con Gwen después que él se fuera, en caso que ella necesitara que le echaran una mano. Luego salió para darle a la chica una excusa por su brusca partida.

Harry empacó los viales cuidadosamente, asegurándose que el cierre de cada uno estuviera bien apretado. Estaba tan concentrado en su tarea que apenas se dio cuenta que tocaban su rostro. La suave mano le hizo volver la cara. Ansioso, alzaba la vista esperando más instrucciones, cuando unos labios suaves se encontraron con los suyos. Severus le estaba besando. Por un breve segundo, la mente de Harry fluyó en varias direcciones, pero pronto se perdió en el beso.

“¿Cuándo sus manos rodearon mi cabeza, acunándome tan tiernamente?”.

Se sentía tan seguro entre esas manos. El hombre le dio un beso lento y tentativo, corto y significativo, o al menos comenzó de esa forma. Harry dejó escapar un pequeño sonido, mezcla de gemido y quejido, y Severus saqueó su boca.

Cuándo finalmente el Gryffindor comenzaba a corresponder con ansiedad, Sev recordó que tenía que estar en algún otro sitio. Harry quedó parado, la cabeza inclinada y la boca ligeramente abierta. Cuando sus ojos se abrieron, Severus sonrió. Había pasado bastante tiempo desde que había visto como lucía el chico después de ser bien besado.



Media hora después, Gwen estaba terminando su poción.

—Ahora probaremos esto —dijo la chica entusiasmada. Harry asintió con ansiedad, compartiendo su entusiasmo. Gwen había enfriado dos viales de la poción, dejando el resto hirviendo a fuego lento.

—Mira bien mi cara —dijo la joven.

Harry no notó nada fuera de lo ordinario. Ella era linda. ¿Qué se suponía que viera? Colin regresó a la habitación por la mochila que había olvidado, mientras ella tragaba la poción de uno de los viales y levantaba un espejo. Los dos chicos la observaron, esperando algún cambio dramático. Un pequeño lunar marrón apareció en su mejilla.

>>¡¿Lo ven?! —exclamó, sonriendo radiante.

—Umm, ¿estuviste preparando una poción por horas para hacer un lunar? —preguntó Colin con incredulidad. Harry pensaba lo mismo, pero no fue tan grosero como para decirlo en voz alta. Gwen se rió bajito.

—No, tonto, yo tenía el lunar. El profesor Snape me lanzó un hechizo muy poderoso para ocultarlo. Sé que esto suena como si fuera un hechizo cosmético, pero tiene otros beneficios. Cuando las brujas y magos pagan para que otros lancen fuertes hechizos cosméticos sobre ellos, no se dan cuenta que los encantamientos van más allá de la piel. Podría afectar el tratamiento médico. En la actualidad, es práctica común en los hospitales, suministrar esta poción cuando el paciente es incapaz de confirmar si ha utilizado hechizos de ocultamiento o disimulo. El Ministerio lo utiliza en la gente bajo custodia —ella estaba muy orgullosa.

—Sonríe —chilló Colin. Harry estaba acostumbrado a esto, pero el flash tomó a Gwen por sorpresa. El chico de ojos verdes vio como el frasco abierto de hierbalimón* caía de su mano. Intentó atraparlo; su mano salió disparada tan rápido que cualquiera hubiera pensado que estaba atrapando una snitch para el equipo de Inglaterra. Capturó el vial, pero el hierbalimón se derramó, y la mano de él entró en la poción de arriba, hasta la muñeca. La poción estaba arruinada.

Guinivere observó cómo sus sueños se derramaban junto con el hierbalimón. Le gritó a Colin, quien salió corriendo de las mazmorras, y luego se derrumbó en una silla, una lágrima deslizándose por su mejilla.

—¿No puedes hacerlo de nuevo? —preguntó Harry con optimismo—. Vamos, lo acabas de hacer. Está fresco en tu mente. Te ayudare —la animó. Ella expresó su temor de pedirle ayuda pues la poción requería horas de trabajo, y ya pasaban de las nueve y treinta. Además, necesitaba ingredientes del almacén privado del profesor de Pociones—. ¿Qué clase de Gryffindor sería yo si no ayudara a una damisela en apuros? —le dijo alegre, y levantó su mano para ayudarla. La chica la tomó y jadeó.

—¡Tu mano! ¡Déjame verla! —exclamó, aferrando su brazo para mirar más cerca. Él se había quemado al sumergirla en la poción—. Siéntate aquí, ya regreso —dijo, ya a mitad de camino hacia el gabinete de suministros. En diez minutos mezcló una pasta que mostraba un asqueroso color naranja y la extendió sobre la piel quemada. Harry notó que sus manos eran suaves y gentiles. Podía ver la atracción, pero prefería las fuertes, aunque también suaves, manos de Sev. Pensaba que quizás lo que sentía hacia ella era algo filial. La chica era muy amable.

“tengo un sentimiento filial hacia una chica de séptimo, y besé a alguien de la edad de mi mamá. Es un pensamiento atemorizante.”

A veces, eso le hacía pensar ‘en qué se estaba metiendo’, pero la mayoría del tiempo no podía imaginar estar con alguien que no fuera Sev.

Reflexionó sobre el beso, y sobre el hecho de que, probablemente, esos mismos labios estarían besando el borde de la túnica de Voldemort esa noche. Se estremeció ante el pensamiento.

—¿Te duele? —preguntó Gwen mientras terminaba de vendar su mano. Harry negó con la cabeza, todavía pensando en lo que Severus estaría haciendo.



Severus estaba pensando en lo que Harry estaría haciendo. Pensaba en el beso, en la expresión del rostro del joven. Cuánto deseaba ver esa expresión de nuevo. Sintió una sensación de hormigueo justo debajo de su vientre, pero la poción que había tomado evitaba que tuviera una erección. Quizás esa noche sería el tiempo perfecto para algo de Dulces Sueños. Podría soñar con su Harry, y despertar limpio. Levantó la vista de modo casual cuando escuchó que alguien se detenía en el umbral de su puerta. El Señor Oscuro entró, seguido de cerca por Lucius Malfoy. Voldemort estaba sosteniendo una esfera de cristal.

—¿Qué estás preparando, Severus? —preguntó el Señor Oscuro, conociendo la respuesta. Él estaba sosteniendo la esfera.

—Veneno, mi Señor —contestó más rápido de lo que había planeado. Voldemort asintió. Sus ojos rojos brillaron.

—Tu expresión era de alegría, Severus. ¿En qué estabas pensando antes que supieras que yo estaba en la puerta?

—Harry Potter, mi Señor —el rostro del profesor de Pociones se mantuvo frío y carente de emoción. Era uno de los pocos que podía mentir a Voldemort sin ser detectado. El hombre de Harry llegó a su boca sin un segundo pensamiento. ¿Qué demonios era esa esfera?

Voldemort sonrió.

—Me gusta que pienses en Harry Potter mientras fabricas venenos, Severus. Con un poco de suerte, podrás administrárselo personalmente algún día.

Después que Lucius y el Señor Oscuro se fueran, Severus ajustó ligeramente la poción. Todavía mataría, pero la fragancia sería más fuerte, haciendo más obvio si era deslizada en un alimento o bebida. Cualquiera que supiera qué buscar tendría una buena oportunidad de detectarlo antes de ingerirlo. Lástima que no podía dárselo a Nott. Pequeño bastardo.

—Hola, Severus —saludó Lucius. Su voz era como la seda, y caminaba como la seda también, paseando por el recinto—. ¿Qué te parece el nuevo juguete que encontró nuestro Señor?

—Aterrador —contestó Sev, de nuevo demasiado rápido, Lucius debía tenerlo en su mano. Estaba parado más cerca de lo habitual. Lucius había estado molesto por la falta de atención que Severus había prestado a su cabello y no lo ocultó.

—¿En qué estabas pensando antes que entrara, Sev?

Severus pensó que sería una buena oportunidad para probar la esfera, y ver si podía decirle una verdad parcial.

—Nott, venganza —“No está mal, pero se puede mejorar bastante”, se dijo el profesor de Pociones—. Y no me llames Sev.

—Adelante, Sev, trata de luchar. Lo hace más divertido, como cuándo éramos niños —le lanzó una sonrisa sardónica. Severus no siempre lo había hecho bien contra el rubio, pero ya no eran niños y él podía defenderse, y Lucius lo sabía. No obstante, siempre era divertido desafiar a Severus, a Malfoy le gustaba el juego—. Draco me dijo que tuviste una charla con el joven Nott…

Las cosas siguieron así por un rato. Severus consiguió sortear la verdad. Afortunadamente, la verdad no era difícil de manipular. Sólo quería que Lucius se cansara del juego y poder terminar la maldita poción para regresar al castillo. Al parecer, la esfera era un raro obsequio que un Mortífago había traído de sus vacaciones en la India. Dado que Voldemort podía decir cuándo alguien estaba mintiendo, se la dio a Lucius. Severus no quería pensar en lo que el rubio habría tenido que hacer para mostrar su gratitud.

Finalmente se apareció de regreso en los límites de los terrenos de Hogwarts, y arrastró su cansado trasero hasta las mazmorras; estaba a punto de entrar en sus aposentos personales cuando vio luz proveniente de su laboratorio. Abrió la puerta con cautela para encontrar el laboratorio limpio y la poción terminada de Guinivere Jennings ya embotellada sobre su escritorio, acompañada de una nota. Al dar vuelta al escritorio, divisó a Harry, dormido en un catre cerca de la esquina. Decidió leer la nota.

Profesor Snape

Sucedió un percance con mi poción. Harry fue lo suficientemente amable como para

ayudarme a prepararla de nuevo. Necesité suministros de su almacén privado. Harry
recordó su contraseña y abrió el gabinete para mí. Por favor, no se enoje con él, no
pude haberlo hecho sin su ayuda. Si siente que necesita irritarse con alguien, puedo
sugerir a cierto fotógrafo. Desafortunadamente, Harry se quemó al intentar salvar
mi poción, pero le coloqué una crema para las quemaduras y espero que a estas
alturas ya haya sanado. Consciente de que limpiar llevaría un buen rato, le supliqué
que se fuera, pero rehusó dejarme. Es tan dulce; lástima que yo no soy su tipo.
Transformé una silla y le dije que durmiera. Si está leyendo esto quiere decir que
terminé de limpiar y no quise despertarle al menos por otra media hora, momento
en que revisaré su quemadura.

Sinceramente exhausta

Guinivere


Severus dejó caer la nota y se arrodilló al lado de Harry. El joven se había levantado antes para ir al baño y quitado la crema por si mismo. No quedaba marca alguna. Severus buscó la brillante crema naranja y no encontró nada. Deslizó un dedo por su ceja, retirando el cabello de su rostro. Harry suspiró en la paz de su sueño; dándose la vuelta, expuso su cuello, y con eso, una larga banda de tejido cicatrizado que comenzaba en algún lugar en la parte posterior de su cuello y corría hasta su oreja derecha. La puerta se abrió y Severus se levantó. Gwen entró. Levantó la mano de Harry para buscar cualquier señal del accidente.

—Por lo que veo, la pasta funcionó de maravilla. Al parecer, la quemadura sólo fue una molesta zona roja. No tenía idea del gran chico que era Harry. Imagino que con todo eso de la fama, crees que conoces a la persona. Hablamos mucho —la chica se había sobrepuesto al cansancio; aliviada de que la poción estuviera lista, estaba bastante animada.

—¿Dice que cree que la poción funcionó de maravilla? —exclamó el hombre con incredulidad—. ¿Tiene una terrible cicatriz que parece rodear su cabeza, y usted no pensó que debería ir a la enfermería?

Severus no observó la mueca de dolor de Harry.











“No es el árbol, ni la chimenea.
La Navidad es el calor que vuelve al corazón de las personas,
la generosidad de compartirla con otros
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MensajeTema: Re: Death Eater takes a Holiday. Capítulo 29. Formalidades, por los pelos, y un secreto   Vie Oct 16, 2015 8:32 pm

Genial la broma que hicieron los chicos, jajaja de verdad que eso fue una de las mejores bromas de todos los tiempos jajajjajaja.

Por fin un beso entre ellos ya los extrañaba jajaj los besos claro jajjajaja, me gustaria que a veces Severus no fuera tan directo, mira que decir eso de la cicatriz fue algo bastante cruel, aunque no haya sido su intención.
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Death Eater takes a Holiday. Capítulo 29. Formalidades, por los pelos, y un secreto
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