La Mazmorra del Snarry


 
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 El Arreglo. NC-17 (one shot)

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Undomiel24
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MensajeTema: El Arreglo. NC-17 (one shot)   Miér Ago 05, 2009 3:03 pm

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Este fanfic fue escrito para el Especial Snarry, publicado por Intruders en colaboración con La Mazmorra del Snarry. Los invitamos a ver el especial Snarry con ésta y otras historias, además de mucha otra información snarry de interés en: http://www.slashzine.com/Fucked%20002/index.htm


Título: El Arreglo

Autor: Undomiel24

Pareja: Severus/Harry

Género: Angustia, Drama

Advertencias: Non/Con, Sexo explícito

Clasificación: NC-17


Resumen: Ante la inesperada aparición de Snape tras la guerra contra Voldemort, Harry decide valerse de un trato para entrar en la vida de su antiguo profesor.

Disclaimer: Los personajes de Harry Potter no son míos, pertenecen a su autora J. K. Rowling.



El Arreglo



Caminó con dificultad entre la espesa nieve que cubría la tierra, dejando oscuras huellas tras él que lentamente se fueron convirtiendo en charcos de agua fría. No podía evitar dirigirse al mismo lugar cada vez que sentía la necesidad de hablar con alguien. Sabía que sus amigos siempre formarían parte de su vida, pero eso no significaba que debía recurrir a ellos cada vez que se despertaba en las noches por alguna pesadilla referente a la última batalla, tampoco podía llamar a su chimenea cuando, caso contrario, no podía dormir aunque lo intentara. En realidad, si no contactaba con ellos como antes, era porque no lo deseaba. Su destino había sido cumplido y era tiempo de avanzar… también para Ron y Hermione. Incluso si eso significaba la separación.


Debido a eso, continuamente se encontraba a sí mismo vagando hacia el cementerio del Valle de Godric, esperando llegar pronto frente a la tumba de sus padres para refugiarse de lo que muchas veces no podía soportar:


La culpa.


Se estrechó en su grueso abrigo, exhalando vaho mientras avanzaba por el conocido camino; el frío invierno que se cernía a su alrededor era el menor de sus problemas.


Tenía un asunto pendiente que discutir con los Weasley, referente en su mayoría a Ginny; Molly le había instado a visitar a la menor de los hermanos para reafirmar el lazo que pudiera existir entre ellos, un lazo que Harry había prometido retomar una vez que terminara la guerra y del cual ahora no quería saber absolutamente nada. Lo normal para ellos, y que esperaban de Harry, era que continuara sus estudios de magia para forjar una carrera como Auror, formalizara su compromiso con Ginny y, en algunos años, tentara la idea de sentar cabeza a través de la expansión de la familia. Seguramente, Kingsley deseaba que se comunicara con él para ocupar algún puesto de gran importancia dentro del Ministerio, después de todo era “El-niño-que-derrotó-a-Voldemort”, todos querrían verlo dentro de la institución que regulaba al mundo mágico, haciendo apariciones públicas para reafirmar que todo estaba bajo control y que brindara esperanza para aquellos que habían sido afectados directamente por la guerra.


Era mucho en qué pensar. Definitivamente, el frío era el menor de sus problemas.


Después de dar unos pasos más, divisó por fin las primeras tumbas del cementerio, apenas iluminadas por la luz de la luna difícilmente visible entre el cielo nublado. Caminó a paso tranquilo, desviando sus ojos en algunas ocasiones para observar las estatuas que enriquecían algunas de las lápidas y sonrió tristemente al recordar que la de sus padres no tenía estatuas de ángeles ni querubines, tampoco un mausoleo en su nombre. Era simplemente una tumba conjunta.


Al llegar al último tramo del lugar, caminó entre dos árboles sin hojas, apoyándose sobre el tronco de uno cuando vislumbró una oscura figura a unos metros frente a él, justo al lado de la tumba de sus padres. Por lo que distinguía, el individuo estaba encubierto en una larga túnica con capucha que le impedía ver su rostro –no que realmente fuera la razón de que no pudiera verle, ya que el desconocido le daba la espalda-; sin embargo, algo en él se le hacía extrañamente familiar. Tal vez la forma rígida en la que se mantenía de pie, o la altura y complexión. Muy probablemente era un hombre.


Harry se dio cuenta que podía llegar más cerca al individuo si se escondía entre los árboles que parecían formar un camino hasta la tumba de los Potter, entonces podría tener un mejor ángulo del rostro del misterioso hombre. Procediendo con su plan, se deslizó lo más sigilosamente que pudo entre la oscuridad, preocupándose en no tardar demasiado en llegar de un tronco a otro para que pasara lo más desapercibido posible; sin notarlo realmente, comenzó a sentir ansiedad y un leve miedo ante la identidad de la persona. ¿Sería conocido de sus padres? ¿Por qué estaba allí, frente a su lápida, si no era su aniversario luctuoso? No podía pensar en razones lógicas para esas y muchas interrogantes más. Casi llegaba, sólo un par de árboles más y podría ver aquel rostro. Inhaló repentinamente cuando, al quedar oculto en el último árbol, no vio la figura del hombre por ningún lado, parecía como si se hubiera evaporado en un parpadeo, ni siquiera veía rastros de huellas o algo más que notificara que allí hubiera alguien de pie momentos atrás.


Dando un vistazo a su alrededor, salió de su escondite y se acercó a la tumba, preguntándose qué demonios había sido aquello.


—¿Lo habré imaginado?


—No lo creo —escuchó Harry a sus espaldas mientras sentía con escalofriante claridad la punta de una varita contra su nuca, presa del miedo—. Tan inútil y confiado como siempre, Potter.


La profundidad de aquella voz le hizo estremecer… ahora con algo muy distinto al pánico. Excitación. Quiso girarse para comprobar que la persona que estuviera atrás de él fuera Snape, pero un piquete de advertencia de la varita le hizo desistir.


>>—¿Qué hace aquí, Potter? ¿Ahora se dedica a deambular por los cementerios? —murmuró secamente.


Harry casi podía sentir la sardónica sonrisa adornando el rostro del hombre.


—Es precisamente lo que estaba por preguntarle a usted. Dudo que acostumbre a visitar tumbas… menos aún la de mis padres —se volvió con lentitud, sintiendo alivio al no ser presionado de nuevo por la varita.


Efectivamente, justo frente a él se encontraba la misma figura que divisara minutos atrás. Cubierto en gruesas capas de ropa, vislumbró pálidas manos emerger de entre los pliegues hasta alzarse a la capucha, dejándola caer hacia atrás para que el rostro de Severus Snape se mostrara ante él. Contuvo el aliento al volver a ser testigo del desafío que mostraban aquellos ojos negros.


—¿Qué pasa? Parece como si hubiera visto un fantasma —bufó sarcásticamente Snape.


—Entonces… es cierto —balbuceó incrédulo sin dejar de ver el rostro—. Está vivo.


—Por supuesto que estoy vivo, Potter. Y por sus palabras, presiento que no es el único que lo espera —miró a su alrededor con sospecha, optando por colocarse de nuevo la capucha.


—¿Qué…?


—Sosténgase de mi brazo… —fue lo único que dijo el hombre antes de accionar un pequeño botón que sacó de su abrigo y dejar que el mundo girara sobre sus cabezas en un revoltijo de oscuros colores y destellos.




Fue consciente del cambio de lugar cuando cayó sobre su trasero. Abrió un ojo con lentitud y vio la borrosa silueta de Snape caminar lejos de él. Parpadeó un par de veces y acomodó sus lentes.


—¿No piensa levantarse?


La voz del hombre sonó distante a oídos de Harry, pero atendió a la orden y se puso de pie con más rapidez de la que hubiera querido. La habitación era relativamente pequeña; un par de sillones de tapiz gris estaban colocados frente a una chimenea que era encendida por Snape. Una mesa de madera pegada a la pared y, al girar su vista hacia atrás, divisó unas estrechas escaleras que parecían conducir a un segundo piso.


>>—No puedo creer cómo después de todo lo que ha pasado, sigue apareciendo en mi camino —un imperceptible suspiro salió de sus labios.


—Tampoco es que haya pedido encontrarlo frente a la tumba de mis padres esta noche, Snape —murmuró con indignación, cruzándose de brazos.


El silencio cayó en la habitación por unos instantes, tan sólo escuchándose el crujir de la chimenea. Severus miró con atención las llamas, pensando en lo que podría hacer para salvaguardar su paradero. Era muy riesgoso que alguien como Potter supiera que no había muerto por la mordedura de Nagini; si se llegara a saber, lo buscarían para encarcelarlo en Azkaban de por vida. Aunque, viendo eso desde otro punto de vista, no era tan malo. Si permanecía en Azkaban, dejaría de lado la preocupación de ser descubierto por otros Mortífagos, si había aún alguno suelto. Pero no, lo que realmente deseaba era desaparecer del mundo mágico para siempre y comenzar desde cero, en un lugar donde nadie lo conociera. Aún era joven, quería rehacer su vida como persona… seguro que así lo hubiera querido Albus.


¿Por qué no evitó encontrarse con Potter en el cementerio haciéndole creer que había sido producto de su imaginación cuando le viera? ¿Para qué mostrarse ante él?


Apenas tentaba la idea de lanzarle un Obliviate cuando la voz del muchacho le regresó a la realidad.


—¿Dónde estamos? —preguntó, curioseando por el lugar.


—No necesita saber eso, Potter —espetó, levantándose.


—¿Estamos en la Calle de la Hilandera? —se giró hacia él, observando su cabello liso. No lo recordaba tan largo.


—No, y no le pienso decir dónde. Si hay quienes creen que sigo vivo, mi antigua casa sería blanco fácil para hacer indagaciones, tuve que buscar otro lado —acercándose a un pequeño mueble, sacó una botella de whisky a medio llenar y bebió directamente de ella.


Sin pedir permiso, Harry se dejó caer en uno de los sillones, siendo seguido un segundo después por Severus, quien tomó asiento más civilizadamente en el sillón que quedaba.


—Es normal que haya personas que piensen que sigue vivo. Al terminar la batalla, algunos Aurores fueron a la Casa de los Gritos y no encontraron su cuerpo, lo cual levantó bastante polémica —comenzó Harry, pero pronto notó que le era difícil formar frases mientras veía que el hombre acercaba su boca a la botella, dando pequeños tragos y dejando sus delgados labios húmedos del líquido ámbar. Quedó prendado de la imagen. Snape parecía tranquilo, era como si estuviera con un amigo de la infancia y no con uno de los alumnos que más problemas le había dado durante su época de docencia. Un estremecimiento le embargó.


—¿Ve algo que le guste, Potter? Si sigue mirándome así, creeré que quiere follar conmigo —comentó Snape, sonriendo sardónicamente al ver que el muchacho se sonrojaba.


Tratando de disimular su bochorno, bajó el rostro mientras sus manos removían entre los bolsillos de su túnica, sacando un pequeño frasco de cristal a través del cual podía verse un contenido plateado y líquido. Los negros ojos se enfocaron en el vial, perdiéndose en lo llamativo de su contenido durante unos segundos antes de volver a enfocarse en el rostro de Harry.


>>—¿Qué pretende con eso? —Snape se irguió en su lugar, alzando una ceja.


—Quería devolverle los recuerdos que… —se detuvo, no sabiendo si decir “amablemente” fuera la palabra correcta. Tragó saliva antes de continuar—… que tuvo la cortesía de prestarme aquel día cuando…


—Sé a qué maldito día se está refiriendo, Potter —un destello de furia atravesó el negro de la mirada—. Y tenga por seguro que cualquier cosa que haga por, para y debido a usted, no será por “cortesía”. Aquello fue necesidad.


Harry mordió su labio inferior cuando notó la mirada perdida de Snape, quien no tardó en darle otro trago a la botella. Su entrecejo se frunció al notar una venda rodeando el cuello de su antiguo profesor. No creyó que después del tiempo que había pasado desde la guerra, aún pudiera tener alguna lesión física. Pero recordó que no había sufrido una herida cualquiera… había sido mordido por Nagini, la rastrera compañera de Voldemort.


Se levantó del sillón y se arrodilló frente a Snape, tocando con la yema de sus dedos la blanca tela que cubría la mordida. Ni bien hubo tocado la venda, su mano fue apartada bruscamente por el hombre.


—¿Qué demonios cree que hace, Potter? —murmuró peligrosamente bajo, mirando con furia al muchacho mientras rodeaba su cuello con la mano en una acción inconsciente de protección.


El frasco de cristal cayó sobre el regazo de Harry con un golpe sordo y resbaló de la tela hasta el piso, rodando. Ninguno de los dos pareció reparar en él.


—¿Es… es la mordedura de Nagini? —ignorando el desplante de rudeza de Snape, Harry abrió sus ojos en asombro y permaneció de rodillas sobre el suelo, frente al otro.


—Claro que es la mordedura, Potter. ¿Acaso cree que llevo el cuello vendado por mera diversión? —bufó, molesto—. Tuve que valerme de muchas pociones para sobrevivir a ella, pero no está curada completamente.


Sus ojos se desviaron entonces hacia el lado derecho de Harry y miró el vial. Por un momento, a Harry le pareció que el rostro de Snape se ensombrecía con tristeza.


>>—¿Para qué ha traído eso? ¿Lleva esa redoma cuando visita el cementerio?


—De hecho… sí —afirmó, recogiéndolo y extendiéndoselo al otro—. Antes, había estado pensando mucho en ello. Ahora, teniéndolo aquí… vivo, quiero decir… supongo que querrá…


—Jamás tuve la intención de recuperar esos recuerdos —interrumpió, adivinando la intención de Harry.


—Pero… —bajó la mirada un poco, centrándola sin querer en la entrepierna del hombre; no se podía percibir mucho entre tantas capas de tela, pero se lamió los labios mecánicamente al imaginarse lo que pudieran albergar esos pantalones. Tratando de enfocar su atención en Snape, hizo el esfuerzo de levantar la mirada antes de que el otro se diera cuenta de su escrutinio—. Yo quiero saber más de mi madre.


—¿No le bastaron los recuerdos que le di de ella? —estrechó los ojos, sintiendo un poco de furia. Sólo un poco, la mayor parte de sus emociones albergaba irritación.


Para Harry, no era que de verdad se desviviera por saber de su madre. Lily Potter había dado su vida para salvarle de la Maldición Imperdonable cuando apenas era un bebé, y realmente apreciaba muchísimo el sacrificio que ella y su padre hicieron en el pasado… pero eso no era todo para él. Quería a Snape. Deseaba estar con Severus Snape y se había maldecido a sí mismo cuando lo creyera muerto en la Casa de los Gritos. Lo había dejado allí, caído en el suelo manchado de sangre, sin agradecerle todo lo que el hombre había hecho por él en el pasado, sin decirle que después de ver sus recuerdos, había entendido mejor su desempeño en la guerra, su papel como espía… sin decirle que no lo odiaba.


Tenía que encontrar una forma de no verse expulsado de la vida de Severus tan repentinamente.


—Le propongo un trato —dijo súbitamente.
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MensajeTema: Re: El Arreglo. NC-17 (one shot)   Miér Ago 05, 2009 3:05 pm

*

Snape no pudo evitar sentir que había algo escondido detrás de las palabras de Potter. Su agudo sentido de la intuición se lo decía, y éste nunca había fallado cuando se trataba de ese Gryffindor en especial.


—¿Un trato para qué? —dijo con desconfianza.


—Un trato entre nosotros dos. Usted me dará recuerdos de mi madre y a cambio le dejaré hacer conmigo lo que sea.


—¿Qué le hace suponer que ese trato me beneficiaría?


—Cuando digo que dejaré que haga conmigo lo que sea, me refiero a lo que sea. —murmuró, acercándose peligrosamente a Snape, recargando sus manos a cada lado del sofá.


Potter estaba jugando con fuego, y si no tenía cuidado, terminaría ardiendo hasta las cenizas. Severus estrechó los ojos, sopesando las posibilidades. ¿Humillaciones, bajezas, maltratos? ¿Qué era lo que podría esperar Potter de su parte?


—¿Está consciente de lo que ofrece, Potter? No, por supuesto que no lo está. Qué estúpido de mi parte pensar que sería diferente ahora que cuando era un mocoso rebelde —sonrió con burla, mirando la expresión del muchacho.


—Bien, digamos que no estoy sorprendido de encontrar que, a pesar de haber estado a punto de morir de una manera terrible, sigue siendo el mismo bastardo grasiento que conocí en Hogwarts. Vamos, sé que el trato será de su agrado. Apuesto a que no dejaría pasar la oportunidad de follar al Héroe del Mundo Mágico, ¿no, Snape? —susurró, dando un apretón a la entrepierna del hombre.


—¡Ya es suficiente! —Snape se levantó del sillón con rapidez para aferrar a Harry de los hombros y obligarlo a ponerse de pie también—. Sal de mi casa, maldito mocoso. No debí traerte en primer lugar.


—¿Y entonces por qué lo hizo? —le encaró, no queriendo salir tan repentinamente de la vida del hombre. Estaba vivo, lo había encontrado… y no se iría.


—Dije que te largaras, Potter —dijo agriamente. Caminó hasta la puerta y la abrió sin ceremonias.


—¡No!


—Potter… —siseó peligrosamente—. No lo volveré a repetir. Largo. De. Mi. Casa. ¡Ahora!


—Profesor, yo…


—Ya no soy profesor, Potter. Ni de usted ni de nadie —interrumpió con hastío.


—Sí, tiene razón —sonrió nerviosamente—. Snape… —intentó, esperando no volver a ser cortado tan bruscamente—. Por favor, señor.


Inexplicablemente, esa última palabra, y con ese tono suplicante, en labios de Potter había sido tan malditamente desconcertante y excitante a la vez, que no pudo evitar sentir un pinchazo de calor en su miembro. Observó hipnotizado cuando el muchacho caminó hacia él, cerrando la puerta para, un segundo después, atraparlo entre ella y su cuerpo, besándolo fieramente mientras una pierna se colaba entre las suyas. ¿Acaso pensaba Potter…?


Tomándolo por los brazos, Snape lo arrastró hasta el piso superior, no importándole si el otro tropezaba o se esforzaba por seguirle el paso. Entrando a una oscura habitación, lanzó a Harry sobre la cama, dejándolo aturdido por su comportamiento.


—Ya que lo pides tan desesperadamente, creo que podría haber un arreglo después de todo —escupió Snape, deshaciendo los botones de su camisa mientras miraba con malicia hacia Harry—. Espero que esto te quite la valentía de hacer bromitas con personas como yo, Potter. Haremos esto… con mis reglas.


Al segundo siguiente, Harry se vio recostado sobre su estómago, con sus manos inmovilizadas a cada lado de su cara y el peso del hombre sobre tu espalda.


—¿Q-Qué está haciendo? —un jadeo brotó de sus labios cuando sus pantalones fueron bruscamente desprendidos de sus caderas hasta que estuvieron a la altura de sus tobillos. Podía sentir el ardor que dejaran las manos de Snape al quitarle la prenda y estaba seguro que su piel había quedado marcada.


—Follar. ¿No era lo que quería? Ahora cállese, Potter. Lo único que quiero oír de su boca son gritos, no palabras.


Sin ninguna clase de advertencia ni preparación, Harry se vio gritando contra la almohada al sentirse penetrado por primera vez. Sabía que no debía haber llevado a Snape a esos extremos porque el hombre haría hasta lo imposible para que se arrepintiera de volver a pedirle algo así. Pero tomada su decisión, nada ni nadie le harían regresar sobre sus pasos. No iba a salir de la vida de su antiguo profesor.




Había sido la primera de varias sesiones de sexo. ¿Sentía arrepentimiento? No. Si para estar con Snape unas pocas horas tenía que someterse a su trato, lo haría. Severus no era brusco, más bien demasiado impetuoso… ¿Apasionado, quizá? O era simplemente que su lado masoquista estaba dominando sobre su razón. Lo que fuera que el hombre estuviera haciendo durante los momentos de cama, Harry sentía que valía la pena esperar la siguiente semana para repetir la experiencia. Aunque al final quedara destrozado en su interior. Con Snape nada era fácil, lo supo desde el primer momento que lo conociera y estaba dispuesto a correr el riesgo.


¿Y qué importaba el lugar? Cuando el hombre iba a su casa en el Valle de Godric a la reunión semanal y terminaba el despliegue de recuerdos de Lily, procedía a follarle contra la mesa, pegado a la pared, en la cama… como esa noche.


Se aferró con fuerza a las sábanas entre sus dedos, hundiendo todavía más su acalorado rostro en la almohada mientras sentía el dolor de su mandíbula al apretar excesivamente los dientes. El ardor que carcomía su cuerpo era soportable, pero no por ello dejaba de ser incómodo. Recordaba que después de cada sesión, terminaba tan adolorido que le costaba cada vez más trabajo levantarse de la cama por las mañanas… pero comenzaba a creer que esa falta de fuerza y voluntad tenía un origen diferente al sexo.


Una poderosa embestida le robó el aliento y un gruñido bajo, como el de un animal al enseñar sus dientes, se escuchó al lado de su oído mientras un peso muerto caía sobre su espalda. Lo sentía sudoroso contra él e igualmente agitado por el esfuerzo realizado, percibiendo aún de espaldas el movimiento de su pecho al tratar de recuperar el aire para sus pulmones. Snape yacía sobre él con su rostro recargado sobre su hombro, dejando escapar las cálidas bocanadas de aire directo contra su oreja, dejándole escuchar los pequeños sonidos que hacía en el proceso.


Sabía que era como un sueño. Pero no como esos que te dejan una sonrisa tonta al despertar, tampoco como uno que te hace llorar por lo horrendo de sus imágenes. Simplemente un sueño. Increíble. Irreal. Igual que el enigma que siempre parecía envolver a una persona como Severus Snape.


Cerró los ojos, recordando las condiciones en las que había quedado el cuerpo inerte de Snape dentro de la Casa de los Gritos.


Después de haber colocado los plateados rastros flotantes que eran las memorias de Snape dentro del vial, había sido testigo de la rapidez con la que la vida abandonaba aquellos profundos ojos. O eso había creído. Los largos dedos de su profesor se habían aferrado con sus últimas fuerzas a la solapa de su camisa, obligándole a mantener su atención en él, sus verdes ojos en los negros moribundos. El brillo de desesperación se había apagado mientras los párpados caían lentamente por, lo que él pensó, sería la última vez.


Por un largo momento, su mirada había quedado enfocada en Snape, inmóvil sobre el sucio suelo de aquella choza. Recordaba el rojo de la sangre contra la polvorienta madera, manando desde el blanco cuello desgarrado por los colmillos de Nagini, la serpiente de Voldemort. La parte racional de su cerebro le gritaba incansablemente que ésa sería la última vez que vería al profesor, a la persona que por seis años le había hecho miserable la existencia en Hogwarts, quien siempre había tenido en su lengua un comentario despectivo para darle, unas palabras filosas para herirle. Jamás volvería a ver a Severus Snape.


Y se había levantado entonces, guardando el frasco de memorias en su bolsillo para después salir a enfrentar su destino, abandonando la Casa de los Gritos sin voltear a ver el cadáver de Snape una vez más.


Sólo que… ése mismo cuerpo estaba ahora sobre él, cubierto de transpiración, jadeante… vivo.


—Potter…


Abrió los ojos en cuanto escuchó su apellido susurrado con el mismo tono desdeñoso de antaño, haciéndole estremecer como si todavía fuera un niño de once años. Tragó el impulso que tuvo de reírse de sí mismo ante esa revelación, pues le parecía extraordinario que a sus casi dieciocho años todavía pudiera seguir sintiendo temor ante Snape.


Pronto el aire frío de la noche golpeó contra su espalda cuando el otro se levantara, comenzando a vestirse tan rápido como estuvo de pie en la oscura habitación. Harry escuchó el sonido de la ropa, sabiendo que pronto se quedaría solo entre las paredes de esa vieja y enorme casa, perdida en algún lugar en los bosques de Gran Bretaña. Solo hasta la siguiente sesión.


—¿Es que piensas quedarte ahí tirado, Potter? —Snape se giró hacia el chico mientras sus manos terminaban de abotonar su camisa.


—¿Qué sentido tiene que me levante? Pasan de las dos de la madrugada y lo normal es que duerma —explicó con monotonía.


El hombre bufó ante la simplicidad de la respuesta. Tomó la túnica que estaba cuidadosamente doblada sobre una de las sillas y se la colocó sobre los hombros, viendo de reojo al joven, quien seguía sin moverse de su posición bocabajo sobre el colchón.


—Realmente no me importa si te quedas así toda la noche o toda la vida, pero quita las barreras que tienes alrededor de la casa para que pueda desaparecerme; tengo las mismas ansias de caminar hasta mi casa como de quedarme aquí.


Ah, tan honesto como siempre… y mordaz.


No cabía duda de que era Snape quien estaba en su cuarto, y quien le acababa de joder como nunca antes lo habían hecho. Tampoco era que hubiera tenido polvos frecuentes en el pasado. Siendo sincero, jamás había estado con alguien antes que Snape, ni hombre ni mujer. ¿Qué pensaría su antiguo profesor si supiera que había tenido el honor de “desflorar” al Niño-Que-Vivió? Probablemente se burlaría mostrándole una de aquellas desdeñosas sonrisas y le haría saber que entendía ahora su falta de habilidad en el terreno sexual; todo acompañado de sarcasmos.


—¡Potter, no tengo tu tiempo! —gritó, haciendo sobresaltar al muchacho que torpemente trataba de levantarse del colchón.


—Maldita sea, Snape, no había necesidad de gritar.


—Disculpa mi brusquedad. Pero sé por experiencia que contigo el trato suave no funciona —soltó secamente.


Ignorando el comentario, Harry cerró sus ojos y concentró parte de su magia para suprimir las barreras de seguridad que rodeaban la casa, permitiendo así que el otro pudiera salir.


>>—Si fueras una décima parte de rápido con tu mente de lo que eres con tus hormonas, sería un gran alivio para todos —siseó con enojo, saliendo por la puerta de la habitación y azotándola a sus espaldas, dejando perplejo al ojiverde.


Harry suspiró cansadamente mientras tomaba asiento sobre la cama, colocando el rostro entre sus manos mientras trataba de calmar sus nervios. ¿Por qué seguía haciendo aquello? No tenía ninguna necesidad de seguir con aquella charada, de seguir siendo humillado por Snape de formas tan bajas como las que él le había permitido usar. El hombre sabía aprovechar muy bien el poder que le había otorgado con el arreglo, y no se medía en sus peticiones.


Dejándose caer sobre la cama, miró fijamente el techo de la habitación pero sin prestar demasiada atención en ello, después de todo sin sus lentes no había mucho que pudiera distinguir entre aquella pesada oscuridad. Cerró los ojos deseando quedarse profundamente dormido; se sentía cansado y todo el cuerpo le dolía, incluyendo sus piernas y su trasero… sobre todo su trasero.


¿Qué pensaría el hombre si supiera que más que por los recuerdos, lo que realmente anhelaba cada semana eran sus manos sobre su cuerpo? Tener la pálida silueta sobre él, empujando con vigor con cada embestida, que su aliento masculino golpeara contra su rostro mientras él sólo deseaba que esa boca bajara hasta la de él y le devorara como una serpiente frente a su presa. Pero eso nunca sucedía. Podía pedirle muchas cosas en la cama, pero nunca le besaba.


Seguramente Snape no tendría reparo en maldecirle si Harry intentara robarle un beso.


Sin embargo, no había dejado de notar que Snape ya no lo trataba tan cortantemente como la primera vez. Seguía siendo un cabronazo, eso tal vez nunca se le quitaría, pero cuando le daba la espalda, sentía en su nuca la penetrante mirada negra, haciéndole estremecer de pies a cabeza. En ocasiones, cuando giraba imprevistamente hacia el hombre, lograba captar durante un segundo su mirada en él; pero esos ojos ya no mostraban odio o repugnancia. Y eso lo confundía.


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MensajeTema: Re: El Arreglo. NC-17 (one shot)   Miér Ago 05, 2009 3:08 pm

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Una semana después, más precisamente el jueves, Harry aguardó la llegada de Snape sentado frente a la ventana, casi esperando verlo aparecer a unos metros de su casa. Por acuerdo tácito, la hora de las sesiones solía ser a las ocho de la noche, por eso, Harry se extrañó cuando dieron las diez y no había señales del pelinegro en los alrededores. ¿Le habría pasado algo? Por desgracia, no conocía la ubicación de la residencia actual del antiguo profesor, lo cual le impedía salir a buscarlo por si necesitara su ayuda. Cuando se encontraran por primera vez, había llegado a casa de Snape a través del traslador y cuando saliera de allí, tan sólo había optado por desaparecer y aparecer de nuevo en su casa. El ojinegro nunca cedió en revelarle su lugar de estadía.


Odiaba cuando la única opción viable era esperar.


Dio un suspiro y se levantó del alfeizar, dándose por vencido y disponiéndose a irse a descansar. Sin embargo, el golpe sordo que escuchó le hizo detenerse sobre sus pasos. Permaneció inmóvil hasta que volvió a escuchar ese mismo golpe acompañado de un pequeño arrastre que terminó por colapsar contra su puerta. Abrió la entrada y se encontró con Snape, quien respiraba agitadamente y le veía con el entrecejo fruncido en un rictus muy parecido al dolor.


—Potter…


—¿Se encuentra bien? Son casi…


—Al grano, muchacho —murmuró, entrando en la casa y quitándose su gruesa túnica.


Harry lo miró con preocupación pero decidió hacer caso y, después de cerrar la puerta, se acomodó al lado de Snape, ambos en el mismo sillón.


—Concéntrate… —cerró los ojos mientras ordenaba sus pensamientos para colocar en la superficie de su mente un recuerdo de Lily. Alargó su diestra y con la yema de sus dedos índice y medio tocó la frente de Potter.


Enfocando su magia en la mente y dedos de Snape, Harry cerró sus ojos y comenzó a ver las imágenes de su madre en el lago. Parecía que la pelirroja simplemente estaba de pie en la orilla, ajena al escrutinio que el joven Snape la estaba sometiendo. ¿La amaba tanto que incluso la miraba cuando la muchacha no era consciente de ello? Era como invadir su intimidad y eso a Harry no le agradó mucho. Pero decidió ignorar ese pequeño detalle por el momento y se concentró en el recuerdo. Sin embargo, antes de que supiera lo que estaba pasando, otras imágenes más se desplegaron en su mente.


—El lord nos quiere de regreso en una hora, no se retrasen o ya saben lo que sucederá— habló un hombre encapuchado con máscara de calavera. Un mortífago.


—Malfoy y Avery deberán ir al Callejón Knocturn— comunicaba otro hombre enmascarado—, Snape irá a Diagon en busca de los ingredientes que el lord ha encargado. Los demás, vendrán conmigo.


Al instante, todos se pusieron en marcha al igual que Snape. Estaba nervioso, era la primera misión que se le encargaba como mortífago y no podía dejar de tocar su varita bajo la túnica ante la posibilidad de ser atacado en cualquier momento. Tenía miedo. No a morir, pues antes de darle a su enemigo la satisfacción de verlo caer, ejecutaría sus mejores maldiciones y daría batalla; estaba preparado para morir… pero no para matar. No completamente.


Llegó a una tienda del Callejón Diagon más que conocida para él, allí solían adquirirse ingredientes para pociones de muy buena calidad. Si lograba llevar algunos de ellos ante Voldemort, seguramente sería altamente recompensado.


Miró a su alrededor antes de burlar la cerradura de la puerta con uno de sus hechizos de magia oscura. Podía percibir sombras moverse sigilosamente entre los callejones y callejas de Diagon y más allá, y debía darse prisa por si se presentaba algún imprevisto y se viera en la necesidad de huir rápidamente.


Al entrar, cerró la puerta silenciosamente y se despojó de su máscara dejándola sobre el mostrador. Con ayuda de su varita alumbró tenuemente la tienda, observando embelesado la enorme cantidad de frascos colocados sobre las estanterías y aparadores. Sacó una pequeña caja de entre sus túnicas y la abrió para comenzar a llenarla con minuciosidad de ingredientes para pociones.


Un estruendo le hizo sobresaltarse y dejar caer un vial con cabellos de unicornio, quebrándose al contacto con el suelo. Inconscientemente, Severus se llevó la mano al pecho, sintiendo con nerviosismo los fuertes golpes de su corazón. Miró por la ventana destellos de luces y supo que los Aurores los estaban emboscando. Se apresuró a colocar cuantos frascos pudo dentro de la caja, cerrándola con hechizos antes de guardarla.


—¡¿Quién está ahí?!— escuchó una voz masculina.


Un sudor frío comenzó a bajar por la frente de Severus mientras alzaba su varita en posición de ataque hacia el hombre que salía de la trastienda también con varita en mano.


—¡Deténgase o le mataré!— gritó Snape, tratando de ocultar el temblor de su voz.


—Maldito mortífago— el hombre, quien parecía tener alrededor de setenta años, soltó su varita sobre el mostrador.


—Dese la vuelta y no regrese a ver mientras…


Una poderosa explosión cercana hizo estremecer las paredes y varios frascos se quebraron por la magia desplegada, esparciendo su contenido por toda la tienda. Snape se tambaleó y apenas logró mantenerse en pie al sostenerse de una de las estanterías, cortándose los dedos con los vidrios. Por el rabillo del ojo logró captar el instante en que el anciano cogía su varita y le apuntaba con la intención de hechizarle. Moviéndose con mayor rapidez, Severus apuntó en un instinto de protección y lanzó una maldición que provocó que sendos chorros de sangre salieran del cuerpo del hombre a través de enormes cortes en su cuerpo, haciéndole gritar y retorcerse en el suelo.


El joven Severus se dejó caer en el suelo, mirando aterrado la forma en la que el cuerpo se movía con frenesí mientras el pobre viejo gemía con dolor, sintiendo que las palabras taladraban su cerebro sin cesar.


—¡B-Bastardo!— rugió en agonía y sufrimiento, luchando por no ahogarse con su propia sangre—. ¡Maldito mortífago!


El olor del rojo líquido inundó la nariz de Snape y sintió unas inmensas ganas de vomitar, por lo que se inclinó hacia un lado y vació su estómago en grandes arcadas que le robaron el aliento. Temblaba sin control; sus hombros, sus manos, sus piernas… todo su cuerpo. Un nudo en la garganta le impidió hablar mientras seguía escuchando lejanamente los lamentos del hombre.


Quería salir de ahí, quería abandonar aquel sitio y refugiarse en la oscuridad.


Aún temblando, sintió su rostro llenarse de lágrimas que no pudo contener y se abrazó a sí mismo, gritando con todo lo que le dieron sus pulmones. Un anciano había sido su primera víctima como Mortífago.


Quería morir.




—¡BASTA!


Harry se sintió impulsado hacia el suelo debido a una explosión de magia, lastimándose la espalda al caer. Abrió los ojos cuando escuchó un tenue gemido de dolor. Alzando la vista, miró a Snape arrodillado frente al sillón y sosteniéndose la venda del cuello como si estuviera ahogándole.


—¡Severus!


Llegó hasta él rápidamente y trató de ayudarle a ponerse de pie para acomodarlo nuevamente sobre el sillón.


—¡Déjame, Potter! —gruñó débilmente, tratando de alejar las manos del muchacho pero fallando debido al dolor que la herida de Nagini ejercía sobre su cuerpo en ese momento.


—Por favor, señor… —haciendo su mayor esfuerzo para no dejarse intimidar por la dura mirada de Snape, logró finalmente dejarlo sentado.


Las pálidas manos se encontraban cerradas sobre la venda, la cual comenzó a mostrar manchas rojas. Sangre. Harry se mordió el labio inferior sin saber muy bien lo que tenía que hacer en esa situación, tan sólo miraba al hombre jadear por aire mientras su rostro se cubría de una ligera capa de sudor.


—Señor… Severus… Déjeme ayudarle con la herida, por favor —un gruñido fue la respuesta que recibió.


Tomando una decisión, condujo al mayor cuidadosamente hasta que llegaron a su recámara y lo acostó en la cama. Con manos temblorosas, Harry desabotonó la camisa de Snape y la desprendió del transpirado cuerpo hasta botarla en una silla cercana. Cuando se disponía a quitar la venda, el otro le sostuvo la mano para atraer su atención.


—En mi abrigo… —dijo con dificultad. Tal vez el dolor era mayor del que parecía demostrar—. Hay dos pociones que debes traer.


Asintiendo, Harry se apresuró a cumplir con el mandato y se vio de regreso en la habitación en cuestión de segundos, colocando ambos frascos sobre la mesita de noche. Sintió la mirada de Snape y alzó el rostro, notando desconcierto en los negros ojos. Trató de sonreír buscando inspirar confianza y tranquilidad en el hombre, pero sólo consiguió un suspiro de resignación de su parte. Bien, tal vez se debiera a que Snape no tenía otra elección que dejarlo curar su herida.


—Primero me haré cargo de la venda, señor —indicó, quitando el pequeño broche que la mantenía cerrada y comenzando a desenredarla del delgado cuello, jadeando con sorpresa ante el impacto de la imagen que le recibió.


Rasgando la piel, había dos heridas que a simple vista no parecerían de mucha seriedad, sin embargo, Harry sabía que el mortal daño que pudiera dejar la mordida de una serpiente como Nagini no residía en el tamaño de la perforación de sus colmillos, sino en la cantidad de veneno que arraigaba en su víctima. Los orificios estaban irritados, pues a su alrededor la piel se mostraba roja e hinchada.


>>—¿Ahora qué debo hacer? —se encontró diciendo, mirando el adolorido rostro de Severus.


—En un paño limpio tienes que vaciar un poco de la poción del frasco amarillo y desinfectar la herida, después deberás untar la poción del frasco blanco sobre las perforaciones —explicó entre respiraciones.


Tal como se le dijo, Harry comenzó la labor, teniendo extremo cuidado en no lastimar más de lo necesario, sin embargo, los nervios le volvían a invadir cada vez que Snape soltaba una exhalación. Después de desinfectar la herida, se dispuso a distribuir la crema del frasco blanco sobre las marcas que dejara la mordedura. Harry miraba a Severus apretar la mandíbula de vez en cuando, y parecía ser que el antiguo profesor no se daba cuenta que una de sus manos aferraba apretadamente su brazo. Minutos después de haber iniciado, el ojiverde se encontró rodeando el cuello con vendas limpias y recostando con gentileza la cabeza de Snape sobre la almohada, escuchándolo soltar un suspiro de alivio ante los efectos de la curación.


—¿Se encuentra mejor?


—Sí… —expresó, mirando incrédulo mientras el joven hacía desaparecer las vendas sucias—. Supongo que debo decir… gracias —no creyó jamás en su vida decirle tales palabras a alguien, menos aún a un Potter.


—No se preocupe, sólo hice lo que podía, no le iba a dejar morir de dolor —sonrió con nerviosismo. ¿Seguiría siendo mortal la mordida o sólo eran ataques de dolor incurables?—. Estoy seguro de que habría hecho lo mismo por mí.


—Lo dudo.


Como si de repente recordara, Harry alzó su mirada hacia Severus.


—Hace unos momentos, mientras veía los recuerdos de mi madre… —el hombre estrechó sus ojos—. ¿Era…?


—Sí… —susurró Snape al tiempo que acomodaba su cabeza contra la almohada—. Fue mi primer asesinato. ¿Irónico, no? Que el primer hombre que matara fuera un anciano al igual que el último.


—Usted no asesinó a Dumbledore.


—Si apuntar a alguien con la varita y lanzarle un Avada no es asesinar, entonces creo que debe reconsiderar el concepto.


Por enésima vez en ese día, Harry se mordió el labio en signo inequívoco de nerviosismo, debatiéndose entre preguntar o resistirse a la curiosidad. Había quedado tan sorprendido y abrumado por el repentino ataque de dolor de Severus, que las preguntas que tenía acerca del recuerdo habían terminado por volar de su mente… hasta ahora. Sonrió con tristeza cuando los ojos de Snape se cerraron con cansancio, respirando tranquilamente al quedarse dormido. Acomodó el cobertor sobre su cuerpo y él tomó asiento en el sillón al lado de la cama, mirando el subir y bajar de su pecho.


¿Qué habría hecho que Snape perdiera la concentración cuando apenas comenzaban la sesión? Había llegado tarde a la cita y, además, se le veía cansado y débil, como si estuviera luchando contra una dolencia física. ¿Será que la herida de su cuello ya le estuviera aquejando desde antes de llegar? Podría ser muy posible por las condiciones de su llegada. Pero, si era así, ¿por qué había asistido? Siendo quien era, a Snape no le hubiera costado nada ignorar el arreglo y quedarse en su casa a descansar. Entonces, ¿por qué había atendido a la cita?


*
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MensajeTema: Re: El Arreglo. NC-17 (one shot)   Miér Ago 05, 2009 3:11 pm

*

Cuando Severus volvió a abrir los ojos, la habitación se encontraba más iluminada debido a los rayos de sol que se filtraba por las ventanas. Llevó una de sus manos al cuello, notando la ausencia del dolor o la incomodidad que usualmente le molestaba cuando se despertaba en su casa, obligándolo a curarse él mismo sin más ayuda que un pedazo de espejo que tenía colocado en su baño para poder guiarse lo mejor posible. Quiso levantarse, pero al girar el rostro divisó a Harry sentado en una extraña posición sobre el sillón que le había servido de cama durante la noche; seguramente, cuando despertara tendría un terrible dolor de cuello y espalda. Frunció el cejo, perturbado por la situación. ¿Por qué le había dejado quedarse? Desde que lo encontrara en el cementerio aquella noche, se había comportado como un jodido bastardo, igual que en los años de escuela de Potter, y aún así, el muchacho había tenido la amabilidad de ayudarlo con la mordedura y le había cedido su lugar en la cama.


Era tan bizarro como fascinante. No recordaba que nunca antes alguien le ayudara de manera desinteresada, sólo buscando su bienestar sin esperar algo a cambio. Dentro de Hogwarts había conocido la camaradería de sus colegas profesores, todos teniendo en mente el objetivo de mantener a salvo a los alumnos año con año, luchando contra la maldad constantemente. Albus, más que su empleador, había sido un mentor que le guiaba en el camino, aconsejándole en la forma de pelear contra el mal que le carcomía por dentro, dándole palabras de aliento cuando regresaba destrozado de las misiones de espionaje. Había sido como un padre, como el padre que no había tenido. Pero incluso Dumbledore esperó algo a cambio de su protección.


Con Potter todo era completamente diferente. Siendo el hijo de James Potter, por el simple hecho de llegar a Hogwarts, el niño se había convertido en el blanco de sus sarcasmos e injusticias, a pesar de que él estaba allí para cuidarlo. Y demostrando que era un Gryffindor hasta la médula, el muchacho había aprendido a regresar sus sarcasmos y comentarios hirientes, sin amedrentarse de sus miradas. Durante años, habían mantenido una relación de estira y afloja, en el que cada uno le demostraba abiertamente al otro su desagrado. Entonces, ¿por qué?


—¿Necesita algo?


La voz de Harry lo regresó a la realidad con un pequeño sobresalto. Los verdes ojos estaban llenos de preocupación, temor y… cansancio.


—No debiste dormir en el sillón, tendrás dolores en el cuerpo durante todo el día —respondió, evadiendo deliberadamente la pregunta.


—Dudo mucho que eso pueda compararse a lo que sufrió ayer —cautelosamente, tomó asiento sobre la cama, quedando a corta distancia del hombre—. Seguro que se pregunta por qué hago esto.


¿Potter había aprendido Legeremancia o simplemente su rostro mostraba más de lo que quería? Eso último le asustó.


—¿Más recuerdos de su madre, tal vez? —siseó.


—No, no es por eso. Ya tengo suficientes memorias de ella, de hecho… no es por mi madre que hice el trato.


Con la pregunta en el rostro, Severus miró el rostro juvenil, esperando.


>>—Es… complicado. Y probablemente cuando lo sepa, querrá salir de aquí de inmediato —sonrió.


—Vamos, Potter. Enfrentó a Voldemort, no puede ser peor que eso.


—Puede que no, pero dicen que uno suele complicarse su propia vida, tanto así, que terminan colocándose la soga al cuello.


Snape arqueó una ceja, no entendiendo muy bien el sentido de las palabras hasta que vio al muchacho inclinarse hasta él.


—Potter… —se quedó petrificado al sentir los labios de Harry sobre los suyos, probándolo de forma tan dulce que se estremeció inevitablemente.


Colocando ambas manos a cada lado de la almohada, Harry profundizó el beso con gentileza, deslizando su lengua dentro de la boca que jadeó con sorpresa, probando el sabor de Snape por primera vez. A pesar de que llevaban semanas teniendo sexo, nunca tuvo la oportunidad ni el privilegio de ser el destinatario de un beso del hombre, quien en una ocasión le había aclarado que los besos eran para los enamorados.


—Sólo se besa cuando se ama, Potter. Nosotros solamente follamos cada semana.


Separándose lentamente, miró el tranquilo rostro de Severus, quien había cerrado los ojos en algún momento durante el beso. Se veía demasiado tranquilo teniendo en cuenta que acababa de besarlo.


—¿Por qué haces esto? —murmuró Snape sin abrir sus ónices.


—Creí que estaba claro.


—No debes… no es una relación que te convenga.


—Nunca tenté la idea de que fuera fácil… pero aún así quiero intentarlo —tomó un mechón de cabello y lo colocó tras la oreja, logrando por fin que los ojos se enfocaran en él—. Sólo quiero estar contigo sin un trato de por medio.


—¿Por qué? —susurró casi con temor.


—Porque me importas, Severus.


—No lo hagas… —se acostó de lado, jalando las sábanas para cubrirse hasta el cuello—. No tiene caso que te preocupes así por alguien como yo. ¿Ya olvidaste el recuerdo que viste ayer? Soy un asesino, Potter.


—¿Y yo no lo soy? Eres más testarudo de lo que creí si crees que por eso te dejaré. Severus… —recostó su rostro contra el hombro de Snape, cerrando sus brazos en torno a la temblorosa figura y respirando en su cuello—. Por favor…


—No sabes lo que pides —le llegó la amortiguada contestación—. No me conoces.


—Te conozco lo suficiente —rebatió, apretando ligeramente su abrazo—. Por favor…


—Potter… —con lentitud, giró su cuerpo y antes de que pudiera decir algo más, se vio atacado nuevamente por la boca del joven.


No tenía caso negarlo. Incluso él había reparado en el paulatino cambio que había surgido entre ellos dos a lo largo de las semanas, compartiendo apenas unas pocas horas entre los recuerdos y el sexo. Pero poco a poco había dejado de lanzar miradas fieras y palabras mordaces hacia Harry. A veces, simplemente le contemplaba. Y le gustaba verlo así.


Además, la mordedura de Nagini tendía a dolerle cuando el clima era frío, o cuando sufría demasiado estrés. Había ocasiones en las que el dolor duraba horas aún después de la curación, lo que le hacía desear haber muerto en el charco de su propia sangre aquella noche. Aún ahora, podría morir si su mente se quebraba ante el dolor, nada le impedía llevar su varita a la sien, o cualquier objeto punzante y clavarlo en su cuerpo…


Entonces, ¿por qué no aceptar ese pedazo de cielo que se le ofrecía? Por el tiempo que Potter quisiera conservarle, sería feliz.


Relajó su cuerpo y llevó sus manos a los costados de Harry, acariciándolo por encima de su gastada camisa, logrando sacarle un sorprendido jadeo.


—Severus…


Girando sus cuerpos, dejó a Potter recostado sobre su espalda, lanzándose contra su cuello mientras sus dedos le desprendían de la camisa y la arrojaban al suelo. Aspiró el aroma de su shampoo, lamiendo el lóbulo de la oreja hasta sujetarlo entre sus dientes, jalándolo suavemente mientras se deleitaba en los gemidos del otro. Antes, cuando tenían las sesiones de sexo, había logrado percibir ése mismo olor a cítricos y algo más que era distintivo de Harry, y era hasta ese momento que se daba el lujo de poder disfrutarlo a plenitud.


Sintió manos que le despojaron de su ropa, por lo que no queriendo quedarse atrás, aprovechó también para desnudar al muchacho. En poco tiempo ambos quedaron desnudos sobre las sábanas, acariciando tanta piel como sus manos podían alcanzar, conociendo formas y tocando texturas que eran nuevas para los dos a pesar de haber tenido sexo con anterioridad. No podía compararse con lo experimentado en el pasado. Los escalofríos que subían por su espalda le hacían sentir que explotaría en cualquier momento ante el remolino de sensaciones en el que se hundía con lentitud.


Trazó un húmedo sendero a lo largo del estómago de Harry, besando la piel que cubría sus costillas, provocándole una risa y después un gemido cuando llegó al vientre. Miró hacia su rostro antes de introducir su lengua en el ombligo, utilizando sus dientes para jalar el borde con cuidado. Unos dedos se enredaron en su cabello, apurándolo en su camino hacia el sur al tiempo que las caderas se alzaban para obtener más contacto con su pecaminosa boca. Al llegar a la entrepierna, hundió su nariz entre los vellos, aspirando profundamente la esencia que rodeaba el lugar antes de engullir el miembro hasta donde le daba su mandíbula, subiendo y bajando rítmicamente su cabeza al succionar.


—¡Joder! ¡Severus! —arqueándose, intentó despegar sus caderas para acompañar los movimientos, pero las manos del hombre le aferraron con fuerza para impedírselo—. Por favor…


—¿Por favor qué? —sonrió un segundo antes de reanudar su tarea.


—Quiero… correrme —jadeó, llevando su brazo hasta el rostro, gimiendo fuertemente cada vez que la lengua de Snape giraba sobre la punta de su miembro.


—Tranquilo, para todo hay tiempo.


Usando ambas manos, giró el cuerpo de Harry hasta dejarlo recostado sobre su estómago, alineando sus caderas con el trasero del chico de tal manera que su miembro acariciaba tentativamente la hendidura de las nalgas. Gimió inevitablemente cuando Harry alzó su trasero en clara invitación, estimulando así su sensible pene.


—¿Ansioso? —preguntó con diversión mientras colocaba su frente contra el hombro del joven.


—Sólo un poco —llevó su mano izquierda hasta el trasero de Snape, apretándolo contra su cuerpo para hacerlos gemir al mismo tiempo—. Y no soy el único.


Unos largos dedos se colocaron frente a su boca y Harry no dudó un instante en introducirlos en su boca, chupándolos avariciosamente y haciendo ruiditos húmedos que sólo lograban encender más la libido del mayor.


—Lo haces a propósito, mocoso del demonio —susurró contra la oreja, haciendo que la brusquedad de las palabras desapareciera al dejar besos sobre todo el largo del cuello.


Después de unos instantes, llevó sus empapados dedos hasta el trasero de Harry, comenzando a preparar la entrada que le recibiría. Sabía que en ocasiones pasadas, apenas se tomaba tiempo para preparar al muchacho de manera muy superficial, lo suficiente para hacer el dolor de la penetración soportable, lo cual no era de mucha ayuda puesto que Harry a veces lograba hacer sangrar su labio para evitar dar gritos de dolor. Pero ahora quería hacer las cosas bien.


Introdujo un segundo dedo y poco después eran tres los dígitos que se movían en el interior del cálido pasaje, estrechando cuidadosamente las paredes, buscando…


—¡Ah, demonios! —aferró las sábanas con fuerza cada vez que sentía que su próstata era acariciada y gimió sin inhibiciones esta vez, porque ya no tenía que esconder el deseo que brotara en su cuerpo desde la primera ocasión que estuviera en los brazos de Severus.


Pronto, los dedos fueron retirados para dar paso al palpitante miembro. Sin darse cuenta, Harry mordió la almohada esperando la primera arremetida, pero para su sorpresa no fue dolor lo que sintió, sino una deliciosa presión que iba abriéndole internamente, sacándole un largo gemido de deleite mientras Severus jadeaba ahogadamente arriba de él. Cuando todo el miembro estuvo dentro y sintió los testículos de Snape chocar contra su trasero, apretó sus músculos traviesamente, sonriendo por el profundo gemido que consiguiera del otro.


—Harry…


Era la primera vez que le llamaba por su nombre, y se escuchaba tan bien en sus labios que el muchacho deseó poder oír ese sonido por mucho tiempo más.


—Sí… —susurró, sintiendo comenzar las embestidas, primero con cautela y poco después con más fuerza.


Ayudándose de la cabecera de la cama, Severus se apoyó para mover sus caderas con más facilidad, mirando extasiado la blanca espalda retorcerse de placer bajo él, escuchando cada gemido que salía de Harry y de él mismo. Una embestida especialmente profunda logró sacarle al muchacho un gemido casi animal, nacido desde lo profundo de su pecho y Snape percibió los vellos de su nuca erizarse.


Los escalofríos comenzaron a aparecer en su cuerpo y supo que no tardaría en terminar, por lo que su mano derecha mantuvo el cuello de Harry contra la almohada mientras la izquierda serpenteaba hasta el hinchado miembro que clamaba por liberación. Bombeó al mismo ritmo que sus embestidas, gimiendo salvajemente cada vez que las paredes de Harry se cerraban en torno a su pene como si lo dejaran al filo del orgasmo pero sin dejarle caer en el vacío del placer.


—¡Severus! —gritó, arqueando su espalda hasta formar una media luna, gritando placenteramente su descarga.


Las sensaciones fueron demasiadas para Snape, gimió sonoramente cuando sintió la cálida esencia de Harry cubrir su mano al tiempo que se dejaba liberar en su interior. Se sintió mareado por la fuerza del orgasmo y se dejó caer sin reparos sobre el sudoroso cuerpo, jadeando pesadamente para llenar de oxígeno sus pulmones. De todas las veces en que habían tenido sexo, sin duda esa había sido la mejor de todas las experiencias y eso tal vez se debía a que no sentía que estuviera obligando a nadie. Se había comportado bruscamente antes, creyéndose burlado ante el arreglo que Harry le propusiera… pero ya no más.


Rodó al lado del muchacho, mirando su rostro sudoroso y sonriente, sintiéndose afortunado de tener un motivo que le ayudara a despertarse cada día de ahora en adelante, sin el temor que le agobiaba cada vez que pensaba que cuando muriera, lo último que pudiera ver fueran sus manos manchadas de sangre sosteniendo un cuchillo contra su cuerpo, muriéndose en soledad sin que nadie estuviera a su lado para llorarle.


No hubo palabras, pero aun así, Severus supo que el arreglo entre ambos había llegado a su fin para dar paso a un comienzo sin obligaciones hacia el otro, sin mentiras ni actuaciones. Simplemente ellos. Antes de caer dormido de cansancio, sintió los dedos de Harry acariciarle la mejilla mientras le besaba suavemente la frente.


Ya no tenía que temer.


FIN



*
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MensajeTema: Re: El Arreglo. NC-17 (one shot)   Mar Feb 02, 2010 7:17 pm

Que hermoso que te quedó; jamás se me hubiese ocurrido una trama así, por eso me pareció genial. Mis felicitaciones animando.
Ojalá yo pudiera escribir la mitad de bien de como escribes tú..
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MensajeTema: Re: El Arreglo. NC-17 (one shot)   Miér Feb 03, 2010 10:16 am

Hola Goldie!

Me alegra que te gustara. Fue todo un desafío escribir este fic porque se tenía que seguir el canon de los libros. Y yo, francamente, no me desenvuelvo muy bien cuando se tiene que seguir el canon.

Muchas gracias por leer, linda. Siempre es genial recibir tus opiniones. ^^

Besitos.
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MensajeTema: Re: El Arreglo. NC-17 (one shot)   Jue Jul 23, 2015 5:13 pm

Me encanto la historia, que bueno que Severus se permitió tocar ese pedacito de cielo que le regalaron y bueno Harry nada tonto hacer tratos con Severus, aunque al principio quería darle unos golpes a Sev por portarse así con Harry, lo bueno es que se dio cuenta de que Harry es su amor.
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MensajeTema: Re: El Arreglo. NC-17 (one shot)   Sáb Jul 25, 2015 5:09 pm

Decir que me encanto es quedarme corta.. >.< kyaaa de principio a fin no deje de tener mi boca abierta.... Excelente trama sensei ya me lo había leído pero nunca esta de mas voler a leerlo =)
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MensajeTema: Re: El Arreglo. NC-17 (one shot)   

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