La Mazmorra del Snarry


 
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 Salvaje, Valiente y Dulce. Capítulo 6. Recordando el amor

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Majo-san
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MensajeTema: Salvaje, Valiente y Dulce. Capítulo 6. Recordando el amor   Mar Sep 08, 2009 9:14 am

6º Capítulo: Recordando el amor


Las murallas se hacían cada vez más cercanas, no sabía cuánto tiempo más podría soportar las condiciones en que vivía.
15 años de oscuridad, sin su presencia, siendo sólo escoria ante todo el mundo y un recuerdo ante muchos.
Leía y releía una carta a diario, la única que tenía de su amor, la única que le daba fuerzas y esperanzas. La única que le hablaba de sus hijos.


Amado mío:
Asumo que si estás leyendo esta carta, es porque le quitaste el hechizo de ocultamiento que le puse.
No sabes el dolor que estoy sintiendo, el aire me falta cada vez que pienso en ti, siento que las emociones se me agolpan en la garganta.
Te amo tanto y te echo tanto de menos, te necesito a mi lado, justo ahora y más que nunca.
Tengo algo muy importante que decirte y quiero que no intentes nada tonto por lo que te voy a contar.
El día que nos separaron, tuve una extraña recaída y terminé en la enfermería, donde me mantuvieron por tres días, por eso no supe de tu juicio, si es que se le puede llamar juicio a lo que a ti te hicieron.
Madame Pomfrey me obligó a escapar, diciéndome que debía ocultarme por un tiempo, por lo que me vi obligado a abandonar el mundo mágico. Estoy viviendo en Francia, en una casa pequeña, junto con una amiga. Antes de que empieces a pensar mal (sé que lo harás, te conozco demasiado) ella es quien más necesito ahora, pero no por las razones que debes imaginar.
Amor mío, sé que probablemente a ti no te extrañará, tanto como lo fue para mí, pero las cosas tomaron un rumbo, que en mi vida me imagine llegar. Hace dos semanas día a luz, Sev. Cuando escapé del mundo mágico llevaba en mi vientre al fruto de nuestro amor.
Fue una completa sorpresa cuando me enteré y fue María, la chica muggle que te mencione antes, quien lo descubrió. Ella es matrona y por cosas del destino me la encontré y ella me ha ayudado todos estos meses.
Tenía tanto miedo, cariño mío. Tanto miedo a que me los quitaran, a que me separaran de ellos igual que me separaron de ti. No sólo tuve un bebé, sino que tres, son trillizos y los más hermosos que en mi vida haya visto. Tienen el cabello negro como el tuyo y los ojos verdes como los míos. Son nuestra mezcla perfecta y los protegeré con mi vida si es necesario.
Lo pensé mucho y lo mejor es que no lleven mi apellido, adopte tus apellidos para ellos y busque los nombres que mejor les vinieran.
Me hubiese encantado que pudieras estar conmigo para nombrarlos, pero sé que en algún momento volverás a nosotros.
Sus nombres son Rudy, Levi y Damián, en ese orden nacieron y los registré como Snape Prince, para no levantar demasiadas sospechas.
Por favor ten fuerza y valor para lo que se viene, sé que será más difícil ahora, pues sabes que no sólo yo te espero afuera, pero ahora debes tener paciencia, aquella que estoy pidiendo para soportar tu ausencia.
Te amo y no te dejaré de amar nunca, ni aunque pasen mil años o que el sol se extinga en la inmensidad de las tinieblas. Tú fuiste mi luz y mi vida, ahora nuestros hijos también ocupan ese lugar. Esperaré a que el tiempo pase y que el mañana nos encuentre juntos, como una familia, como la que somos ahora.
Te amo y te amaré. No sólo yo, nuestros hijos también te amaran y yo me encargaré de que te conozcan, aunque no te hayan visto.

Tu familia que te ama.

PD: No podré enviarte más cartas, ya que está muy restringida la entrega en Azkaban, pero guarda esta carta, para que te recuerde que debes mantenerte cuerdo por nosotros.

Estrujó la amarillenta carta contra su pecho y dejó que nuevamente las lágrimas cayeran por sus mejillas. Ya se había resignado a perder su orgullo de esa manera, pero ya casi no aguantaba el encierro y cada vez que pensaba que estaba cayendo más en la demencia, la tomaba nuevamente para que fuera su cable a tierra.
Sintió que alguien se acercaba y la volvió a guardarla. Si bien no eran guardias o Aurores los que se acercaban, no quería que la otra persona con quien compartía celda, tuviera conocimiento de la existencia de tal misiva.
-¿Cómo amaneciste hoy, Severus? -preguntó un hombre a su lado.
El tipo era alto y tenía el cabello negro, los ojos azules, pero sin vida. Se notaba cansado, pero cada día se daba fuerzas. Algo en su interior le decía que debía ser fuerte, sin saber por qué, siempre se guiaba por ese sentimiento.
-Bien, Claud -le respondió Snape, mientras se acercaba a unas barras de ejercicio y se ponía a ejercitar su cuerpo.
Claud se acercó a este y comenzaron una silenciosa batalla, para ver quien hacía más flexiones y abdominales. Era una manera de exigirse más y mantenerse con buen estado físico.
Eran cerca de las tres de la tarde y ambos estaban agotados y sudados, llevaban casi seis horas ejercitando sus músculos y ahora se encontraban tirados en el piso y tratando de regular la respiración.
-¿Severus? -dijo llamando al moreno- ¿Por qué no me cuentas más de tu pareja?
El moreno lo miró de reojo y luego se sentó, meditando que contarle a su compañero. Ya le había relatado muchas cosas a lo largo de los años.
La primera vez que lo vio, creyó que moriría a reconocer al sujeto y su error fue llamarlo por su nombre y decirle el suyo. Al parecer el tipo había perdido la memoria y el shock de ser llamado por alguien y recordar el nombre de Severus lo había tenido en agonía por días. Por lo que decidió que no contaría de nombres que el tipo conociera o de circunstancias que le ayudaran a recordar.
-¿Qué quieres que te cuente ahora? -le dijo poniéndose de pie y dirigiéndose a las duchas, seguido por el moreno.
-No sé, ¿Algún hecho bochornoso? -le dijo divertido, por la cara que puso el ex profesor.
-¿Dejaras de molestar si te cuento? -le preguntó, pensando en que podía contarle, que no fuera demasiado bochornoso, pero que saciara la sed de curiosidad del otro-Ahora que recuerdo -le dijo pensando un momento.

Era un día nublado y la guerra estaba a punto de estallar, ya se veía que el tiempo de paz que estaban viviendo era sólo pasajero y que no duraría eternamente, como ellos querían.
-¿Puedo pasar, profesor? -lo llamó una dulce voz desde la puerta, que logró erizarle hasta el último vello del cuerpo.
-¿Para qué pregunta, Potter, si ya está adentro? -le dijo aun sin apartar la vista de los papeles que tenía que revisar.
-Si lo molesto vengo en otro momento -dijo dándose vuelta, pero antes de siquiera tocar la perilla de la puerta del despacho de su profesor, sintió que era abrazado fuertemente por la cintura y que un cuerpo se estrellaba contra su espalda.
-En ningún momento dije que me molestabas -le dijo lanzando un hechizo contra la puerta, para poder trabarla y otro para insonorizarla-. Necesitaba un descanso -lo volteó y lo besó fogosamente, sintiendo como el menor pasaba sus brazos por su cuello.
-Sev -le susurró al terminar el beso-, necesitaba verte -apoyó su cabeza contra el pecho de su amante-. Necesitaba sentir tu calor -le dijo en un susurro.
-Yo también, pero sería peligroso si alguien trata de entrar y nos descubre con hechizos en la habitación -le dijo separándolo un poco, pero sin dejar de abrazarlo.
-Entonces vamos a otro lugar -le dijo entusiasmado-. Vamos a pasear al bosque prohibido ¿Si? -le pidió mirándolo a los ojos. Sabía que Severus no se negaría a tal petición.
-La palabra “prohibido” ¿No te suena a nada? -dijo resignado.
-No -le dijo sonriendo y luego se puso de puntas para acercarse al oído de su profesor-. Se supone que está prohibido que me meta en tu cama también, pero aun así lo hago -se alejó un poco para ver que había logrado con sus palabras.
Severus Snape, no era de las personas demostrativas, pero cuando Harry Potter se ponía a susurrarle frases calientes o se le insinuaba demasiado, no podía evitar pasar por todas las tonalidades del arco iris, para finalmente dejar salir el aire contenido en sus pulmones.
-¿Sabes que puedo ponerte en castigo por lo que acabas de decir? -le dijo enarcando una ceja.
-Entonces castígame -el tono que había usado había sido tan provocativo, que hasta a él, le dio vergüenza. Bajó la cabeza, un poco arrepentido por dejarse llevar por sus revolucionadas hormonas.
Severus puso una sonrisa de lado, sabía exactamente lo que estaba pasando por la cabeza del menor y estaba a punto de decir algo para ponerlo aún más nervioso, cuando sintió que alguien se acercaba.
-Mierda -dijo tomando al chico de la mano y llevándolo tras el escritorio.
-¿Sev? -preguntó preocupado por la abrupta reacción de su amante.
-Alguien viene -eso logró quitar los colores del rostro del menor-. Quédate abajo del escritorio y trata de cerrar tu mente, por si es Albus -le dijo antes de besarlo rápidamente y ponerlo bajo el mesón.
Se dirigió a la puerta y la abrió, descubriendo tras esta a su ahijado. Sin más lo invitó a pasar y de paso, maldiciendo a todos los antepasados Malfoy que conocía.
-Supongo que estabas ocupado, llevo un rato llamando a tu puerta -le dijo sentándose delante del escritorio.
Severus estaba muy nervioso. Sabía que su ahijado no lo reprocharía. Había averiguado ciertas cosas sobre él que podía emplear en su contra, pero en este momento le importaba más sacarlo de la habitación, antes de que encontrara a Harry.
-¿Qué necesitas, Draco? -Le dijo pacientemente, mientras se sentaba tras su escritorio y dando un vistazo a Harry que estaba bajo este, haciéndole señas para que despachara al rubio -Entenderás que estoy ocupado y ya he tenido bastantes “interrupciones” por una tarde -le dijo en tono casual.
Harry hizo una mueca por el comentario. Él sólo vino a verlo, y ahora lo llama “interrupción”. Ah, pero Severus Snape sabía muy bien a lo que se enfrentaba al ser amante del niño-que-vivió. Él sabía que Harry Potter no dejaba que lo pasaran a llevar. Se acercó disimuladamente al moreno y colocó su mano sobre la pierna del profesor.
-Sólo necesitaba que me dieras una poción para las náuseas, creo que algo me cayó mal y estuve toda la mañana devolviendo mi cena de anoche -le dijo asiendo muecas de asco.
-Claro, Draco -le dijo sudando un poco -“Demonios” -pensó para sí mismo, al sentir la delicada mano de Harry que iba subiendo peligrosamente.
-¿Te sientes mal, padrino? -le preguntó preocupado, por la expresión en el rostro del mayor.
-No… no te preocupes -le dijo bajando su mano, para detener el avance del oji-verde-. Creo que sólo estoy un poco cansado… mm -cerró sus labios para evitar que algún sonido saliera de esta.
Harry aprovechó que el mayor sujeto una de sus manos, para con la otra, abrir rápidamente el pantalón de su amante y meter su mano en este, tomando posesión del miembro, ahora erecto, de Severus.
-De verdad, padrino. No te vez nada de bien -le dijo poniéndose de pie y yendo al estante de las pociones- ¿Necesitas que te acerque algo? -le preguntó revisando los envases.
-No, Draco -le dijo moviéndose incomodo en su lugar. Sentía que la pequeña mano se enroscaba sobre su miembro y comenzaba un lento vaivén que lo estaba haciendo ver borroso-. Toma lo que necesitas… luego ve a recostarte… creo que todo esto de la guerra nos esta… poniendo mal a todos -le dijo como pudo.
-Como digas, padrino -le dijo extrañado por el actuar del mayor-. Creo que con esto bastara -dijo tomando dos viales, los cuales guardo en su bolsillo y luego se dirigió a la puerta-. Nos vemos padrino y descansa un poco -le dijo ante de cerrar la puerta.
Severus lanzo rápidamente un hechizo a la puerta y corrió su silla para atrás.
-¿Qué crees, que estás haciendo? -le preguntó un poco molesto por la situación en que lo puso.
-“¿Interrupción?” -le contradijo en el mismo tono.
Harry se acercó más al hombre, pero sin pararse aun. Más bien se arrodilló y se acercó al miembro del mayor, bajo la atenta mirada del dueño de dicho aparato. Le dio una sutil lamida, que logró arquear la espalda del moreno y sin más lo metió de golpe a su boca, logrando un sin fin de gemidos, que sólo lograban calentarlo más y provocando que agilizara sus movimientos.
Severus estaba en una especie de trance. Sentía como la lengua de Harry se paseaba lentamente por su glande, haciéndolo ver las estrellas. Posó las manos en la cabeza del adolescente, para marcar el ritmo que necesitaba para llegar al orgasmo.
Harry sentía que estaba cada vez más perdido, pero se supone que esa es una venganza y cada una tiene su problema. Esta por ejemplo, el “castigador” al parecer estaba disfrutando menos que el “castigado” ¡Y se supone que es al contrario!
Severus cerró los ojos y puso sus manos en el borde de la mesa al sentir una nueva ola de placer, pero de repente todo acabó. El problema es que él ¡No había acabado! Miró hacia abajo y descubrió que el bellaco ya no se encontraba ahí. Levantó la vista y vio que estaba junto a la puerta.

-Adiós, mi amor -le dijo mandándole un beso con dos dedos-. Y recuerda para la próxima que yo no interrumpo nunca -le dijo en tono casual y saliendo del despacho, para luego cerrar la puerta y trancarla con un hechizo. Luego partió corriendo, para no ser cruciado por su atrevimiento.
-¡Potter! -se escuchó un grito furioso desde el despacho del profesor que terminó por aparecerse en su habitación y directo al baño- Ya me vengaré por esto, Harry -amenazo al aire-. Oh sí, claro que me vengaré -dijo entrando a la ducha y abriendo el agua helada.


Las risas de Claud se escuchaban por todos lados y muy a su pesar, Severus no podía hacerlo callar, ¿Quién lo mandaba a él a contarle tan vergonzosa situación?
-No puedo creerlo, Severus -dijo secando una lagrima que corría por su ojo izquierdo, el único bueno, ya que el otro lo había perdido en su última batalla y ahora llevaba un parche para ocultar su cicatriz-. Así que tu amante te dejó todo empalmado e insatisfecho -vio que el moreno sólo miraba para otro lado y se largó a reír de nuevo.
-Ya detente o no te seguiré ayudando en tus transformaciones -le dijo seriamente, lo que logró calmar al otro, en forma inmediata.
Desde hace unos tres meses que Severus le estaba ayudando a Claud a transformarse en un animago, para que pudiera escapar con él, el día que lo dejaran en libertad. Sabía perfectamente que el otro estaba aquí por error o para conveniencia de alguien, por que definitivamente no había hecho nada para estar en prisión.
-Sólo queda un mes, Claud -le dijo acostándose en la parte superior del camarote que había en su celda-. Sólo un mes para dejar este maldito lugar -miró por la pequeña ventana que había en el lugar, donde la luna era muda testigo de sus anhelos.



Continuará...




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Última edición por Majo-san el Mar Mar 08, 2016 12:04 pm, editado 5 veces
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Goldie Bramble
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MensajeTema: Re: Salvaje, Valiente y Dulce. Capítulo 6. Recordando el amor   Sáb Abr 10, 2010 3:17 pm

Wow, Harry si que sabe como dejar a Sev con las ganas. El Maestro de Pociones si que sabe humillarse él solito, ¿quién lo mando a contarle semejante anegdota a Claud?
Puedo jurar que Draco le pidió esas cosas porque estaba embarazado.
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Helen Black P
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MensajeTema: Re: Salvaje, Valiente y Dulce. Capítulo 6. Recordando el amor   Dom Sep 07, 2014 6:41 pm

muy buena anécdota, me encanto,  ya solo un mes mas y podrán estar juntos, eso me alegra, lo de Draco sera que ya venia en camino su hijo???
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MensajeTema: Re: Salvaje, Valiente y Dulce. Capítulo 6. Recordando el amor   

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